Martín Guzmán dejó atrás el perfil del funcionario técnico de escritorio, que le valió de as de espadas para convertirse en súperministro en el Gabinete nacional luego de alinear a los bonistas extranjeros en el acuerdo de restructuración de la deuda externa privada y de haber encaminado a otro acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Hace un mes, fue el encargado de asfaltar el vínculo con los referentes de la economía real, que incluye de derecha a izquierda al empresariado nacional productivista. Desde Paolo Rocca hasta las pymes del conurbano bonaerense no dejó de escuchar planteos  sobre la necesidad de una salida de la crisis con la llegada de la pospandemia.

"Paolo lo respeto mucho a Guzmán como técnico, y creo que Guzmán lo respeta a Paolo como empresario. Ambos tienen una mirada pro mercado, en donde puede haber un sesgo de intervención más estatal por el lado de Martín, pero no hay una posición que no tengan acuerdo", afirmó entonces a BAE Negocios una fuente muy cercana al presidente y CEO del Grupo Techint.

Guzmán le había respondido en público el pedido de Rocca de aliviar la presión impositiva: "La Argentina no está en condiciones de experimentar una reducción de los ingresos fiscales porque la estabilidad fiscal es un activo para la estabilidad macroeconómica". Esa controversia, sin embargo, no alejó posiciones.

Pisando el conurbano

Muy lejos del tradicional rol del ministro de Economía en su despacho del palacio de Hacienda o en actos oficiales, Guzmán fue luego a una fábrica textil en San Martín. Allí armó una mesa con una docena de industriales que le plantearon problemáticas y reclamos.  Estuvo junto a su par de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, exintendente del distrito.

Lo cierto es que la combinación de una figura solvente en la gestión, con un feedback abierto con grandes empresarios y pymes, con mirada productivista y la carta de la "confianza" como refuerzo abrió el radar de las encuestas, que ya sondean a Guzmán aunque él piense más la clave electoral en función de la reactivación pospandemia que con una candidatura.

El traje que se puso entonces comienza ahora a ajustarse a su figura. El presidente Alberto Fernández le dio vía libre para avanzar otros dos casilleros al colocar a dos de sus funcionarios de confianza en puestos claver. Diego Bastourre tomará una silla del Banco Central que deja libre un hombre de Roberto Lavagna y Haroldo Montagú liderará el Consejo Económico y Social, pilar de los acuerdos con empresarios y sindicatos. Nada indica que sea el último paso.

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Ariel Maciel

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