A mediados del siglo XIX los debates y conflictos ideológicos que rodearon a la Primera Internacional (1866-1876)(1) y, algo más tarde a la Segunda Internacional (1889-1914), dieron forma a un espacio ideológico dentro del naciente universo de la llamada "izquierda", la socialdemocracia.

Esta facción concluyó que, antes que confrontar de manera directa con el sistema capitalista, era mejor e incluso deseable integrarse y adoptar sus normas. Aceptaron los roles de garantes de la estabilidad en Europa occidental y de actor de importancia en la geopolítica de la etapa de la Guerra Fría (circa 1948-89). La desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) impuso su reconversión. La nueva "idea" fue adaptarse a los tiempos.

La llamada "tercera vía", con su adecuación plena a las lógicas de "mercado" y el abandono de los discursos clásicos en favor de una narrativa cuya letra se parecía, pero la música la ponía la globalización, es el desenlace.

En un cambio paradójico la libertad no es "ganar el pan con el sudor de tu frente" y tener independencia económica tal como da el pleno empleo y el entramado productivo de empresas y comunidad, sino que el Estado "garantice" económicamente las necesidades básicas, extendiendo el gasto social en planes de asistencia al "infinito".

A su vez, existe, una profunda ligazón (al punto de constituir su núcleo instrumental) con el pensamiento económico "Neoclásico", "Marginalista", o "Neoliberal".

Cuesta lo que vale

"Se te fue la mano con el precio" era la frase típica de un industrial a un proveedor o de una familia al comerciante del barrio, que reprochaba a estos por haberse excedido en el margen.

Naturalmente, para que ello fuera posible la noción de costos del producto o servicio ofrecido formaba parte del conocimiento de la sociedad. Estaba incorporado en el debate entre los actores hasta la irrupción, a mediados de los 70, del Mercado como el único lugar donde se definen los precios.

Un "bien o servicio final" pasó a costar lo que oferente y demandante están dispuestos a pactar por él.

Las cosas valen, y esto tiene que ver con los gustos, las preferencias, o los intereses especulativos de los actores individuales.

En esta dirección, el margen de la operación queda indeterminado. Para resolver dicha situación se incentiva la "competencia" bajo el supuesto de que múltiples unidades de producción y comercialización, concurrentes, lo minimizan.

Ahora bien, existen bienes - aceros, aluminios, insumos difundidos - donde, dado el volumen de la inversión comprometida para su producción, y el tamaño de la demanda potencial, el oferente es único.

La solución encontrada es maximizar la competencia. De allí la apertura irrestricta del mercado doméstico a la competencia extranjera, con sus contundentes resultados en términos de destrucción de empresas y puestos de trabajo.

Resumiendo, tres son los pilares sobre los cuales descansó el encuentro entre los neoliberales y los socialdemócratas:

  • El rol del mercado
  • El incentivo de la competencia
  • La apertura irrestricta de la economía

Finalmente, con el "Consenso de Washington", ambas corrientes políticas, redactan el "decálogo" (Urbi et Orbi) del buen gobierno que imperó bajo el régimen de la globalización, a partir de la caída del muro de Berlín.

Cuesta lo que cuesta

Los bienes y servicios finales receptan (libres de duplicación) en cada paso de la cadena de valor: trabajo humano y una proporción de capital, trabajo acumulado.

El Precio Final (PF) de mercado incorpora todos estos Costos Totales (CT) de producción más el Margen (M) del último eslabón.

En este esquema M, que es la diferencia entre PF y CT, emerge objetivo y transparente.

En el hemisferio occidental, y por ende en nuestro país, a pesar de que la visión del precio subjetivo (dada la necesidad y gustos del consumidor) se impuso a la del precio objetivo (CT +M), las empresas no dejaron de "hacer costos" en una manifestación de resiliencia a la postre salvadora.

Por ello siempre fue posible visibilizar los márgenes y permitir que, en algunas ocasiones, si estos excedían lo "lógico y razonable", el Estado haya resultado un eficaz regulador buscando el "bien común".

En este marco "la competencia" deja de ser un dogma "fuera de toda duda" y la construcción de una economía "solidaria", podría transformarse en una tea votiva.

Asimismo, la apertura irrestricta de la economía, y su correlato de acuerdos internacionales de libre circulación de bienes y servicios, dejan de ser el objetivo liminar de la inserción internacional.

En síntesis:

  • El PF es una función de los costos.
  • La competencia no es un principio ordenador absoluto del mercado.
  •  Los acuerdos de libre comercio deben subordinarse al interés nacional.

Es evidente que a partir de las dos visiones descriptas se construyen sociedades muy distintas.

Su Santidad Francisco ilumina el debate, sobre estas dos sociedades posibles, cuando afirma :

"El mundo es rico y, sin embargo, los pobres aumentan a nuestro alrededor".

Solo un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable, orientado a la producción con eje en el sector privado, permitirá que todos los hijos de esta tierra, como ya mencionamos, "se ganen el pan con el sudor de su frente"  Esta es la solución.

                      

                                                       * Guillermo Moreno, Lic. Walter Romero y Lic. Alejandro Alvarez (h.)

                                                                                                        MM y Asociados

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