Estaba previsto que el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, realizara una conferencia de prensa propia un día después del anuncio de extensión de la cuarentena en la residencia de Olivos, donde estuvo a la derecha del presidente Alberto Fernández. Pero después de que el tercer integrante de la mesa, el gobernador Axel Kicillof, desgranara sus cuestionamientos hacia la gestión de María Eugenia Vidal, que lo precedió en la provincia, pareció imperioso a las autoridades porteñas desempalagarse un poco de la sintonía fina con el gobierno nacional.

Rodríguez Larreta es desde hace tiempo la apuesta de recambio de liderazgo en el Pro. Pero claramente, no es sólo el elegido del macrismo sino también del albertismo, que hizo de la necesidad una virtud y no deja pasar oportunidad para mostrar el diálogo que tiene con el mandatario porteño. 

El sábado a la noche, cuando Kicillof dedicó unos párrafos críticos contra la gestión de Vidal, Larreta disimuló su incomodidad. "Ampliamos enormemente la estructura de salud, que estaba muy deteriorada", soltó el gobernador bonaerense. El Presidente, más elegante, mantuvo la cordialidad con el porteño y destacó varias veces la confluencia laboral. Alberto, en cambio, fue más ácido contra los periodistas y la prensa que cuestiona la extensión de la cuarentena y reclamaba atención sobre la "angustia" que provoca en sectores de la ciudadanía.

El domingo a la mañana, Larreta hizo un tiro a tres bandas. "Sé la angustia que significa el encierro", señaló y retieró por lo menos en dos oportunidades su agradecimiento "a los medios por difundir información para que los ciudadanos permanezcan en sus casas, que se cuiden si tienen que salir y que den a conocer los sitios oficiales en los cuales sacarse las dudas sobre el comportamiento por la pandemia. El tercer gesto no fue discursivo sino estético-sanitario. Todos los funcionarios porteños, cuando no era su turno de hablar, permanecieron en la conferencia de prensa con los cubrebocas puestos. El jefe de Gobierno, con uno llamativo con los colores de la bandera argentina. Una señal para las "Valentina", que mandaron preguntar en la conferencia de prensa de Olivos por qué el Presidente no usaba cubrebocas.

Cambio de época

Los primeros cuarenta días de la cuarentena fueron los más difíciles para la gestión pública pero, tal vez, los menos escarpados para la conducción política. No hubo disidencias notorias en materia de enfoque sanitario, decisiones económicas y posicionamiento del Gobierno en la región. Pero en las últimas dos semanas "los contrarios también juegan" y comenzaron a mover las fichas. Ayer, por lo pronto, el Ministerio de Salud tuvo que salir a aclarar una dato erróneo sobre la tasa de mortalidad. Al ritmo de la recuperación de la dinámica política y de la retracción de la actividad económica, las malas noticias comienzan a permear un poco más en la piel social.

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