Nunca me gustó cumplir años y siempre me complico con los festejos. Esta vez me debatía entre una cena con amigos o una buena película en el cine. Muchas veces termino enredada entre las ganas de pasarlo bien y los imperativos de hacer algo especial. Este año, definitivamente fue especial.

Mi cumple fue el sábado. Jornada 2 de la cuarentena obligatoria, cuando todos empezábamos a sentirnos cada vez más raros, encerrados en el Día de la Marmota. Mis opciones de festejo se habían derrumbado y el coronavirus era un invitado colado que dominaba todas las conversaciones. Pero, más que nunca, se sentían las ganas de celebrar cada momento de vida, de conectarse con otros, de sentir que estamos unidos. Así, decidí organizar mi primer cumpleaños virtual.

Cocinamos una torta, nos bañamos, nos arreglamos, nos servimos algo rico para comer y una copa para brindar y, un poco antes de las 21,30, nos sentamos con mi novio frente a la computadora. Uno a uno iban llegando mis amigos a la pantalla. Seguían el link de la invitación que les había mandado para entrar a la reunión organizada en Zoom, uno de los programas que se están volviendo cada vez más populares con la pandemia. El tema: mi cumple; el dress code: elegante hogareño, remera pijama, barbijo.

La experiencia fue genial, mejor de lo que esperaba. Aunque no es para organizarlo todos los días porque ENACOM está solicitando un uso racional de Internet. Costó un poco al principio organizarnos para hablar, pero todos nos reímos (nos reíamos ya sólo de mirarnos las caras en la pantalla dividida), compartimos anécdotas del aislamiento y tuvimos una actividad social programada para un sábado a la noche, que no es poca cosa en este tiempo de encierro que se empieza a volver gelatinoso y amorfo.

La versión gratuita del programa permite, en principio, sesiones de 40 minutos. Hacia el final, bailamos un rato para exorcizar el miedo, para que se afloje el cuerpo. Después llegó el momento de cortar la torta, que no pude compartir. Por primera vez en muchos días, cantamos el feliz cumpleaños sin que fuera para medir el tiempo de lavado de manos. Y entonces soplé las velitas para desearnos a todos lo mejor.

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