Son momentos de distanciamiento físico, no de alejarse socialmente, pero siempre manteniendo la distancia de dos metros. Relacionarse a través de internet, redes sociales o telefónicamente es clave. Tenemos que trabajar para que comprendamos que las personas vulnerables: pacientes crónicos, con patologías de salud mental y adultos mayores normales, deban ser los que más contacto social tengan pero a través de medios alternativos a lo corporal como metodología, dado la franca disminución de interacciones personales que existe en el confinamiento.

El diálogo es un instrumento que a través del lenguaje intersubjetivo sirve como base de la conducta social del humano. Es decir, comunicar ideas al otro, como interlocutor, si bien el pensamiento como idea constituye otro tipo de idioma, que es interno y utiliza otros paradigmas y sectores del sistema nervioso

Pasamos la mitad de nuestra vida de vigilia en actividad social. El lenguaje corresponde a un instrumento clave para la capacidad gregaria según plantean Stivers y Enfield, autores que han estudiado decenas de diálogos en diferentes regiones. Presenta procesos universales, que si bien aprendidos vendrían como una base funcional común de los humanos

Otro de los diálogos singulares es el que se observa en los niños, especialmente en edad preescolar. Muchos especialistas plantean que se basa en una especie de prueba de ensayo error para la maduración de un diálogo, muchas de esos aprendizajes se realizan con otros niños. En estos tiempos, casi la totalidad de los pequeños  no comparten prácticamente ninguna relación con su mismo grupo etario.

Dialogar es un instrumento de lo social se convierte en un proceso clave y universal del Homo Sapiens, como un acuerdo grupal inconsciente. Pudiendo a través del mismo desgranar ideas, pensamientos y premisas ocultas; pero que se contextualizan en la necesidad y el momento de la transmisión. Sirve para acuerdos que en tiempo de pandemia requieren de tolerancia y flexibilidad, dado que muchas decisiones  se basan en ensayo y error. Obviamente si caer en la aceptación de premisas incoherentes.

Los acuerdos y desacuerdos requieren de procesos de negociación, tanteo en los sobrecargados espacios familiares, en las actividades esenciales colmadas de tensión y de  los dirigentes sobreexigidos.

Toda interrelación entre humanos requiere de un tácito acuerdo, que utiliza este tipo de negociación. Así, padres con hijos, autoridades, parejas, y hospitales, entre otras situaciones, requieren de este tipo de procesos; en el que se encuentra un oferente y un receptor que acepta o no, a partir de la cual se genera una instancia de propuestas dialogadas que llevan a un posible nuevo acuerdo .

En los entendimientos está implícito el diálogo, la intuición, la empatía como intersubjetividad que implica conocerse a sí mismo (metacognición) y al otro (cognición social), las creencias y por último la toma de decisión.

Los especialistas Mark Dingemanse y Nick Enfield del Departamento de Lenguaje y Cognición del Instituto Max Planck de Psicolingüística de Nimega plantean que se requieren de "Turnos" (pensamiento, espera para hablar, y prevención de lo que probablemente nos dirán), "Aclaraciones" (pedido de aclaraciones) y "Enmienda" (correcciones que hacemos sobre la compatibilidad discurso-ideas) para hacernos aclarar y negociar.

Todo proceso negociado genera incertidumbre, pues nunca tendremos el total de información de variables que condicionan un evento. Además, muchas veces, se deben tomar conductas rápidas y no habrá certezas absolutas de la posible asertividad de éstas.

El lenguaje o reflexión interior es cuando uno se habla a sí mismo. Esto puede suceder durante una especie monólogo o diálogo interno con otras personas, en una situación en el que el sujeto se imagina una interacción con un tercero. Implica un proceso interno llamado fluidez. Los neurocientíficos especializados en neurociencia llaman fluidez a un estado particular de automatización de una labor, en la que fluye la funcionalidad y que se trabaja principalmente en forma inconsciente o implícita.Esto genera mayor abstracción de los estímulos externos, aumentando exclusivamente la sensibilidad a los estímulos relacionados al trabajo que se realiza en ese momento y con una especial abstracción del tiempo.

Existen algunas confusiones entre el “fluir” con otros estados como el “divagar”, es decir pensar en nada, dejar que el cerebro cree y nos dirija donde desee. En general se acepta que los procesos de divague generan momentos de infelicidad, ocupan el cincuenta por ciento de nuestro pensamiento y no son dirigidos. Por lo cual no es lo mismo generar rutinas que mejoraran nuestra emoción y creatividad, que dejar divagar libremente al cerebro. Es un peligro que aumenta en la cuarentena, dado la pérdida de rutinas y el cambio de los espacios y de tiempos. De ahí la importancia de generarse actividades estructuradas, mantener los ciclos de sueño y desarrollar momentos recreativas, lúdicos y si es posible practicar yoga o meditación. Es decir es mejor fluir y  no divagar.

En otros estudios realizados por Wataru Sato, de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad de Kyoto (Japon), este investigador relaciona al proceso subjetivo de la felicidad con otra zona cortical, antes descuidada, llamada Precúneo. Este sector, tiene  relación con los procesos de reposo cerebral y de meditación. Ejercitar estas funciones mejora los estados anímicos y han sido asociados a un mayor tamaño y conexión gris de esta zona. Estas personas mejoran la neuroplasticidad, la capacidad creativa y la cognitiva.

El diálogo y la reflexión interna pude procesarse como meditación, en neuroimágenes realizadas a yoguis se aprecia un aumento de las áreas cerebrales dedicadas a la memoria y de las sustancias endógenas (una especie de tranquilizante interno) que calman la ansiedad. Se plantea al yoga y meditar como un apoyo posible en tratamientos de la angustia y la depresión. Casi nadie duda de los beneficios que pueden generar los procesos de meditación para una vida y un cerebro más sanos. Propuestos para calmar el estrés y la angustia, especialmente en momentos como los que vivimos en la actualidad.

Es necesario un diálogo interpersonal muy frecuente, con más minutos y de mayor calidad que lo habitual. Se debe además profundizar la reflexión interna, para ayudar a contraatacar el encierro, la pérdida de rutinas y la falta de actividad; que pueden ser francamente disruptivas para la emoción, el cuerpo y la cognición de las personas.

*Prof. Titular de Psiquiatría y Salud Mental. Facultad de Medicina -UBA. Doctor en Medicina y Doctor en Filosofía. Conicet