Las decisiones en cuarentena son muy complejas. Los especialistas aconsejan generalmente no tomar decisiones de importancia en estos momentos de estrés, dado que pueden perder asertividad. Excepto que sucedan situaciones inevitables, lo aconsejable es parar la pelota y esperar que aclare. Especialmente con las decisiones de largo plazo, en las que la miles de variables conscientes e inconscientes impactan en la precisión de las ideas. El nivel de estrés cronificado, la falta de movimiento, las dificultades subjetivas de espacio y temporalidad, así como la pedida de gran parte del libre albedrío por el confinamiento, son condicionantes que dificultaran una correcta elección.

La toma de decisión de las personas puede ser considerada como la función cognitiva final, consecuencia del conjunto de múltiples actividades intelectuales, emocionales e instintivas, que intervienen en la conducta humana. Decidir es un proceso multicausal.

Pueden considerarse tres tipos de decisiones. Primero, la “decisión inmediata” con un alto componente inconsciente (por ejemplo manejar un auto). Segundo, “decisión a mediano plazo” con mayor componente consciente ( como decidir una actividad del día siguiente), por último “la de largo plazo”, con miles de variables, conscientes e inconscientes ( por ejemplo, casarse o un viaje programado). Todas difieren mucho, tanto desde su base neurológica hasta la función en sí.

Es importante para una buena resolución, la fluidez y el control de excesos de pensamientos. Las personas obsesivas, disparadas en situaciones de estrés, muchas veces se exceden en los análisis, deteniendo las conductas. Entonces, atosigan de información el pensamiento y no lo dejan descansar. En estrés se disparan los mecanismos obsesivos, especialmente a los que tenían este rasgo como característica. Estos procesos, muchas veces se exceden en los análisis, deteniendo las conductas. Tolerar la incertidumbre y manejar la fluidez será esencial para mejorar el nivel de aciertos.

La tranquilidad, por lo contrario, ayuda al proceso de creación de ideas y genera el trabajo de zonas corticales que se activan sólo con la fluidez (por ejemplo, el precúneo cerebral) y que colaboran en la integración de las ideas con la percepción. Es clave entonces pensar y después reposar, para luego resolver problemas, como método más exitoso.

Una de las funciones más complejas, difíciles de evaluar y probablemente la consecuencia final de toda la cognición, es tomar decisiones. La elección que hace una persona en plena libertad, sin coacción y con todas las posibilidades abiertas.

La elección a corto plazo implica conductas rápidas emocionales y subcorticales, como una respuesta repentina. A mediano y largo plazo, la decisión es mucho más elaborada, consecuencia de la lucha entre emoción y razón. Se ha observado que el razonamiento lógico es mucho más efectivo en decisiones cotidianas de mediana complejidad que en las de complejidad extrema como las de largo plazo. En estas últimas, sería más efectivo darla bastante espacio a lo instintivo.

Se piensa a la capacidad intuitiva como un proceso por debajo del umbral de la conciencia, clave en la evolución. Uno de los primeros conceptos es que si bien lo intuitivo se corresponde con un mecanismo inconsciente, se encuentra muy influido por la actividad consiente. Además, es modificable por la emoción y el nivel de estrés.

Intuición y estrés 

El psicólogo experimental Thomas Goschke de la Universidad Técnica de Dresde, observó que en tranquilidad se generan mejores y más eficientes intuiciones. Describe como en diferentes test experimentales el bajo estrés y el buen humor generan intuiciones eficientes, que se traducen en correctas tomas de decisiones. En test de Juegos al azar, que requieren de intuiciones; el ansioso o el deprimido cometen más fallas, arriesgando más y perdiendo más rápido.

A estos mecanismos intuitivos inconscientes el premio nobel Daniel Kahneman los llama "mecanismos implícitos" de la mente. En el que trabajan sectores inconscientes corticales de procedimiento, junto con sectores emocionales (amígdala cerebral) y otros preventivos (temporal derecho e ínsula. Kahneman llama a la otra ruta, la "racional consciente “como "explícita"; que corresponde a funciones racionales asociativas (especialmente neocorticales) pero que conllevan una interacción y control de lo intuitivo.

Lo intuitivo es un proceso automático atravesado por la emoción, muchas veces útil para sobrevivir, pero que no puede trabajar sólo y sin el control racional; pues podría convertirse en muy peligroso. Ya que no es prudente evaluar toma de decisiones complejas sólo intuitivamente. La intuición es una función en la supervivencia del más apto.

La situación de estrés y riesgo exacerba los rasgos de personalidad de las personas. Se observará una lucha entre la el altruismo versus el egoísmo. El egoísta tendría un narcisismo con una autoestima de alta intensidad, que impacta en las relaciones sociales y laborales de la persona.

En el registro cerebral de neuroimágenes de estas personas, sólo se activan áreas emocionales cuando se les ocasiona un perjuicio a ellos y no cuando son agredidos los otros.

Nuestra conciencia de los otros puede afectarse en cuarentena. Construida por el pensamiento, la emoción, la voluntad y la sensopercepción, pero apoyado por la experiencia y la importación de la subjetividad de los otros. La subjetividad lleva implícita la intersubjetividad para concebir la realidad e impactar en nuestra apreciación y elecciones posteriores.

Las emociones y el razonamiento no se producen sólo en la el cerebro, sino en el resto del sistema nervioso y en parte del cuerpo. El corazón, el sistema autónomo y el hormonal, entre otros, condicionan la corporización y la representación de la realidad y las elecciones subsecuentes. Las metáforas corporales sintetizan también expresiones emocionales, como por ejemplo levantar el pulgar en mensaje de aprobación o fruncir el ceño, enojo. Expresiones especialmente atávicas que puede observarse modificadas en confinamiento. Señales que pueden percibirse y representarse realidades cambiadas, diferentes a los que sentiríamos en normalidad, y modificar nuestras conductas electivas.

La capacidad de autoevaluación ( metacognición) se encuentra alterada en cuarentena. Así también se afecta la evaluación de los otros (cognición social). Ambas conllevan la evaluación probabilística de una elección y sus consecuencias. Se corre entonces riesgo de generar decisiones, que no serían las que hubiéramos tomado en momentos de normalidad. Mejor parar la pelota.


 

* Doctor en Medicina y Filosofía. Prof. Titular UBA. CONICET


 

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Ignacio Brusco

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