Todos sabemos que la situación económica y social de Argentina está en un punto de inflexión como pocas veces se vio. Los números que registra nuestra economía no solo son cada día peores, sino que se encaminan a consolidar un récord negativo histórico para el país.

Una de esas cifras corresponde al nivel de actividad económica que recientemente ha informado el Instituto Nacional de Estadística y Censos ( INDEC): la misma se contrajo un 26,4% en comparación con el período mensual equivalente en 2019. Si forzamos el análisis para ser considerados con los circunstanciales administradores del Estado, podríamos excusar la debacle haciendo énfasis exclusivamente al impacto de la pandemia. 

Pero esa observación no alcanza para explicar el cuadro de situación, cuando por ejemplo vemos los números de países vecinos como Uruguay que registra una caída menor al 2%. También aplican los ejemplos de Brasil, Chile, Perú o México que a pesar de haber sido duramente impactados por la pandemia, las contracciones económicas no alcanzan al 9% interanual. 

La vuelta a Fase 1 de la cuarentena en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) junto  a otros puntos del país, no solo empeora la situación económica sino que puede generar un golpe de gracia. La falta de incentivos para reactivar la inversión puede provocar una aceleración en el, ya dramático, cierre definitivo de comercios que llevan adelante actividades no exceptuadas. Según una encuesta de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, ya cerraron sus puertas al menos 23 mil negocios en la Ciudad de Buenos Aires. 

La falta de una estrategia general para administrar una cuarentena tan extensa quedó en evidencia. Durante la primera fase del aislamiento social, preventivo y obligatorio, la Argentina perdía un 1% de su Producto Bruto Interno ( PBI) por semana. Hoy, luego de más de 100 días y con la cuarentena en su regreso a fase 1, solo en el AMBA la caída del PBI será del 0,45% semanal dado que esta región representa el 45% del PBI de todo el país. 

La situación pasó de ser una situación preocupante a una muy grave e irreversible. Es que Argentina perdió una cuarta parte de su riqueza, esto significa que hay menos en un contexto de crisis social profunda. Es como si en una cena de 4 personas dejáramos sin comer a una de ellas, porque la pizza de 8 porciones ahora tiene solo 6. Es decir, o no come una persona o inevitablemente todas tendrán que comer menos. Esto provoca conflicto, angustia y bronca de todos los que saben que su plato ya no será el mismo. 

Parece un ejemplo muy simple y que no contempla todas las características de la mayor crisis de la historia de Argentina, pero de alguna manera gráfica una realidad evidente: hoy hay menos riqueza para repartir entre 40 millones de habitantes y eso se traduce indefectiblemente en más pobreza.

En suma, durante esta pandemia Argentina no solo transita la cuarentena más larga sino que además exhibe la peor caída del PBI del mundo. Un nuevo y triste récord, que solo la ubica por detrás de Venezuela que alcanzó una caída del 35% de PBI.

La crisis social y económica previa a la pandemia deja al desnudo las dificultades de un Estado que en los últimos 30 años no logró ahorrar un solo centavo para enfrentar una situación excepcional y crítica que pone en jaque a las grandes mayorías de nuestro país. Argentina se enfrenta ahora al mayor desafío de su historia: salir de la peor crisis, más rápido que nunca.  

*Economista y CEO Fintech Más Inversiones