El trasvasamiento del poder surca por estas horas dos carriles paralelos. Uno es público, plagado de gestos y símbolos. Es el que transitaron esta semana noveles adversarios como Emilio Monzó y Marcos Peña y socios hasta hace poco impensables como Sergio Massa y su nuevo amigo "Maxi" Kirchner. Es el camino que atraerá todas las miradas hoy, cuando Alberto Fernández confirme los nombres de quienes ocuparán los últimos ministerios todavía no asignados, y que se agotará el martes, cuando finalmente empuñe el bastón de mando.

El otro carril, secreto y bastante más sórdido, es donde se ejercen las presiones y campean los lobbies. Es donde se disputa cuerpo a cuerpo en estos días el rumbo real del frente que consiguió desalojar al macrismo de la Casa Rosada y donde se guiona lo que luego se actuará en el teatro institucional. Una trastienda donde se fijan los límites de lo posible sin tantos reparos republicanos. Lejos de los flashes, las firmas y los registros de audiencias.

Los hombres de negocios más hábiles saben que en el primer carril son meros observadores, como cualquier ciudadano. Por eso se limitan a sonreír para las fotos y aplaudir hasta enrojecerse las manos. Ayer lo hicieron Guibert Englebienne (Globant) y José Urtubey (Celulosa Argentina), cuando propusieron en el grupo de whatsapp "Nuestra Voz" que todos postearan en sus redes sociales el siguiente texto: "Le deseamos éxito a Alberto Fernández en esta nueva etapa que comienza para todos los argentinos. Sabemos que depende de todos lograr un país federal con mayor equidad. Nos comprometemos a trabajar juntos para logar el crecimiento sostenible que necesitamos. #CrecerEsLaSalida". Rápidamente asintió Marcos Galperín, el fundador de MercadoLibre y empresario favorito de Macri. A la tarde, obediente, posteó la leyenda en todas sus cuentas.

Casi sin actividad, con apenas 25 ó 30 miembros que se animan a tipear algo, el chat "Nuestra Voz" contaba anoche con 233 participantes. Desde las PASO, cuando había varios en lista de espera pugnando por un lugar, el límite máximo de 256 participantes dejó de ser un problema. El intento de agrupamiento por fuera de las cámaras empresarias se hundió en la intrascendencia.

Tengo estos principios...

Uno de los que abandonó el grupo de chat la noche del batacazo del Frente de Todos en las PASO es el banquero Enrique Cristofani, entonces todavía jefe de la filial local del Banco Santander. Pero no por haber salido del chat dejó de hacer fuerza por Macri tras bambalinas. Durante todo septiembre y todo octubre, mientras Juntos por el Cambio buscaba la hazaña de descontar los 17 puntos de ventaja que le había sacado Fernández, el Santander lanzó varias promociones para empujar el consumo y ayudar a combatir el malhumor de la crisis. A su cargo en todos los casos, pactó descuentos y cuotas sin interés con cadenas comerciales. El mismo 27 de octubre pagó un costoso y enigmático aviso a página completa en los principales matutinos. Decían "mañana, como siempre, tu futuro depende de vos. Buena elección".

En diciembre del año pasado, en un cóctel, Cristofani había lanzado una proclama partidaria llamativa para un banquero: "Tenemos muy buenas chances de ganarle la batalla al populismo". Hasta la fatídica noche de agosto fue lo que repitió en todo encuentro empresario al que lo convidaran. Pero después de la derrota llegó de España la heredera del banco, Ana Botín, se reunió con Fernández y anunció el reemplazo de Cristofani por otro ejecutivo, Sergio Lew, de perfil más bajo y menos confrontativo.

Si el recambio en el Santander parecía alumbrar un futuro de convivencia amistosa con el peronismo, la luz se apagó rápido. El jueves pasado, el banco de los Botín pateó el tablero y les anunció a las procesadoras de pagos Prisma y FirstData que aumentaría las tasas de interés por financiar compras con tarjeta de crédito del 50 al 90% anual. Inmediatamente se le sumaron el BBVA y el Galicia. Eso barrió de inmediato con los convenios que había vigentes con las cadenas comerciales para ofrecer productos y servicios en 6 ó 12 cuotas sin interés, excepto bajo los planes "Ahora 12" y "Ahora 18", cuyos intereses subsidia el Estado.

El impacto se sintió en los locales de Falabella, que vende muchos productos importados que no entran en los planes "Ahora 12" y "Ahora 18", y en cadenas de indumentaria y perfumería. También en Aerolíneas Argentinas, que debió levantar su oferta de 12 cuotas sin interés con tarjetas del Santander y la reemplazó esta semana por otra con el Banco Macro, aunque limitada a dos destinos: Miami y Madrid.

A medida que se acerquen las Fiestas, la decisión promete generar nuevos inconvenientes a los usuarios que cuentan con las cuotas para llenar el arbolito. Justo para el inicio del nuevo gobierno, que asume con el mandato de revivir el consumo. ¿Será un modo de condicionarlo aun a costa de perder clientes? ¿Tan seguro estará Lew de la fidelidad de sus cuentahabientes? ¿Pensará acaso en achicar su negocio en Argentina? ¿Tanto cambió el panorama desde que Cristofani adquirió la operatoria local del Citi, dos años atrás, cuando todavía se daba por segura la reelección de Macri?

Carta de Alberto a Trump

El lunes, cuando Donald Trump anunció que volvería a cobrar aranceles a la importación de aluminio y acero argentinos, Alberto Fernández le encargó a Felipe Solá que administrara la crisis. El embajador en Buenos Aires, Edward Prado, no les había anticipado nada cuando visitó a ambos la semana pasada en las oficinas de Puerto Madero. "No tenía la más puta idea", lo exculpó otra fuente que estuvo allí.

El presidente electo y su futuro canciller no creen que la decisión de la Casa Blanca haya tenido por objetivo condicionar al gobierno entrante. Por el contrario, la adjudican a que Trump procura fortalecer su vínculo con el electorado más proteccionista y anti-extranjero. Política interna pura. De hecho, el tweet de la discordia llegó justo mientras desde las oficinas de Fernández salía una carta personal de agradecimiento al norteamericano por su oferta de un mes atrás de interceder ante el Fondo Monetario a favor de Argentina en la renegociación de la deuda.

La carta se inspiró en uno de los dos consejos que le dio Andrés Manuel López Obrador, el presidente mexicano de centroizquierda que tensiona pero evita confrontar con Trump. "Si te promete algo por teléfono y le respondes por escrito, lo comprometes a cumplir", le dijo al recibirlo en el DF después del triunfo del 27 de octubre. La otra recomendación cayó en saco roto: cuando Trump reconoció al gobierno de facto surgido del golpe de Estado en Bolivia contra Evo Morales, Fernández dijo que "Estados Unidos retrocedió décadas y volvió a las peores épocas de los 70". López Obrador le había recomendado más sutileza: "Haz lo que quieras con los gringos, pero no hables de ellos".

Como si fuera el canciller ya en funciones, Solá llamó por teléfono entre martes y miércoles a los jefes de Aluar y Techint, las dos compañías más perjudicadas por el bloqueo comercial al aluminio y al acero. "Qué querés que hagamos, si esta gente no previó nada", le dijo Luis Betnaza, lobista en jefe de Techint, en alusión al gobierno saliente. Toda una definición para un entusiasta radical que contribuyó incluso a la formación de Cambiemos en aquella histórica convención de Gualeguaychú donde Ernesto Sanz se impuso a Gerardo Morales.

Después de las PASO y antes del 27, cuando ya sonaba como posible canciller, Solá ya había almorzado con Betnaza y con su jefe, Paolo Rocca. Les reprochó una frase que había pronunciado el zar siderúrgico cuando apenas había asumido María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires: "al fin tenemos una gobernadora honesta en la provincia". Lógico. Solá ocupó 15 años antes ese mismo cargo.

Aunque procuren influir sobre el rumbo general, coinciden los espadachines económicos de Fernández, los banqueros se someterán a las reglas que fije el nuevo gobierno. Especialmente al shock de baja de tasas y al resto del combo de medidas pro-consumo que prepara quien ocupará la presidencia del Banco Central, Miguel Pesce. La industria también parece alineada, aun cuando los aplausos para el presidente electo fueron más tímidos de lo esperado en la Conferencia Anual de la UIA en Parque Norte. El problema, prevén, será con los productores y exportadores de cereales y oleaginosas. Ahí (en las retenciones) y en Bienes Personales estará concentrado el grueso de los cambios impositivos que se anunciarán antes de fin de año.

La discusión no llega en el mejor contexto. Quizá para intentar ablandar al proteccionista Trump, Jair Bolsonaro anunció esta semana que comprará otras 750 mil toneladas de trigo a Estados Unidos. Ya suman un millón y medio de toneladas de las siete que exporta Argentina al año hacia Brasil. Y cada tonelada que se compra allá es una tonelada que no se compra acá, en el Mercosur. Son adversidades de las que los dueños de los campos se cubren especulando, por caso, con ventas anticipadas para cubrirse de una eventual suba de retenciones. Pero para las que también se alistan grupos de choque como los "Guardianes de la República", con base en Córdoba y nexos con la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Diálogo, consenso y ¿cortes de ruta?

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Alejandro Bercovich

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