"Cuanto más consciente es uno de su sesgo político, mayores posibilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar su estética ni su integridad intelectual"

George Orwell

Los sesgos cognitivos están de moda. Muchos profesionales, aún no especializados en conducta humana, manejan estos términos. Los sesgos se basan en la interpretación errónea sensorial y/o representativa que genera la subjetividad de lo que pensamos y la toma de decisiones subsecuente.

Sin embargo, para entenderlos se deben tener presente las condiciones de su origen. La mayoría de los sesgos se estructura en los sistemas de creencias; es decir, en la función afectiva con la que se le asigna contexto emocional a una idea.

Las clasificaciones excesivas producen otro problema cognitivo: generar un "exceso clasificatorio de sesgos" que provoca una dispersión tal que no permite comprender objetivamente una información, desembocando en lo que se considera "dispersión cognitiva", que es un estado disfuncional del pensamiento ante el exceso de datos.

La mayoría de los sesgos, y quizá los más importantes, corresponde a variantes del "sesgo de confirmación", que consiste en reafirmar una idea que confirma lo precisado en nuestro "sistema de creencia". Este sistema es probablemente la base de la mayoría de estas modificaciones sensoriales sesgadas.

Así, sesgos como el de arrastre (muchos lo hacen, lo hago), de percepción selectiva (se presta atención a unas cosas y otras no) y el de cabeza de avestruz (evitando lo nuevo) generan la preferencia selectiva de información y son, en realidad, sesgos de las creencias o tribales.

Expectativa de confianza

Los sistemas de creencias producen la expectativa de confianza que impacta sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea; es decir, creer en algo o, en forma negativa, no creer (por ejemplo, no creer que un medicamento será efectivo). Este sistema puede generarse sobre cuestiones visibles o también sobre algunas no observables. Funciona especialmente a través del núcleo cerebral amigdalino, que abre la emoción inconsciente, y del lóbulo prefrontal, que permite concientizar las creencias.

La mente aprende con la toma de decisiones y el cerebro usa un sistema estadístico. Utiliza el llamado sistema bayesiano (Teorema de Bayes), que evalúa los riesgos y los beneficios y aprovecha lo aprendido; es decir, se ayuda de la subjetividad. Aunque a veces puede empeorarse la asertividad y se puede reafirmar un sesgo.

El sesgo de confirmación lleva a la "disonancia cognitiva". Esta idea fue planteada en 1957 por el psicólogo estadounidense Leon Festinger en su obra A Theory of Cognitive Dissonance. La disonancia cognitiva se genera al producirse un conflicto debido a una creencia muy arraigada. El sujeto genera entonces ideas nuevas que justifican su toma de decisión o creencia pero distorsionada a través en sus creencias originales. Por ejemplo, justificar una guerra a través del orden imaginario religioso o patriótico a pesar que se estar en contra de la pena de muerte.

Otros sesgos, como el de "anclaje", que consiste en quedarse con el impacto de la primera impresión; el de "repetición", usado por los nazis; el de lo "último informado", cuando la percepción final es la información con mayor carga emocional, o el de "pequeños números", en donde se sacan conclusiones a partir de pequeños números. Todos están engramados en funciones primarias cognitivas como la memoria reciente o los fenómenos de aprendizaje cognitivos (la habituación y la sensibilización). Es decir, se basan en una "distorsión cognitiva" funcional y no en los sistemas de creencias.

Memoria y aprendizaje

Los sesgos muchas veces se corrigen con el proceso racional controlando al sentimental-instintivos. El premio Nobel Daniel Kahneman denomina a estos últimos "mecanismos implícitos de la mente", en los que trabajan sectores inconscientes corticales de procedimiento junto con sectores emocionales (amígdala cerebral) y otros preventivos (temporal derecho e ínsula). Además se activan procesos de memoria y de aprendizaje, generando una ruta automática de pensamiento. Kahneman llama a la otra ruta "racional consciente", "explícita", que corresponde a funciones racionales asociativas (especialmente neocorticales) pero que conllevan una interacción y un control de lo intuitivo; es decir, son un conjunto de funciones las que hacen al talento asertivo.

Nuestro pensamiento tendrá así dos sesgos importantes, como sostiene el psicólogo, filósofo e investigador en "resolución de problemas" Joachim Funke, de la Universidad de Heidelberg: el "sesgo de confirmación", con el que valoramos como más certero lo que se adecua a nuestro pensamiento previo (sistema de creencias), y la "ley de pequeños números", que se da cuando sacamos en forma apresurada e inductiva conclusiones generales, con muy pocos datos. Un defecto muy común, por cierto.

Las toma de decisiones incorpora, entonces, procesos instintivos. Funke propone que estos mecanismos requieren de la razón pero también de funciones instintivas básicas de supervivencia. Se ha observado que el razonamiento lógico es mucho más efectivo en decisiones cotidianas de complejidad tanto mediana como extrema. En las decisiones extremas sería más efectivo dejar mayor rienda a lo instintivo, según muchos estudios de investigación.

Existirían finalmente tres grandes grupos de sesgos cognitivos: el basado en las creencias, el de "dispersión cognitiva" (que implican factores numéricos dando datos probabilísticos cognitivos erróneos) y el de "distorsión cognitiva" (cuando existen errores de apreciación por confusiones sensoriales o de representación de esa sensación). Generar demasiados sesgos provocará un "sesgo por exceso". Sin embargo, considerar a los sesgos, pero en forma ordenada, será clave para comprender su impacto metacognitivo sobre el libre albedrío.

*Vicedecano de la Facultad de Medicina - UBA 

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