De repente todos parecen haber quedado conformes. O al menos eso le quieren hacer creer al electorado. El mapa se reconfiguró con velocidad en el camino al vencimiento del plazo de inscripción de los frentes electorales. Las dos fuerzas principales lograron mantener su compartida hegemonía en la sociedad. Para lograrlo, debieron reconfigurarse en virtud del fuerte rechazo social que también compartían. O, por lo menos, fingir que lo hacían.

Mauricio Macri y Cristina Fernández se vieron obligados a tomar nota de que más de la mitad de la población los rechaza abiertamente. Hubieran preferido seguir como si nada, e incluso lo intentaron, pero el ejercicio de jugar con la realidad siempre tiene un límite cuando la brecha entre lo que se dice y lo que sucede se agranda hasta límites ridículos.

La líder de Unidad Ciudadana fue la primera en reaccionar. Su propia explicación resultó inverosímil: "Le propuse a Alberto que sea mi candidato a presidente", sostuvo reservándose, Ella, un segundo lugar. O se trata de un engaño y será la vicepresidenta quien tome las decisiones o se retira del juego. No hay doble comando en el sistema argentino, ni siquiera entre amigos. Sólo el futuro responderá ese interrogante, de ganar el Frente de Todos. Mientras tanto, la dirigencia pone cara de acá no pasa nada y celebran como si tuvieran motivos para celebrar, como si tuviera lógica, como si hubieran resuelto el problema.

Macri y Cristina tomaron nota de que más de la mitad de la población los rechaza

Con otra fórmula, el oficialismo practicó el mismo juego de engaño. Cambiemos estaba agotado, ni el nombre quedó. ¿Cambió algo? Un simple refresh para sacarse de encima el halo de fracaso que implicaba verle la cara a Macri en los actos oficiales. Miguel Pichetto no le aportó nada nuevo al proyecto. Apenas le dio un cambio de aire. Aquí también, se esforzaron por impostar aplausos como si hubieran resuelto una complicadísima ecuación. Hasta los mercados (exagerados e injustos tanto a la hora de castigar como cuando te deparan halagos) aportaron a la fiesta vacía. Esa parte del electorado que Cambiemos sensibilizó con un elogio a la república, ve la fórmula y duda de votar en blanco. No lo harán. El voto Espert apenas llegará testimonialmente hasta las PASO. La primera vuelta pondrá a todo el país de un lado u otro de la trinchera. Mientras tanto, los generales se llenarán la boca asegurando que, por fin en Argentina, llegó la hora del consenso., Macri y Cristina se las rebuscaron para seguir manejando los hilos a pesar de que la marioneta amagaba a rebelarse.

La realidad los obligó a cambiar. Lo hicieron lo menos posible, sobreactuando lo que en realidad no es (por lo menos no es lo que se esfuerzan en mostrar). Alcanzó de sobra para sacar de carrera a la verdadera amenaza: la posibilidad de que ambos se quedaran sin el poder. Sergio Massa y Roberto Lavagna se encargaron de asegurarse de que eso no sucediera dinamitando la chance de construir una alternativa posible. Mentirosa, híbrida, retorcida, la grieta se las arregla para sobrevivir. Hasta perdió, en buena medida, el sesgo ideológico para mantener apenas entretenida a la gilada.

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