El surgimiento de un Nuevo Orden Internacional (NOI) es un tópico recurrente de nuestra columna, debido a las implicancias que de él se derivan para todas las esferas de la vida social y, en especial, en sus dimensiones política y económica.

Esta reconfiguración, cuyas condiciones de posibilidad y permanencia están dadas por el aprovechamiento diferencial del acceso (en términos de cantidad y precio) a los insumos energéticos por parte de los países que la lideran, se desarrolla signada por la confrontación, que se expresa en los conflictos, declarados o latentes, que afectan a distintas zonas del globo, y que a diferencia de las de otrora, son parte de una lid en la que los pueblos derrotados no verán cercenado su territorio, sino que sufrirán el impacto en la tasa de desocupación.

En el marco del nuevo funcionamiento sistémico mundial, Internet no podría quedar fuera de sus impactos.

La producción, la defensa y la seguridad nacional

Los saltos de calidad logrados en el campo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) durante el apogeo de la globalización, a imagen y semejanza de esa época, se materializaron en servicios y productos que fueron llegando hasta los más recónditos parajes del mundo, sin mayores regulaciones nacionales, como lo exigía el dominio irrestricto del libre comercio.

Contrario sensu, las medidas de Administración del Comercio Exterior (ACE) que se extienden a lo largo del orbe, modificaron la situación. Y, a su vez, el concepto de la protección de los entramados productivos domésticos vuelve a enfocarse también desde el prisma de la defensa y la seguridad nacional, tal cual lo explicitara el gobierno de EE. UU. en ocasión de arancelar la importación de mercancías provenientes de la República Popular China1(RPC).

Desde ese punto de vista, resulta un asunto de fácil comprensión, el porqué de los esfuerzos que algunos países vienen volcando en la modificación de la topología de sus redes, en la búsqueda de alcanzar una mayor independencia respecto del reducido número de empresas que controlan el tráfico de información.

No están en una "nube"

Tratando de construir una analogía sencilla para describir el funcionamiento de la famosa "nube", podríamos imaginar una red donde los nudos (o nodos, como también se puede decir) están atados simétricamente, como las usadas en los antiguos arcos de fútbol.

En esa trama, una gota de agua que tuviese voluntad propia y quisiera trasladarse de un nudo a otro, podría hacerlo por un sinnúmero de caminos y, si un hilo se cortara, podría elegir otro. Así, de un punto al siguiente, en infinitas sucesiones posibles.

Pero también podemos imaginar que los nudos no respetan tal simetría, y que uno concentra una enorme cantidad de cuerdas que provienen de otros nudos y obliga a la gota a pasar por él en algún tramo de su recorrido, cualquiera sea el escogido.

Para la voluntad de llegar de la gota de agua, lo que pase con ese enlace es trascendente, porque basta que alguien corte esa única atadura para que aquella no pueda llegar a su destino.

Esta descripción se corresponde con la red física de Internet, que no es otra cosa que un conjunto de computadoras (interconectadas a través de océanos y continentes), entre las que circula y en las que se almacena lo que miles de millones de personas tributan.

Es esa red física la que conduce la información que se produce y, como en el caso de la gota de agua, si se corta uno de esos nudos gigantes no hay Internet.

En la actualidad, siguiendo con el aspecto físico, tiene un diseño (o topología) que dista mucho de observar simetrías, lo mismo que sucede con los lugares donde las empresas llamadas "gigantes tecnológicos" (o Big Tech, en especial navegadores y redes sociales) acumulan, sistematizan y explotan los datos que circulan por la red.

No están en una "nube", ellas los tienen.

Esa figura retórica, promovida para la presentación de Internet como instituto abstracto espacialmente indeterminado, fruto de un esfuerzo comunitario, cuyos usuarios son a la vez (y en forma equitativa) sus propietarios, invisibiliza el papel de las empresas y de sus verdaderos dueños.

De allí que resulte reñido, desde los puntos de vista predominantes en el NOI, y en particular desde el enfoque de la defensa y la seguridad nacional, que la totalidad de la información que circula por Internet (y, como consecuencia, el almacenamiento sistemático de esos datos) transite por nodos que controlan otros.

¿Redes nacionales?

Hace pocos días, la Federación de Rusia (FR) hizo un anuncio que ocupó la primera plana de los principales diarios del mundo: logró desconectarse de Internet para probar RUNET, una red propia que, según su Viceministro de Comunicaciones, posee una infraestructura capaz de mantener operativa la circulación de información y los servicios de redes del país "en caso de amenazas externas".

Siguiendo con la analogía del principio de la nota, la FR no hizo más que reemplazar los nudos que concentraban el paso de todo el flujo de Internet desde y hacia el país, por otro bajo control nacional. Una tarea muy sencilla de enunciar, pero muy trabajosa y costosa de realizar.

Siguiendo un camino que previamente había emprendido la RPC, Rusia trabajó durante 10 años para lograr ese objetivo.

Claro que la posibilidad de que pueda afectar las actuales categorías jerárquicas que controlan la red, ha generado las críticas de algunos sectores, que están principalmente dirigidas a la supuesta amenaza que implica la irrupción de "lo nacional" en el control sobre Internet, alterando la "pax romana" a la que ha conducido la aceptación acrítica de su actual topología física.

Es por demás lógico que en el actual estadio de consolidación del NOI, las naciones comiencen a demandar participación en la regulación y el diseño de una red que hoy está en manos ajenas.

MoDEPyS y TIC

El vínculo en el que se imbrican los entramados productivos de los países con las prioridades de la defensa y la seguridad nacional, al tiempo que se hace cada vez más evidente, se devela indisoluble.

Por ello:

  • desarrollar e implementar una topología de la red acorde a los intereses y la ciberseguridad nacional y la de sus habitantes,
  • producir y administrar los servidores que direccionen localmente su tráfico, y
  • generar una infraestructura doméstica que permita el desarrollo soberano de aplicaciones y servicios seguros,
  • son desafíos que no pueden ignorarse.

La recuperación de la soberanía argentina en el manejo y acumulación de la información, los datos y sus usos posteriores, constituye una más de las múltiples dimensiones en las que debe desplegarse un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), orientado a la producción, como el que nuestra Patria requiere y debe alcanzar.

1- “Nacionalistas, globalizadores y las decisiones de inversión”. BAE Negocios, 23/4/18

* MM y Asociados