Milei y el Mercosur: una postura agraviante, inadmisible e impracticable
En la colección de declaraciones delirantes sobre política exterior formuladas por el candidato presidencial Javier Milei, las vertidas en agosto acerca del Mercosur provocaron malestar y gran preocupación entre los representantes permanentes de los integrantes del bloque y de las autoridades de órganos y foros de los distintos países socios.
En Argentina no se habían producido manifestaciones degradantes contra el Mercosur por parte de un político reconocido hasta que este diputado nacional señaló que habría que “eliminarlo porque es una unión aduanera defectuosa que perjudica a los argentinos de bien”.
La integración regional a través del Mercosur es, para nuestro país, una prioridad de política exterior y la plataforma más relevante de negociaciones económicas internacionales. Pero es, sobre todo, una política de Estado, impulsada y consolidada a lo largo de los diversos gobiernos democráticos desde la presidencia de Raúl Alfonsín.
Con el correr de los años, el bloque se ha constituido como un verdadero guardián de la democracia, de los derechos humanos y de un espacio garantizado de paz, valores que el candidato sostuvo no compartir. Debates en torno al esquema de funcionamiento, momentos de tensión y eventuales posiciones encontradas entre los socios, con etapas de mayor o menor vocación de trabajo intrarregional, forman parte de la evolución natural de un proceso de integración.
De cualquier modo, buscar la ruptura total del Mercosur es inadmisible e impracticable a través de la acción individual de un Estado parte que solo podría decidir retirarse, pero considerando que los tratados internacionales poseen jerarquía constitucional y han sido aprobados por el Congreso. Por lo tanto, una decisión de esas características debería ser sometida a un amplio debate, por la sociedad civil, por las fuerzas políticas y por los sectores productivos, trabajadores y empresarios.
Por otra parte, el pronunciamiento de Milei implica además desconocer las ventajas de la integración regional. En especial, en la etapa actual del capitalismo, en donde los regionalismos han cobrado protagonismo como resultado de las dificultades para alcanzar acuerdos amplios a nivel global y, al mismo tiempo, de los requerimientos de mayores escalas de producción y comercio; y, en particular, de reunir un elevado poder de negociación frente a otros bloques comerciales o grandes Estados para alcanzar acuerdos beneficiosos.
También el regionalismo es central para afrontar los desafíos en temáticas como ambiente, salud, ciencia, tecnología y finanzas, entre otras, que obligan a desarrollar esquemas de cooperación más sofisticados y estrechos. Felipe Solá, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex cancilller, en el 30° aniversario de la firma del Tratado de Asunción que fundó el bloque fue elocuente: “Fortalecer el Mercosur no es una cuestión épica, sino de supervivencia”. También la salida del Mercosur generaría un costo económico importante. Tendría como efecto el pago de aranceles en el comercio (el bloque representa casi el 20% de las exportaciones nacionales y el 26% de las importaciones), además de la pérdida de la preferencia respecto de los competidores extrazona. Y fuera de lo comercial tiene implicancias en diversos temas, como inversiones, movilidad, reconocimiento de títulos, residencia regional y seguridad social, entre otros.
El posicionamiento público del diputado fue el más agraviante en contra de la unión regional de un referente político en los ya 32 años de vida del esquema de integración. Las únicas manifestaciones de menosprecio significativas fueron la de Paulo Guedes, ex ministro de Hacienda de Brasil, cuando antes de asumir su función en 2018 señaló que el bloque no sería prioridad para su gobierno.
Posteriormente, Jair Bolsonaro (antes de la elección presidencial de 2019 en Argentina) había dicho que su país dejaría de participar si ganaba Alberto Fernández. Hecho que, por supuesto, fue solo una amenaza expresada por su favoritismo hacia Mauricio Macri en esos comicios.
Además, las advertencias de Milei fueron particularmente disruptivas en un escenario regional de mayor armonía para el trabajo como consecuencia del reciente triunfo de Lula en Brasil. El nuevo gobierno de nuestro mayor socio comercial ha mejorado en buena medida las condiciones para avanzar hacia una integración profunda que valore más las necesidades de inclusión social, articulación productiva, desarrollo de sistemas financieros autónomos, beneficios y derechos en favor de los ciudadanos del Mercosur (plasmados en su Estatuto de Ciudadanía).
Por ejemplo, pocos meses después de la asunción de Lula, Brasil saldó su deuda de USD99 millones con el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), lo que habilita más obras de infraestructura, tales como la recuperación y la expansión de vías férreas, rutas y autopistas, y el desarrollo energético, entre otras. Los proyectos del FOCEM mejoran la competitividad regional, con una utilización de los recursos orientada en mayor medida hacia los países más pequeños del bloque debido al carácter solidario del instrumento.
Por último, los conflictos bélicos internacionales también nos obligan a abrir un mayor espacio para la reflexión y el repudio hacia las expresiones destructivas del candidato libertario. Debería ponderarse mucho más que nuestro principal proyecto de integración latinoamericana enterró definitivamente las hipótesis de disputas armadas en la región que, hasta fines de los ’80, eran moneda corriente. En este escenario mundial, una frase de Juan Domingo Perón expresada en 1952 recobra relevancia: “Unidos seremos inconquistables, separados seremos indefendibles”.
* Representante permanente de Argentina en el Mercosur y en la ALADI

