El surgimiento del Nuevo Orden Internacional (NOI), caracterizado por la puesta en valor de los vectores de competitividad de las economías nacionales, se desarrolla en una dinámica de fondo esencialmente confrontativa1 , una lucha sin concesiones por la determinación de cuáles son los pueblos que tendrán trabajo y cuáles lo perderán.

Y, como hemos tratado de manera recurrente (la semana pasada, entre otras oportunidades), ese reordenamiento paulatino de las relaciones internacionales, cada vez más ajeno a las premisas de la globalización, condenan al fracaso a quienes se arrojan a los brazos del libre comercio, toda vez que éste, como modelo hegemónico y excluyente, ha sufrido su derrota final con la deserción de los Estados Unidos de sus filas.

El (relativamente) nuevo escenario abre, para la Argentina y para el conjunto de las Américas, un panorama que tanto ofrece formidables oportunidades como serias amenazas.

En esta ocasión, nos interesa revisar (parcialmente) el mapa actual de la región, desde el mismo prisma que utilizáramos en nuestro artículo “Otra cuota de la III Guerra Mundial” (BAE Negocios, 20/1/20) para la realidad de nuestro país; esto es, el de la perspectiva de la correspondencia de las representaciones políticas con las corrientes de pensamiento que expresan las distintas etapas del ordenamiento internacional.

La América del Norte en el NOI

Hoy los EE. UU. han convertido la Administración del Comercio Exterior (ACE) en un instrumento gravitante de su política económica y, en vez de garantizar el libre intercambio de bienes y servicios mediante la OMC, han paralizado a esta institución.

En cuanto a las “áreas de libre comercio”, no sólo se retiró del pretendido Acuerdo Transpacífico, sino que dio por tierra con el antiguo NAFTA2 , estableciendo nuevos pactos con México y Canadá centrados en la modificación de condiciones perjudiciales para la industria manufacturera norteamericana3 , redefiniéndolo en el actual UMSCA4 .

Así, con la subordinación de toda la América del Norte a la premisa de “América first”, se sentaron las bases fundantes del Nuevo Orden Internacional en el continente.

Iberoamérica entre lo viejo y el interrogante de lo nuevo

Las extendidas dificultades de las economías iberoamericanas expresan tanto la caducidad de la globalización como lo que ocurre con sus procesos políticos que, en gran medida, se encuentran aún lejanos de adaptarse al NOI emergente.

En Brasil, el ideario neoliberal que abrazan las administraciones desde la reelección de D. Rousseff, sostenido por M. Temer y continuado con J. Bolsonaro, no ha sido capaz de revertir el estancamiento económico, y quizás podría lidiar con la reacción de los actores empresariales perjudicados por este diseño.

Ni el camino de aceleración del acuerdo UE-MERCOSUR ni la posible incorporación a la OCDE abrirán las puertas a un modelo de desarrollo.

Sin embargo, no es de descartar la eventualidad de que ese esquema alcance sustentabilidad interna, al menos por algún plazo, en tanto que, en función de mayores niveles de exclusión social y desigualdad distributiva, permita recomponer la tasa de ganancia de una masa crítica de empresas a expensas de sueldos y salarios, garantizando acumulación y reproducción del capital, al tiempo que facilite el equilibrio del sector externo.

Pero, de fracasar, podrían cobrar relevancia otro tipo de propuestas políticas y económicas, en las que las consignas autoritarias y discriminatorias enarboladas por el actual presidente en su campaña electoral, se tornen hegemónicas5 .

Por otra parte, desde la segunda mitad del año pasado, en varios países sudamericanos (Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia) la convulsión social ha mostrado su rostro, con protestas masivas -muchas veces violentas- y fuertes niveles represivos.

En casi todos los casos subyace, como telón de fondo, una profunda inequidad, agudizada por el estancamiento o retroceso económico que la región atraviesa.

Los modelos alumbrados por el mundo globalizado han implosionado.

Sin embargo, como tendencia general, las principales propuestas económicas -como las representaciones políticas que las sostienensiguen entrampadas dentro de los parámetros establecidos durante el auge de un orden internacional que ha fenecido, augurando, al menos para el corto plazo, la imposibilidad de superar las actuales dificultades que, para peor, tenderán a profundizarse.

Es que, en el terreno de la política, las opciones mayoritarias se disponen en la antigua escala, propia del apogeo del Consenso de Washington, que va desde el neoliberalismo a la socialdemocracia, sin dejar de observar ciertos casos en los que incluso perduran ecos, esencialmente discursivos, de la era de la Guerra Fría.

El presente de Chile nos brinda el ejemplo más acabado: la revuelta permanente desde hace casi cuatro meses ha impactado en todos los niveles de la actividad social y económica, sin soluciones a la vista, en tanto las propuestas de superación cursan los mismos senderos y protagonistas que crearon las condiciones de su emergencia.

Muy diferente podría resultar el trance de Bolivia (que se encamina a un nuevo proceso electoral luego de la dimisión de Evo Morales), ya que parece emerger, como dato novedoso, una expresión que desde un enfoque ideológico inequívocamente supremacista, discriminatorio y excluyente, distanciado tanto de la socialdemocracia como del neoliberalismo, se encarna en la alianza social y política que sostiene al actual gobierno de transición.

Tal vez el nacionalismo de exclusión ya haya hecho pie en Sudamérica.

Presente y futuro

La mayor parte de la América Ibérica repite, en cierto modo, la experiencia europea posterior a la debacle de 2008 y la irrupción de la revolución energética norteamericana6 .

En el principio del proceso que daría fin de la globalización, los intentos de resolver la crisis económica apelando a diferentes dosis de los mismos remedios, no sólo resultaron vanos, sino que contribuyeron a agravar la situación.

Del desgaste que ese fracaso produjo sobre las representaciones políticas tradicionales, emergieron nuevas expresiones, basadas tanto en el rechazo a los “procesos de integración regional”, como en el desprecio hacia sectores sociales que cumplieron el papel de chivo expiatorio de las desdichas.

Así, en pocos años, estas expresiones del “nacionalismo de exclusión” pasaron a ser la primera o la segunda fuerza política en muchos países europeos.

Si las crisis que atraviesan las economías de Iberoamérica son tratadas con los antiguos manuales de la globalización, los fracasos tenderán a perpetuarse. O, tal vez, darán a luz proyectos de nacionalismo de exclusión, que desplacen, reconfiguren o reemplacen a las actuales representaciones políticas.

Es, entonces, central para el destino de nuestro país tanto comprender las implicancias de este Nuevo Orden Internacional, como prever adecuadamente los devenires de la región, con las oportunidades y las amenazas que entrañan.

En la actual etapa de definiciones del rumbo económico doméstico y del tipo de inserción internacional de la Argentina, es indispensable saber aprovechar las ventajas que el contexto ofrece, en orden de instaurar un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable, con orientación a la producción, exitoso.

Pero también representa la posibilidad y la responsabilidad de que nuestra Patria, fiel a las tradiciones de sus movimientos populares, dé un ejemplo, para la región y para el mundo, de que el nacionalismo de inclusión7 no sólo es posible, sino que además es superador.

1 Proceso no exento de violencia, al que el papa Francisco caracteriza como III Guerra Mundial en cuotas.
2 Sigla de North American Free Trade Agreement.
3 Por ejemplo, en el caso de la industria automotriz, promoviendo la mejora de los salarios y las condiciones de contratación en México.
4 Sigla de United States, Mexico, Canada Agreement.
5 A diferencia de la heterogeneidad hoy presente al interior del gobierno brasileño en la actualidad.
6 Proceso de abaratamiento de los costos de extracción y puesta en producción de los reservorios de esquisto como fuente masiva, que dio lugar a una drástica disminución de los precios energéticos y, en consecuencia, de los costos primos unitarios de los bienes manufacturados.
7 “Otra cuota de la III Guerra Mundial”, BAE Negocios, 20/1/20.

*MM y Asociados