Los cambios que genera la expansión del coronavirus en América latina, traen aparejados un espiral dialéctico sobre la agenda pública continental. En este sentido, los desafíos de la pandemia y los resquemores que existen al respecto aparecen en el medio de administraciones que aún buscan levantarse tras las movilizaciones sociales que tambalearon los órdenes políticos preexistentes; potencias económicas que aún no logran despegar, y mandatarios estrenando los sillones presidenciales deseosos de imprimir sus propias improntas a las gestiones nacionales.

Justamente, con la celeridad con que la pandemia ingresó a cada rincón del planeta, puso en segundo lugar algunos de los planes políticos para el 2020, como por ejemplo: Jeanine Áñez en Bolivia postergó las elecciones presidenciales programadas para el 3 de mayo; los partidos políticos chilenos debieron buscar alternativas en el medio de la campaña para el plebiscito del 26 de abril que decidirá el cambio o no de la Constitución. Mientras en la República Argentina, la renegociación de la deuda comenzó a ocupar los segundos planos de la opinión pública, en sintonía a la decisión de Alberto Fernández de priorizar la salud sobre la economía -Martín Guzmán insiste en que presentará la propuesta del Gobierno a los bonistas en los próximos días-.

Por otra parte, los planes de Andrés Manuel López Obrador en México para el lanzamiento de su tan anunciado Plan Energético para Pemex, chocan con un nuevo frente que profundiza la delicada situación en la que se encuentra la compañía (especialmente tras la caída del precio del barril de petróleo por el conflicto entre Arabia Saudita y Rusia).

Mientras que Jair Bolsonaro no ha logrado mostrar resultados alentadores para la economía brasileña, la cual solo creció 1,1% en 2019. Ambos mandatarios representan el efecto dialéctico del Covid-19 sobre las agendas públicas latinoamericanas, debido a que han intentado deslegitimar los desafíos que implica esta pandemia, pero sus medidas han quedado encerradas en este espiral.

En este contexto, la reorientación de las energías hacia la salud implicó no solamente distribuir partidas extraordinarias para intentar palear los déficits sanitarios, sino que también la implementación de cuarentenas obligatorias. Una pausa, destinada a ser la primera solución -en el corto plazo para aplanar la curva de contagio del virus-, pero también una decisión con efectos económicos/productivos para algunos países tales como Argentina, Ecuador, Colombia, Chile, Perú y Venezuela.

Las contracciones de las actividades económicas se harán notar en el presente año. Estimaciones diversas prevén caídas en las cuentas nacionales: México 3,7% (Moodys), Argentina 4% (Moodys) y Chile 4% (Clapes UC). Como consecuencia, el termómetro social tomará mayor temperatura, especialmente en zonas que estuvieron afectadas por movilizaciones en el 2019 y por aquellos sectores que aún no han podido recuperar sus ingresos tras las crisis en Argentina y Ecuador.

Para atender este frente, los gobiernos decidieron avanzar en un paquete de medidas, las cuales implican mayor robustez en las políticas sociales y algunas facilidades para las pequeñas y medianas empresas, por ejemplo: Argentina dispuso un ingreso de emergencia por $10.000 (aproximadamente USD125) para trabajadores independientes, Perú destinó USD670 millones a familias y empresas afectadas por la crisis. Chile por su parte inyectó USD11.750 millones para reforzar el presupuesto de salud y proteger los puestos de trabajo. Es claro que la mayor preocupación para Sebastián Piñera es que la economía se hunda más tras el estallido social de 2019.

Más allá de cada una de estas medidas, los mandatarios nacionales entienden que el escenario cambiará cuando una ventana de esperanza se avizore en el horizonte. Cada uno de los mandatarios está pensando en diferentes alternativas que podrán dinamizar las economías nacionales y recuperar así la agenda pública hoy sumergida en este panorama complejo.

A partir de lo anterior, algunos puntos que puedan surgir como síntesis de este movimiento dialéctico de tesis-antítesis, se representan en desafíos diversos, tales como: Jair Bolsonaro se encontrará en un difícil marco de relaciones con los gobernadores para cerrar un acuerdo en los proyectos centrales para su gestión; Alberto Fernández saldrá fortalecido con la agenda de deuda pública y los pilares centrales para el 2020: inversiones en hidrocarburos; despenalización del aborto, y reforma judicial. Andrés Manuel López Obrador tendrá un impacto en su imagen pública, especialmente en algunos distritos clave para su liderazgo presidencial; la salida de esta situación crítica será para Luis Lacalle Pou la manera en que imprimirá su forma de gestionar el primer año tras haber cortado con el quindenio de gestión del Frente Amplio.

Mientras que Iván Duque en Colombia jugará su suerte respecto a la posibilidad de levantar su imagen o terminar de hundirse frente a figuras políticas emergentes tales como la alcaldesa de Bogotá, Claudia López.

En suma, el Covid-19 pausó en el corto plazo la agenda pública de América latina, representando desafíos cruciales para las administraciones nacionales que están atrapadas por grandes frentes económicos y sociales. Por ende, este proceso dialéctico llevará a una nueva síntesis regional con profundos efectos.

*Líder de Asuntos Públicos de Burson Cohn & Wolfe