Las cotizaciones bursátiles del dólar, luego de haber llegado a escalar hasta un 72% en estos primeros meses de 2020 –el contado con liqui subió hasta 126 pesos el pasado 13 de mayo-, en la última semana bajaron un 6%. Quizás el motivo más relevante para quebrar la tendencia alcista haya sido el acercamiento de posiciones en la negociación por la deuda pública entre los mayores acreedores y el gobierno.

También contribuyó un clima internacional no tan hostil. En la primera quincena de mayo, las monedas de nuestros socios regionales acentuaron su depreciación, al ritmo de los temores del impacto económico de la pandemia. El Real en Brasil lideró esa tendencia y, al igual que las cotizaciones bursátiles del dólar en la Argentina, la moneda norteamericana llegó el 13 de mayo a su pico de 5,89 reales por dólar y, en la última semana, frenó su ascenso y retrocedió levemente a 5,76.

De esta forma, el dólar en la economía más grande de Latinoamérica acumula un incremento del 43% en 2020. Es la suba más importante del dólar en Brasil desde mediados de 2014, pero en esa oportunidad el salto había sido por un período breve. Si el tipo de cambio de casi 6 reales por dólar se estabiliza, habría que remontarse hasta la devaluación de enero de 1999 para encontrar un movimiento tan brusco y sostenido. Ese factor, por supuesto, deteriora la competitividad local tanto por precio como por la contracción de la demanda externa que implica. De hecho, para la CEPAL, la disminución de la actividad en la región será este año la más profunda de toda la historia de Latinoamérica con una merma del 5,3%. En América del Sur, después de Venezuela, las peores bajas esperadas son para Ecuador y Argentina con reducciones previstas del 6,5% y Brasil está en un segundo lugar con -5,2%.

Un tercer factor que se acopló a los dos anteriores con efecto significativo fueron las decisiones del Banco Central. Por un lado, para destrabar la liquidación de exportaciones del campo (en el primer cuatrimestre de 2020, los complejos cerealeros y oleaginosos liquidaron 1.479 millones de dólares menos que respecto al promedio del mismo lapso de los 5 años anteriores), la autoridad monetaria estableció que las firmas que conserven un acopio de trigo y/o soja por un valor superior al 5% de su capacidad de cosecha anual no podrán acceder a los créditos a tasa subsidiada del 24%.

En simultáneo, el Banco Central también extendió la norma que fija una tasa de interés mínima equivalente al 70% de lo que paga por las Leliqs (38%) a los plazos fijos de las empresas (hasta el viernes pasado sólo regía para las personas). Así esos depósitos, desde el lunes pasado, se remuneran al 26,6% nominal anual, lo cual implica una tasa efectiva del 30,1%, cuando antes llegaron a pagar menos del 20%.

Los datos preliminares de las consultoras sobre la inflación registrada en lo que va de mayo dan cuenta que el IPC sería inferior al 2% y, por lo menos, para junio y julio tampoco debería esperarse un salto inflacionario cuando el gobierno ya anunció que continuarán los congelamientos de tarifas y los controles de precios de bienes de consumo indispensable, hay un control del mercado cambio oficial con un resultado de cuenta corriente superavitario y, ante la depresión del consumo, es mucho más difícil que se produzcan abusos comerciales. En consecuencia, el rendimiento de depósitos a 30 días sería levemente positivo, limitando la decisión de las empresas de volcarse a la compra de dólares como reserva de capital de corto plazo.

Lo más positivo de la medida del Banco Central es que origina una transferencia de rentas del sector financiero al resto de las actividades económicas porque no implica encarecimiento del crédito, solo que los bancos van a tener que compartir una porción de la renta que obtienen por adquirir Leliqs.

El resultado de abril pasado de la encuesta de expectativas de inflación del Banco Central para los próximos 12 meses se había sumado al escenario negativo que envolvió la suba de las cotizaciones paralelas. Los consultados, que suelen basar sus análisis en afinidades políticas y/o marcos conceptuales monetaristas, habían aumentado de golpe casi 10 puntos su expectativa de inflación hasta el 49%. Con una tasa de interés de referencia para depósitos de las empresas de más de un millón de pesos inferior al 20% a mediados de abril, la tasa real esperada con esa expectativa de inflación por depósitos en pesos era súper negativa (llegó a superar el -20%), dado que esas expectativas lamentablemente gozan aún de una importante influencia en las decisiones empresariales generales, a pesar de la evidencia de que se equivocan sistemáticamente en función de su simpatía o no con el gobierno de turno.

No obstante, tasas pasivas por debajo del 20% no generaban ningún estímulo al ahorro en pesos ni con expectativas mucho más razonables de inflación (en torno al 35%). En un contexto de stress financiero por la larga recesión local, por los alarmantes datos sobre el impacto económico de la pandemia, por la incertidumbre en torno de la renegociación de la deuda y por las protestas de los agro exportadores por la suba de las retenciones, era muy probable que la brecha cambiaria pudiera dispararse como efectivamente lo hizo hasta niveles cercanos al 90%. Por eso, la autoridad monetaria tenía que tomar este tipo de medidas.

La mayor inquietud de los últimos días fue el crecimiento de la brecha cambiaria por dos motivos principales. Por un lado, acrecienta las expectativas de devaluación y, de mantenerse en esos niveles por períodos prolongados, estimula a que vaya extendiéndose la fijación de precios en niveles intermedios entre la cotización oficial y las paralelas. Y, por otro lado, fomenta declaraciones de importaciones sobrefacturadas o directamente la declaración de ciertas importaciones de servicios de difícil verificación respecto a su realización, también hace más atractiva la subfacturación, la no declaración de exportaciones o su postergamiento. Todo esto actúa directamente en contra de las reservas y, por lo tanto, de la sustentabilidad del modelo económico.

El complicado escenario se despejó en parte. Finalmente, el Banco Central actuó en la dirección necesaria, el contexto global podría estar mejorando después del pánico financiero inicial y de los registros de políticas preventivas que en ciertos países, como en el nuestro, están dando resultados exitosos de control de la pandemia y habría un buen acercamiento del gobierno con los acreedores que podrían derivar en un final con acuerdo por la deuda pública.

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Mariano Kestelboim

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