La industria manufacturera ha sido el sector más afectado por la crisis económica de la era Cambiemos. Al día de hoy acumula 17 meses de caídas consecutivas. Un deterioro difícilmente asimilable para los sectores más PyME; donde lo que comenzó siendo un ciclo negativo ya entró en el terreno de riesgo franco de pérdida de capacidades productivas. La pregunta que se abre hacia 2020 es cómo recuperar un sector fundamental y cuáles son los posibles protagonistas.

Tras caer 5% en 2018, en los primeros nueve meses de 2019 la industria acumuló una contracción de 7,8% en la que todos los sectores, sin excepción, presentaron niveles de producción inferiores al año pasado. En 2019 la crisis industrial dejó de ser patrimonio de los sectores mercado internistas más sensibles a los cambios en los ingresos reales; ahora también los proveedores de bienes intermedios, materiales para la construcción y bienes exportables entraron en una dinámica contractiva. Incluso aquellos sectores cuyos bienes son más inelásticos acusaron caídas gran parte del año como alimentos y bebidas (acumula -0,8% en los primeros tres trimestres), rendidos ante los efectos que tuvo la inflación en el consumo de bienes de primera necesidad.

Es importante señalar que la base de comparación ya incluye lo peor de la crisis 2018. Aun así, en septiembre solo 1/3 de los sectores no cayó. La capacidad ociosa está en el 43%. Por su parte, las exportaciones de manufacturas de origen industrial retrocedieron 7,1% en lo que va del año. Podemos asegurar que, aun previo al "rebrote" de la crisis en agosto, el sector industrial lejos estaba de tocar piso.

A su vez, el empleo en las fábricas no ha dejado de caer. En agosto se perdieron 56.687 puestos de trabajo industriales respecto del mismo mes del 2018. Son más de 152.000 empleos industriales perdidos en comparación con 2015 (161.000 respecto a 2013); empleos calificados y cuyos salarios pagan un 32% más en promedio respecto a otros sectores de la economía. La cantidad de empleadores industriales declarados ante AFIP también cayó un 3,2% en el último año. Por esto decimos que no es meramente una contracción lo que se observa, sino una pérdida de las capacidades productivas.

Un estudio del CEPA indicó que el 35% disminuyó el consumo de lácteos

El peso de esta delicada situación descansa en la importancia que tiene la industria manufacturera en nuestra economía; concentrando casi el 20% del empleo formal y 32% de las exportaciones (sin contar manufacturas de origen agropecuario; de considerar estas últimas estamos hablando del 66% de las ventas externas argentinas).

Para pensar 2020, debemos abordar las causas del deterioro industrial y su posibilidad de reversión. Empezando por lo principal, la crisis industrial encuentra su causa más determinante en la caída del consumo. El impacto de la inflación en los salarios afecta a todos los sectores, especialmente a aquellos cuyos bienes producidos son más elásticos, es decir, más sensibles a la caída del salario. Por ejemplo, una familia es más propensa a suspender compras de muebles que de alimentos. Sin embargo, como ya dijimos, en los últimos meses se observa que la caída también afecta a sectores proveedores de insumos como químicos, metalmecánica, materiales para la construcción (aquí fue clave la merma de consumo público) o acero.

En segundo término, se suma que el desempeño económico de Brasil dista de ser vigoroso. Nuestro vecino no termina de levantar la cabeza. Tras la recesión que se extendió entre 2013 y 2018 (y que afectó severamente las exportaciones argentinas ante la caída de demanda brasileña), la recuperación de los últimos dos años nunca estuvo a la altura de lo esperado. Para 2019, las proyecciones de crecimiento fueron recortadas (una vez más) pasando de una expansión esperada del 2,5% a una mucho más discreta de 0,8%.

La industria brasileña, a su vez, de la que se esperaba un crecimiento del 3%, se muestra prácticamente estancada, con la mitad de los sectores en caída y culminará el año con una contracción en el orden del 0,3%. Esto afecta directamente a la industria manufacturera argentina, dado que Brasil es el destino del 36% de sus exportaciones. A su vez, el 65% de lo que le vendemos a Brasil son bienes industriales; Argentina es proveedora de bienes intermedios para la industria brasileña, así como también de consumo o inversión (automóviles el ejemplo más característico). Por ende, que la economía del gigante regional no reaccione implica menor demanda de estos productos.

Alimentos y medicamentos reaccionan a los estímulos de mayores ingresos

En efecto, las ventas externas a Brasil cayeron 7,4% en los primeros nueve meses del año. Lo cierto es que aun con una corrección de 210% del tipo de cambio argentino entre abril de 2018 y octubre de 2019 no logramos vender más en nuestra principal plaza, manteniendo problemas estructurales en nuestro vinculo comercial que corren riesgo de profundizarse con los gestos del gobierno brasileño.

Analizando la posibilidad de reversión de estos problemas, es difícil esperar en 2020 que aumenten sensiblemente las ventas al vecino país. Las intenciones del gobierno brasileño de bajar los AEC del Mercosur y su posición indiferente a los beneficios que trae la complementariedad del Mercosur supone un escenario rígido para los negocios binacionales. A su vez, la OCDE volvió a revisar a la baja las perspectivas de crecimiento brasileño para 2020, ubicándolas en 1,7%. Un escenario, a priori, complejo. Pero del que aun en este marco pueden esperarse algunos resultados positivos.

Por ende, la esperanza recae con mayor vigor en la reactivación del mercado interno. En este sentido, el éxito del ya mentado acuerdo económico y social, que permita cierta recuperación del salario real, será fundamental para que los sectores mercado internistas empiecen a observar un rebote que les permita, hacia el ultimo trimestre del año, mejorar sus perspectivas de crecimiento genuino. En este grupo podemos destacar a alimentos y bebidas y a la producción de medicamentos; que tanto por base de comparación como por reacción a estímulos de ingreso, pueden liderar un cambio de ciclo en la crisis industrial.

Textiles, de los sectores más dañados en la industria

Luego, de haber un cambio radical en la política financiera, otros sectores de producción durable y semi-durable (muebles, automóviles, equipamiento e incluso textiles e indumentaria) pueden ganar terreno. Las elevadas tasas de interés han sido un factor clave en la profundidad de la crisis industrial. No solo por el lado del consumo (tarjetas de crédito y créditos personales y prendarios), sino también por la imposibilidad de financiamiento de las industrias, sobre todos las pymes . La tasa de Adelantos en Cuenta Corriente subió 1.460 puntos en agosto y se ubicó en un promedio de 77,2%, alcanzando incluso valores más altos sobre fin de mes (88,2%). El descuento de cheques es casi un imposible. Así, la cadena de pagos a proveedores, empleados (sueldos) y otras obligaciones se ha tensado al punto de quebrarse en algunos tramos.

Dar certidumbre en las patas de consumo y financieras se vuelve una urgencia para el entramado industrial. Que se ponga en marcha la industria es que se ponga en marcha la creación de valor, de empleo de calidad y la posibilidad de incrementar exportaciones con valor agregado que reportan los tan necesarios dólares. Para ello, urge que cambie la tendencia negativa que arrastra el consumo, en orden de que se recuperen márgenes de rentabilidad con el aumento de ventas y, así, frenar la pérdida de empleo. La industria da soluciones a los dos problemas de base de la Argentina en crisis: los dólares y el empleo.

Pero más allá de lo urgente, debe tomarse nota de que cualquier proyecto económico que se piense para la Argentina no puede subestimar este sector. Orientar la estrategia en torno a una política industrial que contemple aspectos macroeconómicos, sectoriales y de competitividad sistémica (infraestructura, energía, financiamiento) es en parte definir qué modelo de país queremos. La industria, en este sentido, diversa y federal, es parte de la solución para lograr una macro estable que descanse sobre una estructura productiva que amortigüe efectos de los turbulentos ciclos económicos.

* Economista (UBA). Director Ejecutivo FAIMA. Docente UBA, UCES y UNGS. Especialista en industria

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