La mayoría de los neurocientíficos no adhiere al sistema unimodal de inteligencia sino que planteavarios procesos constitutivos. Uno de ellos es la creatividad que estaría ubicada en los sistemas cerebrales por defecto, que están especialmente en silencio cuando la funciones son conscientes y activas.

Dentro de la inteligencia convencional existen diferentes tipos funcionales que representan cuestiones variadas pero contienen una coincidencia que las une, que es el llamado "factor g", que hace que los diferentes test de inteligencia puntúe similar cuando se evalúa una misma persona.

Podría decirse que dos de las más importantes componentes del intelecto serían la inteligencia operativa que generalmente se mide con el coeficiencia intelectual, y la otra es la creatividad.

Se coincide que el intelecto es un producto de la genética modificada por el medio ambiente, pero que una vez construido el castillo intelectual es muy difícil mejorarla mucho más. Existen estudios que estimulan la cognición normal, pero que en general no muestran un aumento del coeficiente intelectual.

Inteligencia no es lo mismo que creatividad

Entonces la inteligencia convencional es especialmente cortical y la creatividad es subcortical. Inteligencia y creatividad van de la mano, pero no son lo mismo. Algunas cuestiones creativas, como la ciencia física, requieren de inteligencia previa. Pero otro tipo de creatividad como la musical no requiere de mucha actividad cortical.

Existen diferentes ideas sobre qué significa el concepto de inteligencia. Se acepta actualmente es que es un término heterogéneo y que mezcla muchas funciones o por lo menos diferentes criterios.

Resulta difícil mejorar el intelecto. Sin embargo, puede mejorase la performance cognitiva cuando se eleva la concepción de uno mismo, como estudió Carol Dweck de la Universidad de Stanford. Por ejemplo, cuando se mejora la autoimagen e inversamente cuando se empeora la autoestima se genera peor desempeño cognitivo. Muestran estos estudios que, una vez construido el intelecto, es más fácilmente modificable por la emoción que por la razón.

Sin duda son funciones claves en la evolución de la inteligencia la memoria, el pensamiento deductivo, las capacidades lingüísticas, y la capacidad visuoespacial.

Puede pensarse, entonces, que existen diferentes tipos de inteligencia relacionadas con funciones estáticas: el conocimiento o las destrezas adquiridas y otras dinámicas, como la flexibilidad (capacidad para cambiar de función) y la velocidad de funcionamiento.  El conjunto de estas variables constituye el pensamiento inteligente y la toma decisión final, su aplicación. 

En cuanto a los procesos creativos también constituyen una de las bases funcionales del desarrollo cognitivo humano, sin embargo no siempre se incluyeron en las observaciones de inteligencia. La creatividad implica dos procesos básicos la innovación y la aplicabilidad de la misma, cuestión que coinciden la mayoría de los investigadores de esta capacidad. La función creativa se pensaba había comenzado hace apenas 40.000 años en la historia evolutiva del homo sapiens, pero debe retrotraerse miles de años. Hace más de tres millones de años ya se observan algunas herramientas básicas fabricadas por nuestros ancestros más primitivos, que muestran atisbos creatividad. Además existen evidencias del manejo del fuego por el género homo desde hace ya más de un millón de años, instancia culturalmente revolucionaria.

Cambios culturales y tecnológicos

La creatividad genera importantes cambios culturales y tecnológicos, que luego serían transmitidos, generando acumulación cultural, que lleva a desarrollar nuestro cerebro. La creatividad se funda en el "ensayo-error", aceptar el fracaso y buscar otros caminos, superando la idea inicial. Lo cual requiere de una buena flexibilidad cognitiva.

Se plantea la función de un parte del cerebro llamada "red neuronal en defecto" en los procesos de creación. En este momento se activan zona como el parietal interno (precúneo) y la corteza ventromedial prefrontal, zonas antes subvaloradas y que no muy activas en la actividad consiente.

Durante el estado de fluidez se inhibe la importancia del exterior. El sujeto entra en un túnel de trabajo que requiere lo que el científico Arne Dietrich de la Universidad de Georgia, Atlanta, llama hipo frontalidad transitoria.

El lóbulo frontal de la corteza cerebral, es esencial para la atención y la flexibilidad cognitiva. En la fluidez procedural disminuye su control consciente, inhibiendo la captación de información exterior (inhibición lateral), disminuyendo la flexibilidad a los estímulos externos o internos, que no estén relacionados con la función que se esté desarrollado.

Estos momentos pueden estar relacionados con la epifanía artística, la meditación plena, procesos creativos y además hábitos cotidianos que no requieren de mucha actividad consciente, sino de un simple alerta. Esto permite dar paso a la capacidad de creación. Algo practicado por los grupos focales de generación de ideas.

El consumo cerebral en estados activos o en fluidez no cambia. Pues en estos procesos se activan las zonas por defecto que son o de reposo o de fluidez, pero que cumplen una gran función.

Un concepto incorporado hace años por el psicólogo de Harvard Daniel Goleman es el de la emoción aplicada a la inteligencia, concibiendo el término de inteligencia emocional. Tanto la empatía como el estado afectivo influyen en nuestra capacidad intelectual. Existen zonas de cognición social (conocer a los otros) y de metacognición (conocerse a uno mismo) que sólo son desarrolladas en el humano.

Son muy conocida las investigaciones del especialista en inteligencia James Flynn propuestas en su libro "Are we getting smarter?" plantea que actualmente se está incrementando el coeficiente de inteligencia medio, tendencia que sin embargo está siendo limitada en los últimos años. Neurocientíficos plantean que por el avance tecnológico, otros investigadores porque que estamos en el tope de la inteligencia.

Una pregunta clave es si nuestros antepasados fueron más inteligentes. El cerebro humano de nuestros antecesores generó el salto tecnológico que nos transformó en humanos. Descubrir el fuego, agruparse, cazar por cansancio, cocinar la carne, comenzar al arte simbólico; fueron quizá saltos tanto o más importantes que el invento de la imprenta, el descubrimiento de la energía nuclear, del ADN o la informática.  

La inteligencia de Aristóteles, Mozart, Da Vinci, Galileo, Shakespeare o Cervantes ¿sería comparables en la actualidad con la nuestro cerebro? Einstein, Heidegger o Borges entre otros, ¿podrían ser sus equivalentes más recientes?

Es claro que Inteligencia y creatividad van de la mano, pero en zonas cerebrales diferentes. Que pasara con el impacto tecnológico en nuestro cerebro multiestimulado. Veremos el resultado en las próximas décadas.

*Neurólogo Cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. Titular UBA . CONICET

Más notas de

Ignacio Brusco

Contacto social, incertidumbre y el impacto de la pandemia en el nivel de felicidad

los abrazos, las caricias, en las miradas de amor entre humanos e incluso en el contacto con nuestras mascotas

Conciencia de muerte y pandemia

Conciencia de muerte y pandemia

Cerebro y economía: así funciona la predicción de un éxito

Neuroeconomía de las predicciones exitosas

El estrés de la pandemia y la huella social

El estrés de la pandemia y la huella social

Vuelta a clases: la escuela presencial, clave en la contención de los niños y adolescentes

Vuelta a clases: la escuela presencial, clave en la contención de los niños y adolescentes

Pandemia, adolescentes y prevención

Pandemia, adolescentes y prevención

Neurociencia e inteligencia artificial: ¿puede una máquina tener conciencia?

Ashley Too, el robot interactivo de uno de los capítulos de Black Mirror

Neurociencia de la envidia, deseo y mecanismos para estimular el consumo

Envidia puede ser un deseo de superación o una agresión

Pros y contras de la Ley de Salud Mental

Pros y contras de la Ley de Salud Mental

Vacunas y tratamientos contra el coronavirus: qué puede hacer la melatonina frente al Covid-19

Donald Trump se sometió a un cóctel que incluyó melatonina