La apertura del Festival de Cannes, un paso (en falso) antes de la gran fiesta del cine
Un insólito número musical, olvidos y una película llena de anacronismos
Especial para BAE Negocios
Desde Cannes
Cuando se levantó el telón la actriz Chiara Mastroianni apareció cantando (en italiano) y así comenzó la ceremonia de apertura de la 76° edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. El evento, como de costumbre, tuvo lugar en el imponente Palais de Festivals. Allí, desde que las proyecciones de prensa se mudaron a otras salas, no hay lugar para silbidos por parte del público. Aunque esta vez, dadas algunas circunstancias, ello no habría sido injustificado.
A Chiara Mastroianni se la notaba algo tensa, nerviosa. Las presentaciones parecían incómodas y hasta algún micrófono abierto unos segundos más de lo debido dio lugar a un paso de comedia. La ceremonia comenzó tarde (algo más que de costumbre) seguramente por el tiempo que se tomó Johnny Depp para saludar, firmar autógrafos y sacarse selfies con sus fans en la alfombra roja. El dulce sabor de la revancha. Depp, más allá del impostado desgano con que mueve su cuerpo por los escenarios, estaba disfrutando de ese momento. Tras tantos devaneos y crisis personales y judiciales, volviendo de la virtual cancelación, nada menos que el Festival de Cannes "se rendía a sus pies".
Es cierto que fue muy aplaudido. No hubo reprimendas ni escraches. El público lo abrazó y él hizo lo propio con la directora de la película de apertura (también co-guionista y actriz protagónica de Jean du Barry), para alejar algo los rumores acerca de la constante lucha de egos entre ambos. Pero el aplausómetro se rompió con la entrega de la Palma de Oro a Michael Douglas. Uma Thurman dijo unas palabras y le dio el galardón. Visiblemente emocionado, Michael recorrió brevemente su carrera, recordó a su padre y dedicó el premio a su esposa e hija. Primer plano de ambas. Y es que la ceremonia no sólo se trasmite en directo por televisión sino que también se proyecta en cientos de salas en todo el país, en las que tuvo su estreno simultáneo la película de apertura.
Un insólito número musical (Stan by me en un interminable falsete de The Gabriels) y la apertura formal a cargo de Catherine Deneuve que se emocionó al hablar sobre Ucrania (única que lo hizo expresamente) y se olvidó de decir las palabras mágicas. La maestra de ceremonia, con Michael Douglas a su lado le señaló el olvido y allí la gran diva del cine francés, con elegancia, dio por formalmente iniciado el festival. Eso sí, en primera persona, dejando con el micrófono en mano a Douglas, que sólo atinó luego a referir que ya había comenzado la edición con lo dicho. Micrófonos abiertos unos segundos más, cuchicheos entre los presentes en el escenario y película de apertura.
Jean du Barry es tan superficial como irresponsable. Que una cosa es irreverencia y otra el cualunquismo. Atravesada por una voz en off didáctica (¿pretenderá ser irónica?) está claro que esta historia de ascenso social, de arribismo pero también de amor de la cortesana que llegó a ser la favorita de Luis XV interesa a la directora de Polisse y Mon roi, que dijo identificarse con el personaje. Filmada en 35 mm (que en el caso nada añaden a un acercamiento chato y pomposo), las actuaciones están plagadas de anacronismos y excesos. Maïwen y Depp compiten a ver quién hace más guiños y mohines a cámara y los secundarios son meras machiettas que agotan con sus aspavientos. Sólo el hijo de la directora (para quien reservó el papel de Luis XVI) elude ese tono: de tan incómodo pareciera estar enyesado de pies a cabezas con el temor y la incomodidad grabados en el rostro.
Se sabe que la película de apertura responde a parámetros y razones diversas de lo que hace a una programación que, ciertamente, promete. Ni siquiera un paso en falso. Un trámite necesario (que mejor olvidar) para dar comienzo a la gran fiesta cinéfila cuya Competencia Oficial hoy comienza con la proyección de Monster, del japonés Hirokazu Koreeda y el crédito local Le retour, de Catherine Corisini, que llega a la Costa Azul precedida por el escándalo generado por las explícitas escenas sexuales (simuladas, se dice desde la producción) protagonizadas por una actriz que al momento de rodarlas tenía apenas 16 años.

