Nuestra economía no crece desde julio de 2017, primero por la falta de estímulos, luego por la crisis financiera de 2018 y desde 2019, por la pandemia. Cuando una economía se estanca, las presiones aumentan porque todos los sectores quieren ser los menos perjudicados.  

En este contexto de presiones, la política es la que busca equilibrios. La política sirve para canalizar los reclamos y buscar equidad y justicia social. Si bien en estos momentos solo se puedn pensar políticas que sirvan para atender las urgencias, uno de los sectores más comprometidos fue el petróleo.

La Cámara de Entidades del Comercio de Hidrocarburos informó que “hubo una caída total de venta de combustibles de 19,7% respecto al volumen de 2019 , con una fuerte caía en las naftas, un 27,5%, y también del gasoil, aunque en menor medida: 12,5% ”. Y 2020 era el tercer año de caída consecutiva.

Por supuesto que el sector de biocombustibles sufrió la misma baja, pero las presiones de la cadena del petróleo (exploración, extracción, refinación, distribución) fueron muy fuertes para encontrar partes de mercado sobre las que podrían avanzar. 

En estos tiempos, el sector azucarero vio peligrar una de las grandes demandas del bioetanol, que es el corte de los combustibles. Quince años atrás se pensó en un régimen que permitiera la introducción de bioetanol y biodiesel en grandes proporciones en nuestro uso diario. Las tecnologías permitían entonces que cualquier vehículo pudiera aceptar estos combustibles. Y la sanción de la Ley 26.093 masificó el uso de estos combustibles que incluían una proporción importante de combustibles renovables, provenientes de la soja, del maíz o de la caña de azúcar.

El horizonte de esa ley, de 15 años, conseguiría estabilidad suficiente como para que nuevas empresas entraran en un mercado que se abría. La mayoría son pymes, y muchas de capital nacional, y varias, con tecnología también nacional y desarrollos propios.

Dos años atrás, presenté un proyecto pidiendo el aumento de los porcentajes de bioetanol en las naftas. Nadie podía prever esta pandemia que llega en el momento en que se vence el marco legal que rige la actividad. 

Pymes, precios y producción

En esta coyuntura nos fijamos como objetivos: primero, defender los puestos de trabajo del NOA ; en segundo lugar, dar certezas a las empresas con plazos amplios . Por último, que el mercado contara con regulación del Estado -como hasta ahora-, pero que a la vez siguiera siendo un mercado competitivo con pymes nacionales.

Nuestra exigencia fue que los trabajadores no pueden ser variable de ajuste, y eso fue lo que conseguimos. Los pisos de producción alcanzan para cubrir la demanda actual de bioetanol ya preservar las fuentes y los puestos de trabajo. 
Nuestros objetivos en la negociación los hemos cubierto, defendiendo el trabajo nacional, al emprendimiento nacional y dando condiciones para que el piso de rentabilidad y empleo se haya satisfecho para el sector de biocombustibles. 

Hemos trabajado intensamente para mostrar cuál es la realidad del sector y hemos logrado que la Secretaría de Energía avance con un cronograma de recomposición de precios, que fue una de las demandas del sector empresario y que, por ello, fue muy bien recibida. Así, con mejores precios y un nuevo horizonte de 15 años de estabilidad, contaremos con un sector más maduro y competitivo.


 
* Diputada nacional Frente de Todos - Jujuy