La política del "si pasa, pasa" fue un buen ensayo de la posibilidad que tenía Cambiemos para estirar los márgenes políticos y ejecutar medidas antipáticas que fue dosificando. Una especie de gradualismo social en paralelo al gradualismo económico. Pero el capital no es infinito y la sociedad empezó a mostrarle al Gobierno el castigo por someterla al desgaste de medidas que afectan la economía de bolsillo mientras se discuten cifras milmillonarias que para la mayoría son abstracciones.

La caída de la imagen del presidente Mauricio Macri en las encuestas no es tan grave como la baja en la confianza de un mejor futuro. Una encuesta de la consultora Ipsos mostró que sólo el 37% de los consultados cree que la situación mejorará, una variable clave para un Gobierno que sustenta gran parte de su capital en las expectativas. Y casi la mitad conoce a alguna persona que perdió el empleo, lo cual perfecciona los temores a futuro.

Los problemas no son para el gobierno actual sino también para la estrategia del oficialismo de continuidad en el poder. La semana pasada, la gobernadora María Eugenia Vidal planteó que su proyecto era apoyar la reelección de Macri. Esas palabras tienen una obvia intención de sostener la cabeza del poder y evitar el síndrme del pato rengo para el Presidente, y uno más solapado: si la imagen del jefe de Estado está en baja, menos impacto va a tener a quien designe como su sucesor. En buen romance, a Vidal no le conviene ser candidata presidencial en un escenario en el que Macri finalice su gestión en diciembre de 2019 con una imagen pobre. "Es difícil que un sucesor gane una elección presidencial cuando el mandatario saliente no finaliza con buena imagen", explicó en el programa De haberlo sabido de Radio con Vos la directora de Comunicación de Ipsos, Brenda Lynch. Hay dos ejemplos en las últimas dos décadas: Carlos Menem y Eduardo Duhalde, y Cristina Fernández y Daniel Scioli. El ejemplo que confirmaría por la positiva esa tendencia puede ser Néstor Kirchner, con altisima imagen positiva, favorenciendo la elección de Cristina, uno de los pocos casos en que se resigna la reelección teniendo el favor de la ciudadanía.

Los resbalones envalentonaron a otros poderes: el campo hizo dar marcha atrás con la iniciativa de reimplantar retenciones a la exportación de granos que estaban exceptuados y detener la reducción para el caso de la soja. Y las petroleras le dieron la espalda al congelamiento de precios de los combustibles y volvieron a aplicar otro ajuste del 5% que se trasladará a toda la cadena, impactando de nuevo en la inflación. Sin control de esa pulseada, el Gobierno observa el reagrupamiento del peronismo donde la amenaza de escarmiento a los gobernadores ya no es suficiente.