El líder es distinto. Más allá del desplazamiento de representaciones míticas a modelos de "primus inter pares" que experimentan los sistemas políticos posmodernos, la función de quienes dirigen está dotada de una centralidad que demanda un don extraordinario. ¿Es comunicacional o es político? ¿Vale la pena esa distinción? Tarantino utiliza la metáfora de Superman para expresar su favoritismo por el superhéroe que se despierta marciano y se disfraza de humano en plan de vivenciar las desgracias de los que lo rodean. Tato Contissa habla de la necesidad de salvar a Clark Kent, casi un émulo de Cristo en su obsesión de padecer como hombre.

Si el líder es un distinto que juega a ser igual o un normal con responsabilidades extraordinarias es una discusión que expresa la tensión entre dos modos de concebir la representación. ¿Qué es jugar a ser igual? En lo táctico, aparece la impostación de imitar la narrativa del hombre común, el que pasea el perro, toma mate a la tardecita, no cambia de bar ni se olvida de los cumpleaños. El público advierte rápido los artificios. Lo que te vuelve igual no es el origen ni las prácticas, es la comprensión. Que el otro entienda que reparás en sus preocupaciones, que sos responsable y eficaz en la toma de decisiones y que sus consecuencias van a tener efecto tanto para dirigentes como para dirigidos. Superman sabe del alcance de sus soluciones, pero necesita a Clark Kent para explorar la profundidad del problema.

El Día de la Marmota

El liderazgo expresa un conjunto de condiciones y de capacidades. Las primeras remiten a las virtudes con las que contás y facilitan la toma de decisiones: inteligencia, carisma, visión sobrenatural. El líder nace. Las capacidades agrupan un conjunto de inquietudes que te vinculan con el otro, como la sancionatoria, la empatía, la responsabilidad en el ejercicio dirigencial, etcétera. El líder se hace. Un tercer elemento produce la alquimia de darle vida a las condiciones y capacidades: la cultura política. En ella se resumen los límites de la acción recogiendo precedentes. Lo adecuado solo puede leerse en clave de aciertos y de fracasos pasados y cierta sensibilidad para comprender las demandas en tiempo presente. El líder interpreta.

La representación del liderazgo no se inscribe en términos individuales sino en la memoria colectiva sobre la cual una sociedad erige a sus próceres, a sus héroes, a sus imprescindibles y a sus necesarios. El modelo actual se lee en perspectiva histórica. Lo que un dirigente es se ajusta por la memoria de lo que debería ser. Un líder se pone un traje que la sociedad ha construido a lo largo del tiempo y que le presta por un rato. Si no estás dispuesto a sostener la narrativa de lo que representás en base a la capacidad de interpretar lo que se espera de vos estás delegando esa tarea.

Cuando un dirigente no consigue "clarkentisarse" pierde la posibilidad de dimensionar el problema del otro y habilita a la proliferación de los traductores. Estos traen al centro de la escena las problemáticas de los sectores que no encuentran respuesta en las políticas públicas ni inserción en la idea de sociedad que rige la acción de gobierno. Cuanto más compleja e invisible es la trama de relaciones de una comunidad, por caso el conurbano bonaerense, más mediatizada está la acción entre el poder central y los territorios. Dejar que un tercero te cuente lo que la gente es y precisa hace que el vínculo entre el líder y sus representados dependa demasiado de la buena voluntad del mediador.

Lo que la gente necesita suele generar malos entendidos. No es un interrogante que pueda solucionarse con lo que creés que hace falta ni en lo que te gustaría que se te demande: es la verdadera expresión de las carencias, en el plano objetivo o subjetivo. Por eso no se resuelve, en forma exclusiva, con un relevamiento exhaustivo de los indicadores cuantitativos.

Este sesgo de procedimiento segmenta urgencias de acuerdo con las franjas socioeconómicas y privilegia sectores, minando el principal capital de la representación política: tejer alianzas entre distintos. Las necesidades pueden ser subjetivas de quien en apariencia no las tiene. Y, considerando los resultados electorales, es fácil aprender que las necesidades subjetivas también provocan problemas objetivos.

Partir la sociedad entre los que tienen necesidades "objetivas", y precisan soluciones urgentes, y los que autoperciben que las tienen, y por tanto pueden esperar, provoca más grieta que la ideología política o partidaria. Genera una percepción de arbitrariedad y de jerarquización de las demandas que ofende, incluso, a los supuestos beneficiados, provoca orfandad en los que no consiguen ver interpretadas sus preocupaciones y convierte al representado en un objeto de acusaciones, con base en su supuesto egoísmo.

El liderazgo es, además, una proyección: la de un futuro promisorio creado a partir de una visión que universaliza, evitando la exclusión. Quien privilegie, en su narrativa de conducción, la representación de los intereses de un sector se condena a comenzar a construir su liderazgo de cero en cada jornada. Es la condena de Sísifo y su piedra o la terquedad de vivir el Día de la Marmota. Un Clark Kent que solo se preocupa por lo que le pasa a los periodistas.

La solución está en el problema

La capacidad de construirse como Clark Kent, aun naciendo Superman, demanda la voluntad de comprender a alguien más que a tus compañeros de oficina. Aunque es quimérico explorar las razones por las que los ciudadanos, convertidos en votantes, hacen lo que hacen, es posible sugerir que la gente decide en base a su identidad y a sus intereses, y que estos términos no se excluyen. Se elige a quien parece entender lo que te pasa, porque se supone que su acción será consecuente con esa comprensión. Quien no registre lo que padecés no va a encontrar la solución, porque ni siquiera sabe que necesitás una.

Quedan, para otro capítulo, dos problemas escondidos en los pliegues de la metáfora que nos prestó Tarantino: los Clark Kent que, nacidos humanos, se sueñan Superman (eso no puede salir bien) y los reflexivos que se autoperciben sabios y solo son inexpresivos, como el japonés de traje blanco de los Simpsons, que seguro "algo está por hacer".

La relación entre la comunicación y el liderazgo está expresada en dos elementos: comprender y gestionar. Cada acción se inscribe en una narrativa que robustece tu identidad o la debilita. No comunicás porque sos legítimo, comunicás para serlo. La posición de autoridad en referencia a un sistema surge de la capacidad de interpretar como Clark Kent y de actuar como Superman. El reverso de este modelo, leer la realidad como lo haría un marciano y resolverla como humano, siempre trae problemas en la política.