Las medidas de salvataje a la economía que el mundo parece estar coordinando en las últimas horas ante el impacto negativo del Covid-19, le dan una esperanza a los países emergentes de la periferia para salir de esta crisis a través de un impulso con un gran combo de medidas neokeynesianas. En el centro del mundo, las cosas podrían no ser tan así.

Las razones son dos: la primera, se refiere a la praxis de los grandes operadores de mercados, que se corresponde con la incertidumbre financiera, económica, social y política que desata la pandemia. En los hechos, nadie puede saber con certeza cuándo acabará ni cómo será su impacto final en la economía, por lo que los estímulos fiscales en EE.UU. y Europa aún son menores que los que se dieron en la crisis de 2008: el gobierno de Trump propone un envío masivo de cheques a los ciudadanos en las próximas dos semanas y promueve un paquete de estímulo de 850.000 millones de dólares, mientras la UE inyectará 400.000 millones para evitar el colapso de la economía.

La otra razón es ideológica, la cual es mucho más importante que la práctica ya que es la ideología la que conduce la toma de decisiones.Y es que pese a que se afirma últimamente que el mundo vive por el coronavirus un "cambio de época" intelectual, donde el vapuleado estado de bienestar de la posguerra volvería de la mano de estos paquetes de estímulo que gobiernos neoconservadores o neoliberales como los de Estados Unidos, Francia, Alemania o Italia están forzados a tomar por la profundidad de la crisis, en los hechos es muy probable que esto no ocurra tan rápidamente.

La razón es muy simple: entre quienes toman decisiones importantes en el mundo -es decir, las que afectan a millones de seres humanos- la ideología suele comportarse en diferentes momentos o fases, igual que una epidemia.

Asi, para el pensador esloveno, Slavoj Zizek el primer momento de la ideología es el de "convencernos de la verdad". Esto es básicamente la aplicación de "un conjunto de doctrinas y conceptos", destinado a convencernos de su "verdad", y sin embargo, "al servicio de algún interés de poder inconfeso". Zizek habla así de la ideología religiosa de la Edad Media o la ideología capitalista. Esta fase puede equipararse a la de la primera y sutil fase de las pandemias donde, las sociedades reaccionan protegiendo solo sus intereses económicos y político.

En segundo lugar, la ideología se materializa a través de las prácticas, mecanismos e instituciones que le dan cabida. Y entran a actuar los aparatos ideológicos del Estado, que operan como un orden regulador, que a través de reglas implícitas o explícitas de sometimiento y de sus instituciones (escuela, universidad, iglesia, los medios de comunicación y ahora las redes sociales) . El estado de excepción, catástrofe y cuarentena obligatoria se corresponde con la segunda fase de la epidemia, la de reconocimiento. En esta fase las personas reaccionan exigiendo explicaciones y aceptando las que el Estado les da, aunque eso le quita derechos.

Pero el más complejo es quizas el tercer momento, donde la ideología intenta desaparecer como un fantasma, que solo se relacionan con la ideología desde la negatividad. Como señala Zizek, la ideología se intenta convertir en una no-ideología cuando se transforma en una "elusiva red de actitudes y presupuestos implícitos, cuasi "espontáneos", que constituyen un momento irreductible de la reproducción de las prácticas "no ideológicas" (económicas, legales, políticas)" Esa estrategias de la ideología es la de la tercera etapa, la que nos intenta hacer pensar que "todos tiramos para el mismo lado" en medio de la pandemia, borrando lo que en gran medida es la ideología: un conjunto de emociones, ideas y creencias colectivas, reproducido por un grupo dominante especialmente interesado en generar influencia, conducción o control de ese colectivo. Esta fase en la epidemia coincide con el pánico generalizado de los ciudadanos, ya que sin pánico sería imposible el olvido de nuestras diferencias sociales, políticas, económicos y, sobre todo, ideológicas.

En este contexto la gran pregunta sigue siendo dónde nos encontramos como nación: si en la tercera o segunda fase. Pero si creemos, como señala Zizek, los cambios ideológicos solo se hacen posibles después de un "gran milagro", entonces quizás no sea de incautos creer que el fin del coronavirus ("el gran milagro") sea la puerta de ingreso a una nuevo y desconocido cambio, donde la ideología deje de ser una cosmovisión pensada por pocos y creída por muchos.

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