La noticia de una nueva misión del Fondo Monetario a Buenos Aires para la semana que viene sorprendió otra vez al establishment, desorientado ante un hermetismo oficial como pocas veces se ha visto. Por la velocidad con la que concluyó la semana pasada que la deuda argentina es insostenible y con la que decidió fletar ayer nuevamente a sus emisarios hacia Ezeiza, todo indica que Kristalina Georgieva se apresta a firmar el programa Stand-By más rápido de la historia del organismo. Eso le permitiría patear tres años hacia adelante sus vencimientos, como quiere Martín Guzmán, pero sin violentar tanto sus normas ni su credibilidad como le habría exigido hacerlo bajo el paraguas del anterior acuerdo, heredado del tándem Macri-Lagarde.

El miércoles próximo, cuando se acomoden en torno a las mesas del salón Versailles del hotel Alvear para el almuerzo con el que el Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (CICyP) agasajará a Alberto Fernández, los más destacados miembros de ese establishment en modo "wait and see" esperan escuchar algunas definiciones. Hasta anoche había 462 anotados y otros 60 en lista de espera, dispuestos a pagar los $10.000 que vale el cubierto para los socios o los $15.000 para quienes no lo son.

La expectativa empresarial es tal que el CICyP tuvo que alquilar también el salón Vendomme y ampliar el besamanos a casi toda la planta baja del más recoleto de los hoteles porteños. En las mesas principales estarán Jorge Brito, Eduardo Eurnekian, Alejandro Bulgheroni, Miguel Acevedo, Julio Crivelli, Javier Madanes Quintanilla, Cristiano Rattazzi y Adelmo Gabbi. También confirmó presencia el presidente de la Sociedad Rural, Daniel Pelegrina, quien volverá a cruzarse allí con el ministro de Agricultura, Luis Basterra, después de la reunión de ayer por la suba de retenciones a la soja. La incógnita es si un lockout con tractorazos le podrá especial pimienta a esa mesa.

¿Que dirá Fernández sobre la reestructuración de la deuda, dos días después de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso y con otra misión del Fondo a punto de aterrizar? ¿Qué podrá inferirse de sus palabras, muy probablemente ambiguas, de cara al reseteo de la economía que todo el país aguarda? ¿Pedirá más sacrificios a la población después de la poda a jubilados y a maestros o empezará a apretar las tuercas de sectores más pudientes? La definición mantiene entretenido al 1% criollo, pero con una novedad respecto de crisis pasadas: aunque no se hayan ido a vivir a Uruguay como Marcos Galperín, están tan dolarizados que ya prácticamente miran a la Argentina con los mismos ojos extrañados de un administrador de portafolios con oficina en Wall Street.

Outsiders

Lo decía Mercedes Marcó del Pont en las discusiones previas al 10 de diciembre, cuando todavía no se sabía si volvería al Banco Central o si iría a la AFIP, como finalmente ocurrió: la dolarización de carteras de todo el mundo VIP fue tan vertiginosa durante 2019 que no había por qué temer una disparada de la brecha entre el dólar oficial y las distintas versiones del paralelo, ni siquiera manteniendo el supercepo de Guido Sandleris. El patrón bimonetario de la economía, que ya existía, terminó de consolidarse. La brecha, en parte, se mantiene anestesiada por ese fenómeno: las ventas de quienes "queman" parte de esas reservas en divisas acumuladas durante el año pasado, incluso con los pesos que se iban a precisar en los meses siguientes.

El problema es que, después de la desregulación cambiaria hardcore del macrismo, ese comportamiento parece haberse apoderado de todo dueño de algún capital, por mínimo que sea. Los ahorros de la clase media están en dólares en el colchón y los de la clase media acomodada también en dólares, aunque en cajas de seguridad. El capital de trabajo de las Pymes está en el "canuto" que la mayoría de sus dueños tienen para eventualidades, también en dólares y fuera de los bancos, y el de las grandes empresas hace tiempo que se refugió en cuentas offshore.

Para el empresariado, por eso, la reactivación de la economía local no es tan urgente como para un Presidente que ya escucha el tic-tac de las elecciones de medio término mientras procura aplacar las inevitables internas de un frente tan diverso como el que lo catapultó a la Rosada. Si la promesa central de campaña de Alberto fue "volver a encender la economía" y el mandato que luego se autoimpuso fue atender la crisis social que dejó Macri, cumplir con ambos a la vez le exige otro desafío: dejar de querer quedar bien con todos.

Té de tilo

Aunque suene rarísimo leerlo en una semana que amenaza con cerrar como la peor para las acciones estadounidenses desde 2008, con el coronavirus a punto de convertirse en coronacrisis y con el precio de las commodities cayendo en picada al son del aislamiento chino, la situación geopolítica regional parece ahora muy propicia para que Fernández logre del Fondo lo que jamás habría obtenido apenas seis meses atrás: un tiempo de gracia. Fue clave que, en medio de la incertidumbre que reina en Brasil, Chile y Bolivia, él se autopromocionara en Europa y en Washington como un garante de paz social en la región. "Se nos valora que podemos hablar con todos", confió a BAE Negocios un negociador encargado de esas gestiones.

Además, y por razones parecidas, la propia diplomacia multilateral atraviesa una crisis inédita. "Hay un resquebrajamiento de ciertos consensos que antes parecían indiscutibles. Siguen siendo ortodoxos en lo económico, obviamente, pero (Donald) Trump sacudió el multilateralismo con su prédica anti-OMC, anti-ONU y anti-acuerdos comerciales. Y eso se extiende al Fondo" , abundó la fuente.

Los nuevos vientos soplan incluso en el Banco Mundial, justo enfrente del Fondo. En diciembre se publicó allí un informe titulado "la ola global de deuda es la más grande y rápida en 50 años". El trabajo advierte que solo en 2019, la deuda de las economías llamadas emergentes trepó siete puntos en relación a su PBI, el triple que durante la crisis latinoamericana de deuda de los 70 que terminó en el Plan Brady.

Lo vivió en carne propia David Lipton, el recién depuesto subdirector gerente del Fondo. En Riad, todos los miembros de la delegación que acompañó a Guzmán se sorprendieron por la ostensible cara de pocos amigos que exhibió el economista, veterano de mil batallas. Parecía incluso ido o deprimido, según contaron, en la cena donde la burocracia mejor paga del mundo lo despidió con honores. Es el precio que también pagaron Anne Krueger y Anoop Singh por confiar demasiado en gobiernos argentinos que prometían ajustar y pagar.

Del plan "A" al plan "C"

El apoyo del Fondo, incluso aunque sea sin condiciones nuevas -algo todavía por verse-, no implica que la renegociación privada vaya a avanzar. El abismo que todavía separa a los acreedores del deudor es que para los primeros, la Argentina tiene un problema de liquidez. Y para Guzmán es de sustentabilidad. Es decir, de solvencia.

Mientras eso siga así, los bonistas propondrán soluciones de liquidez, muy distintas a las que necesarias para un problema de solvencia. Unos se enfocan en el largo plazo y otros en el corto. Por eso los enviados de bancos y fondos de inversión se quedaron con las ganas de más precisiones en las reuniones que mantuvo Guzmán en Manhattan, siempre bajo siete llaves. Porque hablan idiomas distintos.

Macri solía decir que no tenía plan B. Y no mentía. Navegó siguiendo a pies juntillas la hoja de ruta de Wall Street, traducida primero por su amigo Luis "Toto" Caputo y después por Nicolás Dujovne, hasta que se estrelló contra los acantilados de la depreflación, la devaluación y finalmente el reperfilamiento. Terminó con el blasón de haber sido el primer presidente argentino en postularse a su propia reelección y fracasar. Solo un milagro puede devolverlo a la política.

Alberto Fernández, en cambio, explica en privado que él sí tiene un plan B. Que si no hay acuerdo con los acreedores, habrá que apechugar y enfrentar un default no deseado. Pero en el mercado financiero no le creen. "Del plan A iríamos directo al plan C", bromeó uno de los consultores más cotizados del momento. Y explicó: "La A es por Alberto, obvio. Y la C, ejem ¿cómo se llama la vicepresidenta?".

Más notas de

Alejandro Bercovich

El acreedor del día después: debates de cuarentena sobre dinero y poder

El acreedor del día después: debates de cuarentena sobre dinero y poder

La cuarentena y el poder: todos unidos ¿triunfaremos?

La cuarentena y el poder: todos unidos ¿triunfaremos?

Alberto Fernández y las diez plagas de Olivos

Alberto Fernández y las diez plagas de Olivos

Debates del día después entre vivos y bobos

Debates del día después entre vivos y bobos

La platea VIP palpita dolarizada la definición: rescate culposo del Fondo o plan "C"

La platea VIP palpita dolarizada la definición: rescate culposo del Fondo o plan "C"

No se apuren a afiliar a Kristalina

No se apuren a afiliar a Kristalina

Aerolíneas perdió más de USD9,5 millones por un canje de millas con el Banco Galicia

La operación fue avalada por Malvido, ex titular de la empresa

El establishment, entre la certeza del desastre y la tentación del rebote

El establishment, entre la certeza del desastre y la tentación del rebote

Experimentos, amagues e internas en la cornisa del default

Experimentos, amagues e internas en la cornisa del default

Pegar, ceder y pactar: escenas de albertismo explícito, de Vicentín al FMI

Pegar, ceder y pactar: escenas de albertismo explícito, de Vicentín al FMI