A 24 horas de la consagración de Alberto Fernández como presidente electo comenzaron a moverse los rumores sobre su futuro gabinete. Ese grupo al que, mientras era candidato, quiso preservar del desgaste que implica tener que explicar o analizar medidas públicamente sin estar en funciones manteniendo sus nombres en reserva y que ahora deberá comenzar a encargarse de la transición con el gobierno saliente de Mauricio Macri. Después de que en las últimas semanas Fernández dijera que tiene intenciones de conformar un gabinete con una integración equilibrada entre varones y mujeres, los primeros nombres que empezaron a sonar fueron los de ellas.

En las últimas horas, dos referentes clave del Frente de Todos confirmaron a BAE Negocios la posibilidad de que la diputada provincial electa Malena Galmarini se sume al equipo de ministros que trabajará junto a Fernández, aunque no está definido en qué cartera. Su nombre suena tanto para Salud, como para el aún no creado Ministerio de la Mujer o de la Igualdad (bautismo en proceso), o para Educación. Hace un año, el 28 de octubre de 2018, en una entrevista con La Nación, Galmarini declaraba: "Me gustaría ser, por ejemplo, ministra de Educación (...) Para eso hay que tener un equipo capacitado, un buen liderazgo, un plan posible y un presupuesto adecuado". La información que circula cerca de Fernández la ubica cerca de cumplir ese objetivo.

Además, una de los cuatro encargados de coordinar la transición con el macrismo, Vilma Ibarra, también suena para el gabinete. En su caso, como futura secretaria de Legal y Técnica. Ibarra tiene una frondosa carrera en el Estado, con intervenciones en la Convención Constituyente, mandatos como diputada y senadora y el activo de haber sido una de las dos principales impulsoras de la Ley de Matrimonio Igualitario. Además ex pareja del presidente electo, los dos retomaron el contacto hace pocas semanas y ayer mismo Fernández la designó en el cuarteto que comandará la transición, junto a Santiago Cafiero, Gustavo Béliz y Eduardo "Wado" De Pedro.

Junto a Galmarini e Ibarra, se anotan también entre las mujeres que suenan para el gabinete la diputada Victoria Donda (que iría al ministerio aún no creado ni bautizado en caso de que no recale allí la dirigente tigrense) y la santafesina María Eugenia Bielsa, consustanciada con las propuestas en materia de vivienda y urbanismo del gobierno entrante.

Si se plasman los deseos de una parte del Frente de Todos, a ese grupo podría sumarse además una jefa de bloque mujer en la Cámara de Diputados. Hay en el frente peronista ampliado quienes imaginan a Luana Volnovich, segunda diputada nacional electa por la provincia de Buenos Aires, conduciendo la bancada oficialista si no se va al gabinete.

Macri deberá ganarse en lo hechos más que en las palabras el liderazgo de la oposición

Las versiones y reacomodamientos alcanzan, por supuesto, también a la coalición Cambiemos. Mauricio Macri reunió ayer a la mesa política del frente electoral y les anunció que tiene intenciones de ser el jefe de la oposición a partir del 10 de diciembre. El 40% de los votos nacionales convierten sus aspiraciones en válidas, aunque el cargo que busca se gana en los hechos más que en las palabras. Daniel Scioli, por caso, se había quedado con el 48% de los votos en el balotaje de 2015 y no lideró a la oposición después de aquella elección. Tampoco lo hizo la dueña de aquel caudal electoral, Cristina Fernández de Kirchner, a quien luego de aquella derrota, gobernadores e intendentes intentaron borrar del mapa político. No tuvieron éxito, está más que claro.

Macri también deberá enfrentar, así es la dinámica política, rechazos y desafíos a su autoridad después de dejar la Casa Rosada habiéndose convertido en el primer presidente que busca su reelección y no la consigue. De cómo gestione esas tensiones dependerá en buena medida su futuro político, ahora atado a un voto muy conservador, que es el que consiguió arrebatarles a José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión con las marchas del Sí Se Puede y el rechazo explícito y reiterado a la ampliación de los derechos reproductivos de las mujeres.

En la misma reunión en la que Macri anunció sus deseos, la fundadora de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, anunció sus intenciones de retirarse de la política partidaria. Aunque por las condiciones que puso, está claro que seguirá gravitando en el escenario político nacional. Fiel a su estilo, Carrió despotricó contra todos sus socios electorales en la privacidad de la Casa Rosada y anticipó que, si bien quiere dejar el Congreso, se guardará para sí el poder de veto que le otorgan la quincena de diputados que tendrá a partir de diciembre y el poder mediático de su voz.

Por caso, ya comenzó a utilizar ese poder de veto que reivindica para sí. Con su amigo Mario Negri reelecto por Córdoba, Carrió espera que sea él quien continúe al frente del interbloque Cambiemos en Diputados después de diciembre. Para allanarle el camino (que de todas formas el cordobés, dicen en su equipo, estaría en condiciones de pelear por los votos de sus compañeros), la líder de la Coalición Cívica ya avisó que no está de acuerdo con que el mendocino Alfredo Cornejo (muy crítico de Macri) o el peronista PRO Cristian Ritondo pretendan ese lugar. Como mucho, podría tolerar al larretista Álvaro González.

Al salir de esa reunión, además, la diputada mandó un audio al grupo de whatsapp del interbloque Cambiemos. Les aseguró que el frente continuará siendo uno en la política nacional, les explicó que se jubila para dedicarse a su familia, resaltó que recorrió 15 mil kilómetros haciendo campaña, les dijo que está contenta con la elección y orgullosa de los diputados, y destacó con énfasis su alegría por lo que considera una revolución: que Macri pueda terminar el mandato.

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