Es verdad que es engañosa la analogía entre la vida individual y la trascendencia a nivel de lo colectivo, sin embargo estas semanas mientras en nuestras vidas íntimas experimentamos cambios sustanciales en nuestra relación con el mundo a raíz de la pandemia (que modificó nuestra manera de estar en casa, de alimentarnos o relacionarnos con nuestros seres queridos y con el trabajo), creemos que las relaciones en el mundo van a seguir iguales después del coronavirus.

 

Tampoco un virus global y letal hace sombra al capitalismo. Algunas voces optimistas se alzaron en el campo filosófico y con fuertes dosis de realismo o melancolía fueron desdeñadas entre artistas y expertos de las ciencias sociales. De todos modos es importante recordar algunas de sus palabras.

 

Podríamos decir que “un comunismo reformado basado en la confianza en las personas y en la comunidad científica” fue el corolario más interesante de la prédica de Zizek. Es valorable que subraye la importancia de eliminar el carácter fascista y omnisciente del Estado bajo el comunismo. Ninguna persona errará al rechazar la idea de que la tendencia económica es hacia el comunismo, pero si empezamos a nombrarlo, en vez de dejar que la derecha lo grite, si empezamos a caracterizarlo con fases más humanas, quién nos dice.. quizás en la próxima pandemia.

 

Pandemia y rol del Estado 

 

Los típicos mecanismos de mercado se revelaron como inservibles para evitar el caos o el hambre bajo la actual pandemia, fueron los Estados quienes rápidamente construyeron camas, hospitales y respiradores para atender a la población: la asignación de mercado no hubiera servido. De igual modo fue el Estado quien emitió el dinero que la economía dejó de generar en el entorno pandémico y eso abre lugar a pensar ¿en esas capas sociales donde el sistema económico nunca llegó no deberá quedarse el Estado para garantizar derechos básicos?

 

Luego tenemos a Franco Berardi “Bifo” quien lee a la pandemia como una emancipación de lo útil y lo matérico; algo bastante inusual en el entorno digital de nuestra era del semiocapital y la abstracción financiera. Lo llama “el retorno de lo útil”, no sin poca epopeya. Menciona que el virus es una recombinación matérica, aunque difícil de categorizar (¿es una sustancia biótica o abiótica?) pero además y al mismo tiempo es pura información (genética). Escuché al artista Carlos Huffman mencionar que se sabe que los virus son los únicos organismos capaces de transmitir información genética entre especies, es decir, de forma horizontal. De modo que estamos ante una verdadera revolución desde el punto de vista genético.. vaya a saber qué rasgos futuros en nuestra especie tengamos que agradecerle al coronavirus.

 

Bueno, el virus es una recombinación matérica y da lugar a una recodificación universal, dice Bifo: nos permite disparar nuevos razonamientos, cruces, versiones de lo posible. Así, con bastante romanticismo escribe:

 

  • “Es nuestra experiencia de estas semanas una enorme expansión del tiempo vivido online; no podría ser de otra manera porque las relaciones afectivas, productivas, educativas deben ser transferidas a la esfera en la que no nos tocamos y no nos juntamos. Ese espacio que presupone una exactitud lampiña, sin pelos y sin polvo, que no conoce la ambigüedad de los cuerpos físicos ni goza de la inexactitud como posibilidad. 
  • Pero entonces ¿qué? ¿qué sucederá después? ¿y si la sobrecarga de conexión termina por romper el hechizo 
  • Quiero decir: tarde o temprano la epidemia desaparecerá..: ¿no tenderemos quizás a identificar psicológicamente la vida online con la enfermedad? ¿No estallará tal vez un movimiento espontáneo de acariciamiento que induzca a una parte consistente de la población joven a apagar las pantallas conectivas transformadas en recuerdo de un período desgraciado y solitario?
  • No me tomo demasiado en serio, pero lo pienso.”

 

Por otro lado, el filósofo surcoreano Byung Chul Han no se priva de reflotar su idea del “exceso de positividad” aunque quizás algo fuera de lugar en el marco de una pandemia.. En mi opinión, su aporte más interesante es hablar del “tecno-totalitarismo”, que afloró como recurso para fines más ponderables durante la pandemia. Las sociedades asiáticas, dice, son más obedientes y acatan el uso de apps y cámaras de vigilancia que permiten rastrear el movimiento y comportamiento de millones de habitantes y que habilitaron al gobierno chino a lidiar exitosamente con el contagio de la covid-19. Nos cuenta que en China hay más de 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial, “captan incluso los lunares en el rostro. A su vez se burla del atraso europeo (individualista y defensor de la libertad) respecto a estas prácticas: en Europa primaron medidas algo vetustas como el cierre de fronteras y el aislamiento.

 

Por el contrario, el historiador israelí Yuval Harari rescata un aspecto vanguardista de la Europa contemporánea en la figura de Ángela Merkel. La presidente de Alemania fue la única líder capaz de comandar políticas globales. Que si bien atañen exclusivamente a la región del Euro, fueron las únicas que parecieron confirmar esa creencia de que “de esta salimos entre todos”. El excesivo nacionalismo y la falta de cualquier sensibilidad social del presidente de Estados Unidos supuso un faltante clave en el diseño de las políticas que serán determinantes para el futuro de la pospandemia. Donald Trump no piensa en el conjunto, mientras crecen telarañas en organismos que otrora fueron creados para lidiar con crisis globales: el Banco Mundial, Naciones Unidas, el FMI.

 

Es cierto que el panorama no luce alentador máxime si se tiene en cuenta que veníamos de décadas de bajo crecimiento y con caídas sostenidas en el comercio mundial. Economías débiles ahora sucumben, qué pasará después está por verse.

 

Las palabras de Agamben  reflejan algunos planteos extremos oídos también en nuestro territorio. Agamben se pregunta cómo puede ser que un país entero se haya derrumbado ética y políticamente ante una enfermedad sin darse cuenta. El coronavirus se trata para él de un riesgo controlable. Algunas personas hablan también de asumir ese riesgo so pena de seguir encerrados, no hablan de la muerte sino de una versión más diluida de los efectos del coronavirus, pero igual se quedan en casa.

 

Es que sucede algo innegable ya que en ese acto de salvación que pudiera asumirse individualmente, inmediatamente experimentamos que la vida sólo es vida si es social. Que salir caminar o correr en soledad no suple ese encuentro azaroso y cándido con otras personas, que llevarse un café express no suple al encuentro en bares alternando entre una conversación y otra, que nada mejor que interrumpir una charla y eso no se puede hacer por zoom. Debemos tener paciencia y pensar cómo podemos hacer entre todos para vivir en una sociedad más amigable.

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