Una mentira nunca puede deshacerse. Ni siquiera la verdad es suficiente.
Paul Auster

Las mentiras y las injusticias pueden ser inaceptables si se producen en grupos pequeños o en el uno a uno. Diferente es lo que sucede en grandes masas donde pequeños grupos llegan a manejarlas. Así sucedió y sucede en gobiernos de ultras en los que unos pocos manejan la sociedad. Sea en el stalinismo o en el nazismo, o como en las actuales autocracias donde son pocos los ideólogos que manejan las masas. Muchos de los manejos son basados en mentiras aceptadas por la sociedad.

La mentira requiere de una función intersubjetiva, pues necesita de dos personas: de quien miente y del interlocutor engañado que debe creer; o en su defecto descubrir que le mentían. En este descubrimiento de la mentira funcionan procesos inconscientes. En un estudio realizado por Ten Brinke y su grupo de la Universidad de Berkeley, describieron que si las personas saben que se enfrentan a una prueba para detectar una persona mentirosa descubren menos las mentiras, que si no lo saben. Así, los sujetos que no sabían que debían descubrir mentiras tuvieron mejor performance.

En una publicación del año pasado en Proceedings of the National Academy of Sciences se mostró que cuando se analiza individualmente la detección personal de mentiras las personas reconocen aproximadamente sólo el 50% de las mismas (es decir que es similar a si lo evaluaran al azar). Pero cuando se actúa en grupo y especialmente si el grupo dialoga para extraer una conclusión, se incrementa fuertemente la cantidad de aciertos para develar una mentira en una prueba.

Emoción culposa

La reiteración de las mentiras desensibiliza a largo plazo al insincero, adaptándose a engañar. En un trabajo realizado Neil Garret y su grupo del Colegio Universitario de Londres detecto que en Resonancia Magnética Funcional de Cerebro en que la amígdala cerebral se dispara ante la emoción culposa, disminuye su activación ante la reiteración de las mentiras; es decir el mentiroso siente cada vez menos displacer con la insinceridad.

Esta habituación puede suceder también en la persona receptora de la mentira, ante la reiteración y/o variación de las mismas haciéndose costumbre esta aceptación afectiva al engaño en una grupo familiar, político o social.

Al defender posturas forzadas se van generando argumentos que finalmente cambian la comprensión subjetiva de la verdad, peligrosamente. Se genera así un relativismo a lo que algunos cognitivistas llaman el "tribalismo de la verdad".

Sobre esta base instintiva más primitiva, el engaño se complejiza intensamente en el humano, agregando un gran cerebro con funciones cognitivas, que le adicionan una gran subjetividad y la posibilidad de flexibilidad intelectual; con cambios de planes ante el descubrimiento de la mentira.

Cuando se analiza individualmente la detección personal de mentiras las personas reconocen aproximadamente sólo el 50%

En promedio algunos especialistas consideran que el 25 por ciento de nuestra interacción social se encuentra enmarcada por engaños intersubjetivos. Se piensa en general que la mentira es un proceso de engaño premeditado, que necesita de muchos recursos cerebrales para poder gestarse.

Mentir requiere de un proceso muy complejo, desarrollado especialmente por el humano. Es necesaria gran capacidad intelectual (especialmente para no ser descubierto) además de un sistema emocional y corporal controlado.

Se plantea que la posverdad intervenga en el "razonamiento motivado", que podría asemejarse al funcionamiento de los sistemas de creencias. Es decir, ideas que tienen algo de razón pero que contienen componentes emocionales como la identificación partidaria, religiosa o de otro tipo de cuestiones como la política, el deporte o la ecología.

Dicho esto, las personas quedan expuestas a la posverdad ante situaciones que parecen coincidir mucho con su propio parecer. Las premisas pueden estar cargadas de postulados falsos y sin embargo quedar enmascaradas en el contexto emocional de esos sujetos o grupos.

Sesgos cognitivos

Difícil actuar entonces contra sistemas de creencias. Se conoce que dentro de estas cuestiones están las ideas políticas, religiosas o de placebo, que nos hacen confiar o desconfiar según sea la afinidad con el planteo o quien lo plantee.

Cambiar de una creencia, aun montando cuestiones racionales, puede ser muy difícil, quedando de lado cuando la emoción coopta el pensamiento racional. Esto genera un contexto muy accesible para posiciones posfactuales, que se enmarcan sobre las personas que creen emocionalmente algún tema o que se sienten identificados con un grupo de referencia.

Las redes virtuales van ganando lugar en foros virtuales que reafirman ideas que aun estando equivocadas y podrían cambiar los criterios de veracidad basado en los sistemas de creencias, es decir más en la fe que en la verdad basada en la evidencia.

Mentir requiere de un proceso muy complejo, desarrollado especialmente por el humano. Es necesaria gran capacidad intelectual (especialmente para no ser descubierto) además de un sistema emocional y corporal controlado.

Podría decirse que la posverdad es la mentira repetitiva, que trata de convencer de algo que es irreal a sabiendas de ello. Es una práctica muy utilizada en la actualidad, pero no novedosa. Se le suma a esto el imparable aumento poblacional: durante cientos de años la población mundial se incrementó lentamente, pero actualmente se multiplica sistemáticamente, siendo hoy casi 8000 millones personas los habitantes del mundo; que amplifican intensamente cualquier repercusión informativa.

El término posverdad adquirió energía a partir de un discurso dado por Angela Merkel en el año 2016 en donde planteó: "Últimamente vivimos en tiempos posfactuales". A partir de ese momento se instaló con mucha energía el término, con la contribución de las diferentes redes sociales.

Los sistemas de creencias producen la expectativa de confianza, impactan sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea, es decir, creer en algo o en lo contrario, la idea negativa.

Aparece entonces un "sesgo partidista", que sería como una desviación cognitiva hacia el grupo con el que identifica la persona. Existe en consecuencia lo que los estudiosos del tema llama un "sesgo de confirmación", con una tendencia a interpretar las propias expectativas y que refiere a la propia ideología, como plantea la investigadora de redes sociales Michela Del Vicario.

Algunas investigaciones muestran trabajos que pequeños grupos detectan aún más las mentiras que una persona sola. Pero solo si hablan entre ellos sobre el tema, cuestión que no sucede en grandes masas y menos en las redes donde los algoritmos de confirmación basados en las creencias sólo unen a tribus que hablan nuestras mismas ideas

Los manejos de medios hegemónicos y de redes permitirán arribar a verdades o mentiras masivas. Que opinan aún más del riesgo del orden imaginario tribal que naturalmente las sociedades tienen naturalizadas como realidades afianzadas.

* *Neurólogo y psiquiatra. Doctor en Filosofía. Vicedecano de la Facultad de Medicina de la UBA. Conicet

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Ignacio Brusco

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