Desde muchas entidades empresarias y comerciales hemos dado sobradas pruebas de la experiencia y conocimiento acerca de cómo dinamizar con sustentabilidad la rueda de la economía, teniendo en cuenta a una pieza especial compuesta por el colectivo de pequeñas y medianas empresas.

En un escalón superior, el del compromiso político, es donde se combinan el conocimiento y la experiencia para que el mundo pyme se ponga en agenda de verdad, con la solidez que requiere un verdadero compromiso para la recuperación y el crecimiento de un sector vital de la economía. El compromiso político se debe asumir con mucha responsabilidad. Por eso nos duele cuando, de manera muy demagógica y frívola, se presentan supuestos especialistas que hablan sólo para cumplir, sin sentir realmente la necesidad de urgente recuperación.  

En muchos casos, hace falta la gran sustancia de la sensibilidad social para dar soluciones y devolver derechos a los hombres y mujeres del mundo de la producción. Con la sensación a flor de piel de que hay gente que sufre por la pérdida de su trabajo, y también quienes han perdido su sueño de independencia económica y mayor calidad de vida.

Resulta que muchos hablan de futuro, pero no muestran los distintos obstáculos que hay que sortear para volver a la cima. La de aquellas épocas previas a la gestión –de penosos resultados- de Mauricio Macri y a la actual de Alberto Fernández, quien decidió esconder bajo la alfombra al dramático universo configurado por miles de pymes en ruinas y cerrados por una pandemia y una excesiva y mal ejecutada cuarentena.

Muchos predicadores de la nada misma suelen exhibirse a diario como expertos. En realidad, nada tienen de “cultura pyme”, ni tienen la más remota idea de cuáles son las necesidades del sector. Seguramente no pasarían la prueba más sencilla de terminología básica empresaria. Y apelarán con desesperación al buscador “google”, a modo de botiquín intelectual de urgencias para salir del paso ante algún auditorio exigente.

Los y las representantes empresarios/as y comerciales estamos empapados de la cotidianeidad, de sus rutinas de obstáculos y sinsabores, donde sabemos que la improvisación se paga con un alto costo.  Por eso, los enunciados que parte de gente poco representativa o con escaso conocimiento deviene en un perjuicio evidente. En su pensamiento religioso, pero también en su legado político, Santo Tomás de Aquino ya nos alertaba sobre los cuidados a tomar sobre aquellos que se decían representantes, pero que carecían de tal condición. 

Sabemos que no hay alquimia ni palabras mágicas, pero también entendemos que la necesidad debe ser clara para luego comprender donde está el límite de lo soñado, no sólo de lo posible.

No nos equivocábamos allá por los momentos  más crudos del aislamiento cuando remarcaba la necesidad de consultar a trabajadores y empresarios sobre cómo garantizar los mismos niveles de producción y de actividad económica.  Desde ambos sectores podíamos asesorar de cómo hacer logística de transporte de cargas, movimiento de personal y demás cuestiones que hacen a la rutina diaria.

Eso no se hizo y si bien apoyamos la prioridad sanitaria, nos hubiera gustado contribuir a la amortiguación de una caída de la actividad económica que resultó histórica. Ahora todo esto resulta contrafáctico y tenemos que redoblar esfuerzos para lograr la mayor recuperación. O sea, que el desafío es mayor y se necesita una estrategia más profundizada. 

Somos las entidades representativas las que mejor pueden dar el contexto para otorgar prioridades y modos. Y así saber en qué medida hay que apretar el acelerador para una medida urgente y en cual nos debemos una reflexión para plantear nuevas estrategias y planificar adecuadamente.

La matriz de propuestas viene siendo clara de nuestra parte y pasa por la simplificación, la reducción y la equidad impositiva, el mayor blanqueo posible de la economía, la adecuada inserción de los bancos al servicio de la producción, la profundización de políticas públicas para capacitación y formación de personal, y el incentivo tanto al consumo interno como así también el aliento para el ingreso de divisas con el desarrollo del modelo exportador. Tan simple como eso, pero que resulta difícil para muchos a la hora de tomar una decisión para iniciar el camino y convicción para continuarlo.

Nuestro compromiso es y seguirá siendo con el sector en el marco de un proyecto de país con producción y trabajo.

 

* Presidente Confederación Económica Provincia de Buenos Aires (CEPBA)