Argentina tiene que ver cómo va a resolver el siguiente dilema: atrasar el dólar hoy para contener la inflación y asumir los costos en un futuro que quizás no sea tan lejano o deslizar el tipo de cambio y convalidar una depreciación más alta que podría complejizar la convergencia a la inflación que mencionó el ministro de Economía, Martín Guzmán, en el presupuesto y sostiene en sus declaraciones.

Dadas las condiciones actuales es prácticamente imposible que el gobierno dé un salto discreto en el tipo de cambio para que el dólar no se siga atrasando mes a mes con respecto a la inflación hasta tanto no transcurran las elecciones porque el costo político que podría ocasionarles una devaluación antes de octubre podría ser muy alto, de este modo se seguirá con un régimen de crawling peg con ritmo desacelerado insistiendo en el ancla nominal del tipo de cambio.

El problema radica en cuánto resto queda para sostener dicho escenario debido a la debilidad macroeconómica que es el resultado de que tengamos muy poco espacio para movernos en el terreno de la apreciación ya que quedan pocas reservas, tenemos la imposibilidad de colocar deuda y de emitir. Aunque la financiación al tesoro luego de que en enero y febrero haya sido cero,  en el último mes volvió a cobrar fuerza aunque de manera mucho menor si vemos el relativo con el 2020.

Como ya sabemos,  Guzmán anunció que el dólar iba a correr más lento que la inflación rondando el 25% versus la inflación del presupuesto 2021 donde se proyecta un aumento  de precios del 29% pero el problema se radica en que hasta la consultora más optimista no estima una inflación menor al 45% para este año, entonces si el dólar se mueve rondando lo que dijo el ministro de Economía y la inflación es alrededor del 50% efectivamente, la apreciación del tipo de cambio sería del 18%, comparándola con la del 2011 que había sido del 11%, sería la apreciación cambiara más grande desde la convertibilidad.

Una variable muy importante en economía siempre son las expectativas y la sociedad está calibrando sus expectativas de devaluación y presiones cambiarias teniendo en cuenta que es una crónica de una muerte anunciada el salto discreto de la divisa estadounidense o también puede ser que dicha consecuencia sea un aumento de la brecha dado el súper cepo actual.

Las expectativas de devaluación del mediano y largo plazo se van a disparar conforme a que la inflación siga avanzando y el dólar cada vez se atrase más.  

A la gente no la podes engañar sistemáticamente y es consciente de que la baja de los dólares alternativos con respecto al oficial y sus respectivas brechas no fueron resultado de un plan económico o de políticas monetarias consistentes, sino que fue gracias a la intervención del Banco Central en el mercado de bonos haciendo ese ‘’rulo’’ que bien describió Guzmán pocos días atrás. Esto quiere decir que la brecha está estable por medidas interinas del gobierno y no por situaciones genuinas.

Por otro lado, la inflación de marzo fue de 4,8% con un acumulado de más de 12% en lo que va del año, teniendo en cuenta que no podemos dejar de lado el congelamiento de tarifas que rige desde hace más de un año. Dicha política conforma otra ancla nominal y en el caso de que no estuviera presionaría al alza al índice de precios.

Un alivio transitorio podría darse de la mano del FMI, la Argentina podría aumentar sus reservas internacionales alrededor de u$s 4.350 millones de dólares, tener reservas mayores en este contexto significaría una mayor espalda y capacidad para afrontar la recuperación. También debemos tener en cuenta que tenemos al club de paris antes que el FMI y debemos decidir el pago o no de este primero.

El tipo de cambio se va a contener a cualquier costo hasta que las elecciones hayan pasado y luego una de las posibles alternativas de salida se traduciría en tratar de corregir mediante un salto discreto los atrasos cambiarios generados o simplemente acelerar la depreciación.  El cepo tan rígido que tenemos es una de las maneras para abaratar constantemente la divisa, pero es muy difícil para el BCRA seguir atrasando constantemente el tipo de cambio con los niveles críticos de reservas actuales.

 Bautista Bassi es economista de consultora LCG