Para comprender los procesos de producción y reproducción de las desigualdades de género, primero hay que entender los efectos que tienen las construcciones sociales de clase sobre la vida de las mujeres.

Existe una estereotipación del género, que asocia a las mujeres con la sensibilidad, lo natural, el hogar y la sumisión, y a los varones con la lógica, la objetividad, el mercado y el poder.

Estas representaciones construyen las paredes y los techos de cristal que impiden a las mujeres expandirse económica y socialmente. Las primeras, las concentran en actividades menos dinámicas y peor remuneradas, en su mayoría vinculadas al cuidado.

En tanto el techo de cristal impide el ascenso de las mujeres a puestos jerárquicos o de decisión, solo por razones de género. Visibilicemos este techo con algunos datos.

Según la Encuesta Permanente a Hogares (EPH), en el segundo trimestre de 2020, el 7,7% de los varones ocupados ejercieron cargos de dirección o jefes, mientras que este porcentaje fue solo del 4,6% en las mujeres. Esto sucede incluso a pesar de que nosotras estamos mejor calificadas profesionalmente para ocupar estos cargos.

En igual período, el 35,6% de las mujeres tenía una educación universitaria o superior, mientras que solo el 19,1% de los varones ocupados alcanzó este nivel.

En el mismo sentido, un relevamiento de la Comisión Nacional de Valores (CNV) analizó los cargos de dirección por género en empresas bajo el régimen de oferta pública, y arrojó que la media de directoras mujeres, entre titulares y suplentes, fue solo del 10,4%.

Del total de directoras relevadas, sólo 7 (3%) eran presidentas y 20 (8,5%) vicepresidentas.

Un resultado similar surgió de la investigación de KPMG y Revista Mercado, que analizó la composición por género en los directorios de las 500 empresas de mayor facturación.

El informe expuso que de los 3.413 puestos de director/a, solo 288 (8,4%) fueron ocupados por mujeres. De ese total, 12 eran presidentas y 23 vicepresidentas.

Esto sucede tanto en el sector privado como en el ámbito público.

Escalera de cargos

Otro informe de la Secretaria de Gestión y Empleo Público de Nación concluyó que a pesar de que el Estado es el sector con mayor paridad de género, la misma se diluye en la medida que se sube en la escala de cargos.

Mientras en los puestos de trabajo de quienes no ejercen lugares de conducción la paridad es de 50% mujeres y 50% varones, en la alta dirección esta relación es 44% mujeres y 55% varones, y en las autoridades superiores 22% mujeres y 78% varones.

Al menor número de mujeres en puestos directivos, hay que sumar la existencia de una brecha de género en el salario en torno al 12% para el puesto de director/a.

El techo de cristal se explica tanto por factores externos como internos. Un estudio de Boomerang ejemplifica el segundo caso. En enero de 2021, la pretensión salarial de las mujeres fue 16% menor que la de los varones, y esta diferencia se incrementó en los puestos de mayor jerarquía, en las posiciones de jefe/a la brecha fue del 21,3%.

Otro dato relevante es que también fue menor el número de postulantes mujeres en este tipo de cargo, mientras en las posiciones junior ellas representaron el 55%, en las jefaturas este porcentaje bajó al 30%. Esto deviene del famoso síndrome de la impostora, una sensación interna y una presión externa, que genera una sensación de insuficiencia y por lo tanto de impostora.

La falta de confianza en las mujeres que resulta de la estereotipación de los géneros y de su posición en el mundo laboral, realizando actividades a las que nunca se les ha dado valor, tiene como consecuencia la reproducción inconsciente de las mencionadas desigualdades.

A pesar de los avances en la reducción de las desigualdades de género, es preocupante el hecho que en el mundo laboral y económico se haya registrado un progreso negativo.

Serán necesarios 275 años para cerrar la brecha de oportunidades entre mujeres y varones. Solo con políticas públicas no alcanza, es condición necesaria el cambio cultural que elimine la violencia de género en todas sus formas.

Solo así podremos romper las barreras que no nos permiten alcanzar la igualdad.

(#) Economista (UBA) e integrante del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav)