La chanza del dueño de La Anónima sobre "remarcar precios todos los días" no solo enfureció a quienes padecen ese rito diario desde el otro lado de la caja registradora sino que reactivó también el grupo de whatsapp "Nuestra Voz", donde supieron darse ánimo mutuamente los más entusiastas defensores de la política económica de Mauricio Macri en la élite empresarial hasta que explotó en 2019. Fue Ricardo "Dicky" Smith Estrada Saavedra, criador de Angus y directivo de la Sociedad Rural, quien no pudo contenerse cuando vio que La Nación reproducía la condena de Cristina Fernández de Kirchner a la frase que había soltado Federico Braun en el seminario por los 20 años de la Asociación Empresaria Argentina (AEA): decidió compartir el enlace a la nota en el chat y adjuntó cuatro emojis de aplausos, tres de bíceps, una medalla de primer puesto y una bandera argentina.

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Aunque todavía está en "Nuestra Voz" -a diferencia de otros presentes el martes, como el banquero Enrique Cristofani, que lo abandonó la misma noche de agosto de 2019 en que Macri perdió las PASO- Braun evitó agradecerle. Su chiste sobre las remarcaciones ya había levantado murmullos reprobatorios incluso entre quienes un rato antes se habían reído a carcajadas en el salón Retiro del Sheraton. También sabía de la movilización que, rápido de reflejos, el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) convocó para el día siguiente frente a la sucursal de La Anónima en Neuquén.

No es la primera humorada para magnates que acuña el tío de Marcos Peña. La anterior fue ante la historiadora económica pampeana Andrea Lluch, quien lo entrevistó para un repositorio oral de la Universidad de Harvard titulado "Empresarios y Estado en Argentina, 1955-2001", publicado en 2008. Ahí definió a los últimos e hiperinflacionarios años 80 como "un momento muy positivo" para su negocio, cuando su balance era "espectacular". Y remató: "Para un supermercado que paga a los 60 días y vende al contado, se genera lo que se llama REI (resultado por exposición a la inflación) y yo decía no era un rey, era un emperador".

Para enfatizar, Braun decidió darle a su ponencia ante sus colegas de AEA un soporte gráfico cargado de nostalgia. No de la híper sino, en este caso, de la Guerra Fría. "Claves del éxito para el país", se titulaba una de las pantallas que exhibió ante sus colegas. "Ser un país normal", respondía abajo. Y abundaba: "Capitalismo. No comunismo". Casi un exabrupto de Javier Milei, cuyo amesetamiento en las encuestas celebran por estas horas en el búnker presidencial de Horacio Rodríguez Larreta.

Copitas de Gerez

Cada quien juzgará si el peculiar sentido de la empatía de los Braun o los Smith Estrada es un rasgo de sus personalidades o una característica de la endogámica élite criolla en su conjunto. Pero la escasez de recursos culturales de esa clase dominante que jamás pudo alinear por las buenas al país detrás de sus intereses es un problema que no se limita a sus integrantes. La muestra más cabal de cuán democráticamente se distribuye la incultura es la respuesta que publicó Energía Argentina SA (la ex ENARSA) a la renuncia de Matías Kulfas, donde el ahora exministro criticó el "internismo exasperante" de los funcionarios kirchneristas del área energética y se confesó "avergonzado como peronista" por un esquema "desquiciado" de subsidios que juzgó "socialmente injusto, centralista y pro rico".

El intento de refutación de Kulfas, redactado bajo emoción violenta por alguien que no firmó pero que dispuso inmediatamente de la cuenta de Twitter de la vicepresidenta para que todo el país se enterase de su contenido, es casi ininteligible. Traducido al español, hay algo en lo que coincide con Kulfas: la política económica de Alberto Fernández tuvo hasta ahora serios déficits. Pero más allá de la gramática y del masoquismo, lo curioso es que haya sido publicado con el logo de la empresa estatal cuando su tono era el de una proclama partidaria. Fue una decisión del presidente de EASA -el abogado y exasesor devidista Agustín Gerez, a quien muchos confunden con camporista por su juventud- no someterla a debate en su directorio.

Lo que sí aprobaron ayer los directores de EASA fue la contratación de más barcos de gas licuado importado para abastecer las centrales térmicas, que cuestan cerca de 100 millones de dólares cada uno. Ninguna novedad: es una rutina que se repetirá todo el invierno. Y también el próximo en caso de que el gasoducto a Vaca Muerta no se termine a tiempo, como vaticinaron después de la eyección de Kulfas desde el CEO del Grupo Techint, Paolo Rocca, hasta el exsubsecretario de Hidrocarburos de Néstor Kirchner, Christian Folgar.

Lo novedoso es que la descoordinación y la impericia no parecen terminar ahí. Noqueados por la corrida de ayer y anteayer contra los bonos de la deuda en pesos, dos importantes operadores de la City aseguraron a BAE Negocios que fue un torpe movimiento financiero de EASA lo que ofició como campana de largada para la estampida. Para comprarle al Banco Central los dólares necesarios para pagar uno de esos buques, según esas fuentes, la compañía estatal rescató $9.000 millones que tenía en el Fondo Común de Inversión (FCI) "Carlos Pellegrini" del Banco Nación. Una corriente vendedora difícil de compensar en un mercado tan poco profundo.

Caputo Horror Show

El detonante siempre es anecdótico. La verdadera razón por la cual muchos inversores empezaron a dudar si mantener en sus carteras los bonos surgidos del canje del año pasado, pese a que ya cayeron a la mitad de su valor facial y su rentabilidad está atada a la inflación, es que varios economistas de la oposición agitaron en simultáneo la posibilidad de que sean reperfilados por la próxima administración, como ya hizo Hernán Lacunza en 2019. El más activo fue Luis "Toto" Caputo, que volvió al mesadinerismo con su antiguo discípulo y colaborador Santiago Bausili, procesado por negociaciones incompatibles con la función pública por el juez Sebastián Casanello, y que mencionó esa posibilidad en una videoconferencia con Wall Street y al menos en dos reuniones con clientes locales. Pero también sorprendió al plantearla en el lanzamiento de su precandidatura presidencial Patricia Bullrich, a quien asesora el santafesino Luciano Laspina.

Es un preanuncio de las inestabilidades que puede deparar el 2023 electoral a un gobierno dividido, sin reservas y atado a los designios de un Fondo Monetario cuyo staff ya empezó a abrir el paraguas. Aunque Martín Guzmán celebró en público que se aprobase la primera revisión y se autorizase el segundo desembolso de los dólares que entrarán y saldrán para el pago al propio Fondo, lo que hizo Kristalina Georgieva fue preparar el terreno para el "waiver" que se va a ver obligado a pedir a fin de este mes el Gobierno. Ya nadie cree que vayan a cumplirse las metas, ni anual ni trimestralmente, en materia fiscal ni de acumulación de reservas. ¿Y si en medio de esa fragilidad algún otro candidato a ministro de Economía anticipa algo parecido a lo de Toto pero más cerca de las elecciones?

Como escribió Naomi Klein en "La doctrina del shock", un ajuste draconiano se hace mucho más digerible en medio de una gran crisis. El ímpetu refundacional de los economistas de Juntos por el Cambio y de los socios de AEA, que invitaron a todos ellos a su cumpleaños número 20, quizá requiera ese caldo de cultivo. Es lo que dicen que dice el propio Macri cuando trata de convencer a empresarios que vuelvan a apoyarlo y no se inclinen por el jefe de Gobierno porteño.

Nicolás Caputo, su antiguo confidente y primo de Toto, está entre los que se inclinan por Larreta. No es solo una preferencia política. Como dicen los estadounidenses, puso su dinero donde está su boca. Y no solo porque consagró a su incondicional Edgardo Cenzón a la viscosa tarea de recaudar para la campaña. También porque Mirgor, la empresa que fundó con el mismísimo Mauricio en Tierra del Fuego y de la que ahora controla el 50% con su familia, está terminando de montar una fábrica de piezas y perfiles plásticos complejos para Toyota en la que invertirá 80 millones de dólares. Su CEO, José Luis Alonso, lo confesó ante funcionarios bonaerenses que visitaron la planta dos semanas atrás con Axel Kicillof: el peor escenario para ponerla en marcha no es que reelija el Frente de Todos. Es que regrese al poder el fundador.

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Alejandro Bercovich

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