No es una novedad que las negociaciones externas del Mercosur en bloque han sido lentas, por lo que Uruguay, con el entonces presidente Tabaré Vázquez, firmó en 2016 la Declaración Conjunta de Asociación Estratégica con China y ambos países comenzaron a conversar sobre la posibilidad de firmar un tratado de libre comercio (TLC).

Al año siguiente, China volvió a proponer al Mercosur evaluar la viabilidad de un TLC (ya lo había hecho en 2012), pero el bloque no respondió hasta el momento. Por lo que ambos países acordaron en enero de 2018 impulsar un TLC, ya sea con el bloque del Mercosur o en forma bilateral, y el gobierno de Uruguay (con la presidencia pro tempore del Mercosur) impulsó a fines de octubre de 2018 la celebración de la VI Reunión del Diálogo Mercosur-China para comenzar a discutir algún tipo de acuerdo económico.

Este tema fue reflotado por el gobierno uruguayo cuando el 7 de julio de este año se celebró la LVIII Reunión Ordinaria del Consejo del Mercado Común (CMC) del Mercosur-Estados partes y Bolivia. En esa fecha, Uruguay reivindicó mediante un comunicado de prensa su pertenencia plena al Mercosur, pero advirtió que comenzaría a conversar con terceros países en busca de negociar acuerdos comerciales extrazona.

Esa advertencia fue concretada cuando, antes de una reunión que mantuvo con los líderes de los principales partidos políticos, Lacalle Pou anunció la semana pasada que el gobierno chino expresó su disposición a elaborar un estudio de prefactibilidad de un TLC ambos países.

El mencionado anuncio recibió un amplio respaldo del sistema político y empresarial uruguayo. Muchos más cautos fueron los miembros del Mercosur, como Brasil y Paraguay, mientras que Argentina -de acuerdo con lo expresado por Matías Kulfas- insinuó una postura más crítica.

La posición de Uruguay es defender la modernización del bloque a través de una agenda flexible de negociaciones externas, alegando que no fue internalizada la Decisión 32/00, que prohíbe la negociación bilateral de este tipo de tratados entre los Estados miembros del Mercosur y terceros países, por lo que no estaría en vigor. Ese análisis es parcial y esto fue estudiado en el Informe de Oportunidades y Negocios con China en su capítulo 1 elaborado por la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara Argentino-China, en donde se estudió con detenimiento este tema, y en los próximos días se haría público.

En el mismo, se menciona que la Decisión 32/00 se encontraría vigente porque se dictó por consenso de todos los miembros del Mercosur y, por ende, dio origen a una norma internacional obligatoria para los Estados miembros, a la cual se le aplican los principios y normas de derecho internacional (como ser el pacta sunt servanda y la buena fe, que se encuentran plasmados en la convención de Viena sobre el derecho de los tratados de 1969 y la convención de Viena sobre el derecho de los tratados celebrados entre Estados y organizaciones internacionales o entre organizaciones internacionales de 1986).

Por otra parte, se deben contemplar la totalidad del ordenamiento jurídico internacional y los laudos arbitrales dictados en el Mercosur, los cuales hacen hincapié en la importancia de considerar el proceso de integración y sus efectos como una conducta asociativa incompatible con la institución de medidas de carácter unilateral.

Por lo cual, si Uruguay, así como cualquier otro socio del bloque, pretendiera negociar acuerdos bilaterales con otros Estados o agrupaciones de Estados estaría violando los principios plasmados en el Tratado de Asunción, así como también su derecho derivado (Decisión 32/00). Ante la situación actual, para que se reactive y fortalezca el Mercosur, y teniendo en cuenta que China resulta ser unos de los principales destinos de las exportaciones del bloque, sería muy importante que no se negocie en forma bilateral sino que todo el bloque haga un estudio de prefactibilidad de un TLC con China para analizar en profundidad los beneficios y los inconvenientes de la firma de este tipo de acuerdos comerciales.

Ahora, más que nunca es necesaria una discusión sincera y profunda en el seno del Mercosur, ya que China es una potencia y puede ofrecernos muchas oportunidades si sabemos negociar. Una cosa es segura: va a ser más efectiva la negociación si la llevamos adelante en bloque y no en forma individual.

Se debe observar que los TLC de última generación tienen implicancias no solo en la reducción de aranceles sino también en la regulación de otros tipos de temáticas, como ser servicios, protección de inversiones y de derechos intelectuales, ecommerce y compras públicas. Esto nos podrían ayudar a aumentar las exportaciones, tanto de materia primas como de productos con valor agregado, y atraer a su vez nuevas inversiones. Resulta fundamental entonces que los países miembros del Mercosur traten este tema durante la reunión del consejo a realizarse el 22 y el 23 de septiembre de este año y se llegue a un consenso. Toda diferencia no subsanada podría provocar la falta de credibilidad y, por ende, debilitaría internacionalmente al bloque en las actuales negociaciones que se están realizando con otros países.

* Doctora en Derecho Internacional de Dalian Maritime University, China. Presidenta de la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara Argentino- China. Titular del Estudio Fiezzoni Rojas. Lo expuesto en este artículo es una opinión personal y no implica opinión de las instituciones a los cuales la autora pertenece