La ferocidad con la que el coronavirus atacó la salud del mundo es tristemente evidente, al igual de despiadado fue con las economías alrededor del globo. Mientras nuestro país transita sus horas más difíciles en lo sanitario, empiezan a aparecer indicios de lo que será la economía post pandemia.

Más allá de las limitaciones propias de la estadística y más aún en esta coyuntura, según el FMI, la economía argentina caería un 9,9%, en línea con lo que ocurriría en otros países. El propio INDEC publicó hace pocos días el EMAE o el estimador mensual de actividad económica, que registró una histórica caída de la economía doméstica en el mes de abril. El dato fue 26,4%.

Más allá de la frialdad de los números, hay conciencia social y política sobre que la situación que quedará tras el Covid-19 es de una complejidad inusitada. Si a eso le sumamos la tierra arrasada dejada por el gobierno de Mauricio Macri, todo resulta en un panorama realmente complejo.

Paralelamente a las políticas sanitarias, el gobierno empezó a delimitar un horizonte, incipiente todavía, de cuáles serán las políticas económicas para comenzar a transitar un camino de recuperación, que deberá ser cuidadosamente diseñado para que pueda ser sustentable en el tiempo y regenere el capital devastado por el Covid.

Las primeras medidas post cuarentena

Se desarrollaron, paradójicamente, durante las primeras semanas de aislamiento. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) evitó que 4 millones de argentinos cayeran en la pobreza, un esfuerzo fiscal de más de $180.000 millones. El ATP, programa por el que el gobierno paga la mitad de los sueldos de trabajadores de empresas privadas, o créditos a 24% para Pymes y a tasa 0% para monotributistas y autónomos, fueron resortes para que la economía, cuando pase el Coronavirus, despegue lo más rápido posible.

Muy cierto es que estos programas no estuvieron exentos de problemas de implementación, de operatividad y, más grave aún, de comunicación. Errores que no se pueden repetir, porque la severidad de la situación no lo permite. También es cierto que el Gobierno tuvo reparos, demasiados a mi gusto, a la hora de utilizar la única herramienta que Macri dejó, la emisión monetaria, pero probablemente esto tenga que ver con un gesto para solucionar el primer problema para la post pandemia, la deuda.

Días atrás, Argentina presentó una interesante oferta a los acreedores privados, que, a la luz de los movimientos del “mercado”, fue recibida de buena manera y si bien todavía falta para cerrar la negociación, despejar este camino es condición necesaria para pensar la Argentina del largo plazo.

En cuestiones más domésticas, el Ejecutivo envió al Congreso una mega moratoria. Entendiendo que el horizonte es la generación de empleo y la producción, este proyecto plantea una oportunidad para poder poner en orden a las empresas, que, a pesar del relato opositor sobre supuesto marxismo, son las que el gobierno entiende que generan riqueza, empleo y terminan con la pobreza. Es un poco de aire en una situación agobiante.

Ahora bien, ¿esto es suficiente?

Claramente no. El gobierno deberá estar muy atento para diseñar instrumentos que sostengan la producción y al mismo tiempo compensen la demanda. En ese sentido las políticas económicas deberían sustentarse en cuatro puntos fundamentales. En primer lugar, la obra pública, muy dañada los últimos dos años. Pocas herramientas son tan efectivas para dinamizar la economía en el corto plazo como el Gasto en obra pública. De acá se desprende el segundo punto, la generación de empleo.

Hasta ahora, las políticas de empleo tenían más que ver con restricciones para no despedir, el nuevo paradigma debería tener que ver con estímulos para contratar; que crezca el empleo es la única forma de terminar con la inmoral pobreza de nuestro país.

El tercer punto une los dos anteriores, para que todo funcione, se necesita financiamiento y para eso el Estado debe tener un rol clave. El sistema financiero privado no está a la altura de las circunstancias y deberá ser el sector público el que garantice créditos blandos que incentiven la producción privada.

Así, con la Inversión, el país tendrá el inicio para discutirse y esto es muy necesario porque el debate político-económico deberá centrarse en cuáles son los sectores estratégicos que habrá que apoyar, siempre entendiendo que el país debe ponerse en pie para todos, no para unos pocos y esa mirada cosmopolítica, también está implícita en las decisiones económicas que Argentina debe tomar para la post pandemia.

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Leo Anzalone

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