Aunque le queden tres días, enero ya terminó. Así como el oficialismo se concentró en evitar las extraordinarias de febrero para no volver a padecer la presión callejera ni la renegociación con los gobernadores, los partidos de la oposición pretenden habilitar la actividad parlamentaria. La excusa se las dio el Gobierno con la firma del megadecreto que se va a tratar el 6 de febrero en la Comisión Bicameral. Antes de eso, diferentes sectores de la oposición parlamentaria, activados por el kirchnerismo, intentan convertir el rechazo al decreto en el primer paso de una confluencia antimacrista.

El presidente del bloque del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, comenzó a escuchar en las últimas horas las opciones para que, después de que se trate el DNU en la Bicameral, se pueda reunir el plenario de las Cámaras. “Si el Congreso se reúne para una comisión, puede reunirse para una sesión”, le dicen con poca convicción. Rossi sabe que el reglamento no está de su lado. Por eso la exploración pasa más por producir un evento político- legislativo. Concentrarse en el rechazo al megadecreto es la prioridad para mostrar alguna “unidad en la acción” opositora que aglutine a las principales fuerzas y al disperso peronismo. Y evalúan que, con el recrudecido enfrentamiento entre el Gobierno y Hugo Moyano, pueden sumar sectores de la CGT, además de las dos CTA y algunos gremios con los que ya confluían. De apoyar la movilización del 22, todavía no dicen nada.

Ecos de “la cumbrecita”

Los gobernadores peronistas ya hicieron su acto de acompañamiento del Gobierno en los agitados días de diciembre, cuando la represión a las protestas tiñó de tensión, balazos y gases el debate parlamentario. Unos días antes se había alumbrado el bloque “Argentina Federal”, que es ahora el más reticente a una movida contra el DNU a pesar de que algunos mandatarios comenzaron a padecer en los últimos días sofocones, como la baja de planes sociales, que afecta con amplitud al sanjuanino Sergio Uñac. El peronismo, de todos modos, sabe que está en desventaja. La cumbre bonaerense que se realizó el viernes en Costa del Este y que debía ser una señal de unidad terminó convirtiéndose en una “cumbrecita” que mostró la dispersión y lo ríspido que resulta subir la cuesta desde el depresión. “El peronismo de la provincia de Buenos Aires es una referencia para el peronismo nacional. Si no podemos conseguir ahí un gesto de unidad, resulta más difícil todavía pedir un acuerdo de los gobernadores para plantarse contra el DNU”, se lamentaba el fin de semana un dirigente provincial. La importancia bonaerense no es sólo numérica. Es el distrito de Cristina Fernández, divisora de aguas internas. En un año sin elecciones y con los gobernadores con margen de maniobra reducido, la oposición apuesta a que el Congreso Nacional sea el escenario privilegiado de oposición. Justo lo que Mauricio Macri está buscando evitar.