Con menos de 15 meses de vigencia y pese a las reiteradas concesiones otorgadas por el Fondo Monetario Internacional ( FMI), los incumplimientos de los compromisos del Gobierno Argentino han llevado el acuerdo Stand By a vía muerta.

Lejos de ser sorprendente, este resultado era el único posible, tal como lo sostuviéramos desde el mismo momento de la suscripción del entendimiento, en junio del año pasado. Decíamos entonces: "la factibilidad del intento queda severamente amenazada, no sólo por las implicancias en términos de sustentabilidad económica y social, sino por la distancia existente entre los desequilibrios que constituyen el punto de partida y la convergencia esperada." 1

También en aquellos días, anticipamos el actual escenario: "si una significativa parte de esas divisas se aplica a la contención de la corrida cambiaria, tal vez no haya suficientes dólares para la atención de los vencimientos de deuda. Esto significa, lisa y llanamente, el ingreso en situación de default de los bonos soberanos."2

Las graves secuelas que deja para la Argentina la impericia del "mejor equipo de los últimos 50 años" son abrumadoras e indisimulables, pero mucho peor serán las consecuencias de dejar que las negociaciones con el FMI se rompan definitivamente -ya que el organismo multilateral ha quedado como última instancia de préstamo-, porque el país quedaría sometido a las tormentosas sanciones previstas para quienes incumplen los acuerdos.

Un innecesario recorrido al fracaso

El cierre de los mercados voluntarios de deuda de abril de 2018, también anticipado en esta columna3, puso contra sus límites el experimento económico de Cambiemos, especialmente la inconsistencia entre su política monetaria restrictiva y el comportamiento fiscal expansivo.

La puesta en marcha del acuerdo Stand By con el FMI por un monto récord (alrededor de U$S50.000 millones en la versión inicial), fue el intento de reordenar una economía desquiciada aplicando un plan económico, ahora sí, de inspiración neoliberal.

Pero, para ese entonces, ya era demasiado tarde: "desequilibrios tales como un déficit fiscal total que supera en términos de PIB al de 1989, y un rojo de cuenta corriente mayor al que provocó la crisis de 2001, sólo podrían resolverse, en el marco de dicho plan, con una baja de la tasa de interés a niveles razonables y aceptando que el tipo de cambio alcance un nivel, hoy, indeterminado."

Y, agregábamos: "la dudosa viabilidad social del nuevo modelo no es el único obstáculo ya que, en el corto plazo, el préstamo del FMI no resuelve el serio problema del "trade off" (intercambio) entre la tasa de interés y el valor del dólar."4

Es que en realidad lo que se requería era restituir los superávits gemelos, restableciendo las condiciones para el desempeño de las actividades productivas y la generación de empleo, con otro tipo de programa que fuera sustentable, y no esa prolongación de la agonía, contrayendo innecesariamente una nueva y voluminosa deuda.

Como era de esperar5, una vez sellado el acuerdo, el Gobierno aprovechó la aparente liquidez obtenida por los desembolsos para seguir su persistente conducta de fugar hacia adelante.

En este marco, a pesar de las tasas de interés cada vez más altas (que aceleradamente profundizaron la recesión), y de haber dilapidado los primeros U$S15.000 millones transferidos por el organismo, la gestión del BCRA encabezada por Luis Caputo no logró limitar la dolarización de las carteras de inversión ni la subsecuente alza del tipo de cambio.

Ello provocó las primeras tensiones con el FMI, quien comenzó a presionar para que se abordara la cuestión fiscal. Finalmente, el Gobierno puso en vigencia un nuevo régimen de retenciones a las ventas al exterior, gravándolas con sumas fijas en pesos por cada dólar exportado.

Es en esa instancia, y luego de las denuncias de que se estaba dejando sin financiamiento a la siguiente administración gubernamental6, que se firma la adenda en la que el FMI amplió el monto del crédito en unos U$S7.000 millones, haciendo gala de una inédita permisividad con el actual oficialismo, seguramente buscando que las "esquirlas" de la ya irreversible situación quedaran acotadas a la Argentina7.

Como contrapartida, el gobierno se comprometió a llevar adelante también una estricta política monetaria.

A su vez, el sector externo mejoraría su posición a partir de la reversión del déficit de la balanza comercial (que llegaría por la caída de las importaciones que induce la profundización de la recesión) y la reducción del rojo en la de turismo.

También este giro estaría destinado al fracaso. El BCRA siguió conteniendo la valuación del dólar con exorbitantes tasas de interés, generando un descomunal déficit cuasifiscal, mientras que la caída de la actividad económica determinaría una persistente baja de la recaudación tributaria, tal como lo anticipáramos8, precipitando el deterioro de la posición del Tesoro Nacional.

Tampoco se detuvo la tendencia creciente a la dolarización de las carteras, lo que motivó una excepción notable por parte del FMI, contrapuesta con sus principios y costumbres, como fue la de permitir el uso de las reservas internacionales para aplacar el tipo de cambio.

Los resultados de las elecciones corrieron el velo y el Poder Ejecutivo Nacional, con sus medidas desesperadas e improvisadas, terminó de incumplir con el FMI: con "reperfilamiento", control de cambios, y abandono del esquema monetario, nada queda del "plan neoliberal" diseñado àni de ningún otro.

Sólo la Supercrisis sigue su camino rampante.

Un necesario acuerdo

Así como no quedan dudas de que las obligaciones no pueden ser desconocidas, tampoco las hay sobre la incapacidad de cumplimiento del cronograma original de pagos.

Por lo tanto, resulta indispensable no dinamitar las negociaciones con el FMI, ya que los organismos internacionales de crédito serán los únicos prestamistas disponibles, razón por la que no quedaron alcanzados durante el default de 2001.

Pero, a diferencia de entonces, en que los compromisos con los entes multilaterales representaban una proporción menor de la deuda, hoy este segmento resulta sustantivo, requiriendo también de una reestructuración.

En la corriente de opiniones dominante, esto sería bastante simple, ya que se cambiaría la tipología de acuerdo pasando de Stand By a Crédito de Facilidades Extendidas.

Sin embargo, cabe preguntarse si ese es el tipo de contrato que le conviene a nuestro país y, especialmente, si es verdaderamente viable, ya que las condicionalidades que impondría el prestamista serían las clásicas, basadas en ajuste y reformas "estructurales" como la laboral y la jubilatoria.

Más allá de la nula sustentabilidad social y política de programas de esta naturaleza, también tenemos la certeza de que no es el camino que dé posibilidades al desarrollo con justicia social.

Es necesario entonces, vertebrar otro tipo de convenios en los que, al mismo tiempo que se respeten los derechos de los acreedores a cobrar, el funcionamiento económico para nuestro país sea factible.

Una alternativa posible al default y a las clásicas recetas, sería la de conformar un contrato de fideicomiso -con un órgano fiduciario consentido por el FMI-, que permita ir cancelando la deuda exigible (la nominada en moneda extranjera y cuyos tenedores son no residentes) mediante un cronograma de pagos sustentable, adecuado a las potencialidades de la economía nacional.

Ese fondo se constituiría con los desembolsos que aún restan girar (circa U$S12.000 millones) según los anteriores acuerdos con el FMI y el producido en concepto de retenciones a las exportaciones que graven las rentas extraordinarias de la Pampa Húmeda.

Se trata de hacer frente a un compromiso total de aproximadamente U$S150.000 millones, que podría saldarse en unos 20 años, mediante una propuesta de pago que contemple cuotas de entre 10.000 y 12.000ix millones de dólares anuales, devengando una tasa de interés cercana al 5%x.

El saldo, hasta completar los restantes componentes de la deuda pública en manos de residentes (otros U$S150.000 millones aproximadamente) y que incluye las tenencias de diversos organismos gubernamentales, es susceptible de renegociación en el entorno del mercado de capitales doméstico.

Es imprescindible establecer un nuevo tipo de acuerdo con el FMI, pero dependiendo de cuál sea, el futuro de la Patria será el de mayor oprobio u otro que nos permita soñar con horas de buenaventura.

*MM y Asociados

1 “Demasiado tarde para lágrimas”, BAE Negocios, 18/6/18.
2 “Saltandoàde la sartén al fuego”, BAE Negocios, 25/6/18.
3 “Los prestamistas externos también preguntan ¿cómo seguimos?”, BAE Negocios, 12/2/2018.
4 “Demasiado tarde para lágrimas”, BAE Negocios, 18/6/18.
5 “Saltando de la sartén al fuego”, BAE Negocios,25/6/2018.
6 “Responsabilidades compartidas”, BAE Negocios, 24/9/2018.
7 “El Domo del FMI”, BAE Negocios, 8/10/18.
8 “Persiguiendo su propia sombra”, BAE Negocios, 4/6/2018.
9 Recaudación posible sobre las rentas extraordinarias de la Pampa Húmeda.
10 Tasa de interés nominal anual.

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