Si bien el capitalismo no inventó la opresión de género, su organización de la "reproducción social" descansa sobre nosotras. Así la crisis actual no es para las mujeres sólo un tiempo de sufrimiento sino un momento de despertar político y una oportunidad de liderazgos para un cambio más radical. El neoliberalismo nos ha traído a un punto de quiebre y no retorno: el costo de vivir cada vez nos requiere de más horas de trabajo para ni siquiera cubrir lo básico y, a su vez, el Estado cada vez nos apoya menos en las tareas de cuidado y nos exige más tareas.

Ya hay un poco más de conciencia, aunque no está resuelto, que las mujeres hacemos dos tercios del trabajo de la humanidad, cuidando a niños/as, adultos/as mayores y personas con discapacidad y el nuevo gobierno asumió el compromiso de contribuir con nosotras reparando estos déficits, especialmente con el anuncio de la universalización de la educación inicial, el "apoyo a las tareas de cuidado" y la incorporación de la perspectiva de la reproducción social en la economía.

Pero hay nuevas infinitas tareas cotidianas que la vertiginosidad del moderno capitalismo nos impone: somos nosotras las que mayoritariamente comparamos precios y caminamos a cinco lugares diferentes para comprar más barato, somos nosotras las que hacemos colas y perdemos horas en comunicaciones telefónicas para reclamar que las empresas de servicios públicos privatizadas nos cobran mal, o miden mal, o que el internet concentrado en las telefónicas monopólicas se corta y no funciona, o que un sistema de alarmas, telefonía celular o una empresa de salud arbitrariamente te cambia de plan o te cobra lo que se les da la gana, o la mala presentación de los servicios de transporte, o que la venta on line o la venta telefónica de la empresa de electrodomésticos funciona mal y no te entregan el producto o no te facturan correctamente, o que la tarjeta de crédito te cobra lo que no corresponde, o la comisaria donde denuncias reiterada e inútilmente robos y hurtos sin que haya ninguna eficacia en la recuperación de lo robadoà etc. Esto es: lo que las empresas se ahorran en personal de atención al público y ganan especulando con los dineros mal cobrados y lo que el Estado recorta en control de las prestaciones de servicios a esas empresas o en defensa de derechos de la ciudadanía, todo eso además tiene costos invisibles cuyo valor nadie valora y que pagamos con nuestro trabajo no remunerado, nuestro tiempo y hasta nuestra salud, por la malasangre cotidiana que nos hacemos.

Las feministas en esta etapa queremos y sabemos como reordenar el Estado para defendernos de los abusos de los poderes económicos concentrados y de las falencias del propio Estado. A nosotras además de la inflación nos escandaliza que se aprovechen de nuestros trabajo invisible. Hay institucionalidades creadas nominalmente que no están funcionando: entes reguladores, defensorías del pueblo, áreas de defensa al consumidor y de atención a las víctimas. Muchísimos organismos duplicados, "cosméticos" o ineficaces.

Se deben simplificar y facilitar a la ciudadanía esas engorrosas tareas burocráticas que se ponen generalmente en nuestra cabeza. Se deben desburocratizar o activar las áreas hoy ineficaces del Estado. Pero fundamentalmente debe primar un cambio de mentalidad para cambiar el sistema.

*Fundadora de la Asociación de Mujeres Jóvenes de Argentina y del Instituto Social y Político de la Mujer