En general, se ha descuidado a la salud como fenómeno de impacto en la cultura. Muchos  piensan a los cambios culturales como un proceso sólo asociado a la creatividad humana. 

Sin embargo, los fenómenos ambientales son gran base sobre la que se sustentan los  cambios culturales. Lluvias, sequías, invasiones, plagas e infecciones impactaron muy fuertemente en las culturas.

Las pandemias han condicionado  desplazamientos poblacionales, disminución dramática de grupos humanos, muertes de líderes, cambios de hábitos y por supuesto consecuentes cambios de la concepción del mundo.

Líderes y pestes

Una de las mayores revoluciones culturales fue la secundaria a la gran pandemia de peste negra del siglo XIV, que produjo la dispersión de los pobladores nobles al campo, lugar donde transcurre el Decamerón de Bocaccio, considerada la primera obra literaria del Renacimiento. Es una cuestión que no solo implicó una modificación de costumbres, sino de un manera antropocéntrica de pensar el mundo y los cambios liberales subsecuentes, al perderse el miedo del control divino.

El apogeo de Atenas  no fue igual sin su lider Pericles, muerto por una epidemia de difteria. Ni el imperio romano seguiría siendo el mismo al morir los emperadores Marco Antonio y su co-regente Lucio Vero de la epidemia de fiebre antonina (posibles epidemia de viruela o sarampión),  dejando el trono al hijo del primero Cómodo. Ese momento considerado como el comienzo de la debacle del imperio Romano de Occidente.

Ciudades post pandemia

Merecen un capítulo especial las modificaciones arquitectónicas generadas a partir de las pandemias que también resultan silenciosas, pero muy interesantes. Se sabe que el modernismo se sustentó en la pandemia de tuberculosis. Contribuyó así en espacios altos y abiertos, amplitud de ventanas para que entre luz y muebles que en su dinámica no permitan acumular polvo. 

Fueron especialmente ideados para tal fin por los arquitectos Le Corbusier, Van der Rohe o Walter Gropius entre otros,que  no dudaban de plantear esas construcciones abiertas, altas y  con estructuras aerodinámicas,  con modificaciones necesarias para  impedir  el contagio de la gran pandemia de tuberculosis.   

Antes, desde el medievo la teoría del contagio de las epidemias era por aire a través del miasma, una sustancia que iba por el viento. Así se derribaron murallas, se adoquinaron la veredas, para mantenerlas protegidas sin polvo y el aire contaminado corra rápidamente.

La gripe española de 1918 mató entre 50 a 100 millones de personas, afectó a artistas y dirigentes, diezmó la población pero especialmente a soldados de la primera guerra mundial, generando la única disminución poblacional mundial del siglo, matando más gente que toda la primera guerra.  

Algunos historiadores le adjudican el fin de esta guerra a la pandemia. Sin duda el apuro y la falta de presencia de representantes de Estados Unidos (contagiados)  en la firma del Tratado de Versalles condicionó al mundo a que Inglaterra y Francia le impusieran muy duros castigo a Alemania culpabilizando al pueblo alemán de la guerra. Situación que condicionó  el  fracaso económico de la República de Weimar y el arribo del Nazismo en Alemania.

Esta pandemia fue una las más terribles en cantidad de muertes, pues la combinación entre el avance tecnológico que produjo una distribución mundial del virus de influenza producido por adelanto de los transportes intercontinentales agregado a las condiciones tecnológicas del armamento como los gases tóxicos de la guerra.

Desarrollo sin finales felices 

El gran desarrollo no siempre conlleva finales felices. Explosiones culturales-tecnológicas como la de la antigua Roma terminó prácticamente en la extinción de esa ciudad (pasando de más de un millón de habitantes a doce mil en muy poco tiempo).  Luego de haber alcanzado un desarrollo impactante, finalizó con más de 1000 años de oscuridad cultural.

Los seres urbanos modifican su medio ambiente. Eso nos lleva a la problemática de tener que adaptarnos muy rápidamente al nuevos estatus de sociedades gigantes. Cambios que hubieran llevado miles o millones de años se han generado en los últimos cien. No volamos naturalmente, ni estamos preparados para ver tantas personas en un solo día,  ni vivir en departamentos a más de 50 metros del piso, entre otras cuestiones.

Esto representa grandes problemas adaptativos, que llevan a aumentar la susceptibilidad psicológica y física; además de padecer nuevas enfermedades por contaminación del medio ambiente o la exposición rápida a nuevos gérmenes.

Traspasar los límites evolutivos, desarrolla la cultura y la ciencia. Pero puede ser también peligroso, si no se toma conciencia de los riesgos que representa pasar ciertas barreras, no siempre tan claras, debiendo tener conocimiento que lo que  evoluciona tan abruptamente, puede tornarse inmanejable.

Sociedades y pensamiento holístico

Los cambios culturales dependerán además de cada región. Diferentes sociedades  pueden sustentar diferencias cognitivas específicas interculturales. Existen varios estudios que han planteado diferencias entre oriente-occidente. La cultura oriental en diferentes estudios muestra a las personas con un pensamiento holístico destinado a lo general. Mientras tanto, en el funcionamiento occidental se prioriza lo singular e individual por sobre lo grupal. Los occidentales en general no detectan pequeñas diferencias en un conjunto, mientras los orientales sí lo consiguen.

John Gabrieli y su grupo del McGorven Institute for Brain del MIT en un interesante estudio describen una gran diferencia entre los educados en culturas occidentales, más puntuales e individuales versus los orientales más interdependientes. En culturas diferentes se cambian las respuestas cognitivas ante iguales estímulos. Esta diferencia se profundiza cuando más tiene arraigada la cultura.

Ese bagaje lo absorberá luego la cultura de los diferentes sistemas sociales, familiares, religiosos y morales; condicionando la toma de decisión subsecuente. Presentando mayor éxito en las medidas preventivas, pero probablemente marcando menor creatividad individual como impacto cultural.

Epidemias en Argentina

En nuestro país la epidemia de fiebre amarilla de 1871 desplazó a la población desde el sur (Barracas y San Telmo)  al campo que era Belgrano y Palermo. Al mismo tiempo abrieron el nuevo cementerio de la Chacarita y se reformó el sistema de Salud Pública de Buenos Aires.

Así, quedó el sur de la ciudad para enfermedades infecciosas, pacientes psiquiátricos y poblaciones de inmigrantes humildes que ocuparon las viejas casonas patricias en conventillos. Por otro lado se creó la red cloacal, la recolección de basura y el agua corriente. Un gran adelanto para su época.

Toda crisis produce aprendizaje  y aprendizajes sociales. En esta época de multimedios, donde la influencia psicológica y social es mayor todavía, veremos cuál será el impacto cultural de esta pandemia.

*Neurólogo Cognitivo y doctor en Filosofía

Más notas de

Ignacio Brusco

Adultos mayores, sistema inmune y Covid-19

Adultos mayores, sistema inmune y Covid-19

Vacuna para coronavirus

Vacuna para coronavirus

La habituación a la pandemia

La habituación a la pandemia

La importancia del lenguaje en la pandemia

La importancia del lenguaje en la pandemia

Coronavirus y la globalización de los contagios y de la comunicación a través de las redes sociales

Coronavirus y la globalización de los contagios y de la comunicación a través de las redes sociales

El problema del sobrepeso en la pandemia

El problema del sobrepeso en la pandemia

Respuestas altruistas y agresivas en la pandemia

Respuestas altruistas y agresivas en la pandemia

Pandemia: el ojo clínico para tomar decisiones complejas

La importancia de la asertividad en las pandemias

Impactos culturales por las pandemias

Impactos culturales por las pandemias

Qué hábitos quedarán post pandemia

Qué hábitos quedarán post pandemia