La pandemia trajo la aceleración de los procesos de digitalización en muchas de las actividades económicas de nuestro país siendo el sector comercial, quizás, el más notorio, dada la abrupta ruptura de las relaciones comerciales habituales. En este sentido, resulta oportuno hablar de su reconversión.

Se trata de un cambio en el modelo de negocios que afecta la estructura sobre la cual las empresas realizan sus operaciones habituales. Si bien algunas ya estaban embarcadas en lo que conocemos como el comercio digital (con un desarrollo menor al que tienen actualmente) otras comenzaron a operar en este canal a raíz de las restricciones del ASPO. Esto es confirmado por datos empresariales que indican que antes del 20 de marzo, un 65,5% de las empresas no contaba con un esquema de ecommerce, porcentaje que se redujo al 49,5% inmediatamente después. Asimismo, de las empresas que sí utilizaban el canal digital, el 31,9% manifestó una mayor tasa de operaciones a partir de las medidas de aislamiento.

La migración al ecommerce

La importancia de aumentar la migración hacia lo digital tiene que ver con que implica un menor costo operativo; conduce a una mayor formalización y a un aumento del tráfico de datos, lo que mejora la información de los consumidores y permite optimizar la segmentación, la forma de venta y la publicidad.

Por su parte, para el consumidor significa una mayor oferta y transparencia de precios. En términos de teoría económica podemos decir que el e commerce acerca el mercado a una situación de competencia perfecta; y ésta, a su vez, conduce a una mayor calidad de los productos y servicios.

Este fenómeno que se aceleró en los últimos meses ya venía en crecimiento desde hace algunos años. Pero, a diferencia de otros países de la región, nuestra economía se encuentra un paso atrás. Al calcular el comportamiento del segmento B2C (business to consumers), desde 2014 a 2019 se observa que en nuestro país hubo un crecimiento, en término de facturación en dólares, de sólo 14%, al lado de México, que creció un 49%; Brasil, que avanzó un 52%, y casos exitosos como Colombia, que registró un alza de 152%. Además, mientras los países de la región mantuvieron tasas de crecimiento anuales en esos años, Argentina es el único que tuvo un zigzag entre tasas negativas y positivas.

Aumento del comercio digital en América latina 

Ecommerce en Argentina

El único año en el que superamos al resto de los países fue el 2017, que fue cuando las billeteras electrónicas tomaron mayor impulso en el mercado – sin desmerecer por supuesto el buen avance del consumo privado que hubo en ese año – , lo que indica que Argentina transita un camino más desorganizado hacia la digitalización.

El motivo de tal vaivén es la fuerte correlación con otros indicadores, como el consumo privado, lo que indica que nuestro problema tiene que ver con débiles condiciones macroeconómicas. Sin embargo, hay algunos otros desafíos que nuestro país puede comenzar a resolver con el objetivo de lograr la tan anhelada “resiliencia económica a través de la transformación digital”. El Estado debe propiciar un buen entorno de e business. No todas las empresas asocian el e commerce con mayores ventas, lo que puede responder a que perciben problemas estructurales que de no ser atendidos ralentizan la digitalización.

Uno de estos desafíos tiene que ver con la penetración, calidad y precio de internet. Argentina ostenta una de los mejores indicadores de la región, con una tasa de penetración de 77%, por detrás de Chile (83%) y frente al gigante Brasil (71%). A pesar de esta buena noticia, existe un desequilibrio en el interior del país y en este sentido, no debe perderse de vista que el proceso de digitalización debe ser nacional.

Financiamiento y ciberseguridad

Por otra parte, el nivel de bancarización de nuestra economía es muy bajo, ubicándose detrás de Chile, Brasil y Uruguay. Esta situación, además, se relaciona con dos puntas, por un lado, la formalización – necesaria para hacer políticas públicas y mejorar la recaudación y distribución de recursos –; y por el otro, el bajo desarrollo del mercado financiero. La decisión de cualquier innovación está determinada por las expectativas de retornos futuros, si hay trabas para lograr financiamiento y/o tiene un alto costo, menor será su adopción.

Asimismo, el desarrollo de estas tecnologías depende, entre otras cosas, del contexto institucional, que determina, a su vez, el paradigma tecno económico. Por este motivo, además de la confianza típica en las instituciones y en el mercado financiero, se debe mencionar la importancia de invertir en la ciberseguridad.

Otro punto importante es la competencia. Estudios indican que las estructuras de mercado afectan la innovación. A mayor competencia más presión para innovar o incorporar nuevas tecnologías. Pero, además, debe entenderse que tal incorporación implica adaptarse a nuevos métodos de trabajo, lo que conlleva un costo de aprendizaje –rezago de imitación –, debido a los cambios organizacionales que la empresa y/o comercio debe afrontar.

En este sentido, es crucial poner recursos en la educación y la capacitación (con fines digitales). La innovación está ligada a las habilidades técnicas, las empresas que cuentan con éstas son más productivas que la media y, a su vez, la digitalización contribuye a ese liderazgo.

Y, por último, pero no por ello menos importante, generar políticas para la migración de la fuerza de trabajo, donde la educación también tiene un rol fundamental. Si bien Argentina siempre tuvo buenos niveles de educación, desde hace algunos años fue disminuyendo su crecimiento en relación a lo que pasa con otros países de la región. Asimismo, las empresas que demandan mano de obra con habilidades técnicas muchas veces declaran tener problemas para satisfacer esa demanda. ¿Es muy descabellado pensar en políticas que incentiven más la capacitación en áreas tecnológicas?; ¿estamos preparando a los recursos para lo que el nuevo mundo demanda?

Hacia lo digital es adonde Argentina y el mundo van, es el nuevo capitalismo, no lo perdamos de vista. Ya llegamos tarde a la industrialización, ¿nos vamos a perder también la digitalización?

* Economista, integrante de Paridad en la Macro 

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