Desde hace varias semanas hemos venido marcando que es inexorable un cambio de ciclo económico ya que, cualquiera sea el resultado, el final de la renegociación con los tenedores de deuda soberana en moneda extranjera, también debiera ser el corolario de una extendida transición entre la fase concluida y la que le continúa.

El año pasado, el gobierno anterior puso en evidencia el agotamiento del esquema económico basado en la valorización especulativa-rentística del capital, cuando debió “reperfilar” los pagos de vencimientos de deuda soberana.

Por lo mismo, también decíamos que, con certeza e independientemente de los deseos o la voluntad del poder político, “vivir de prestado” dejó de ser una opción para la Argentina ya que, una vez cerrada la posibilidad de financiamiento de los desequilibrios macroeconómicos vía empréstitos voluntarios, las circunstancias fuerzan a que la economía sólo pueda funcionar en una dinámica de producción que balancee a aquellos.

Pero, como también lo hemos señalado, el ingreso a un nuevo ciclo lejos está de ser un sendero unívoco, sino más bien se asemeja a una bifurcación, con salidas que dirigen a distintas determinaciones en la configuración social de la Argentina, duraderas, al menos, por la próxima década.

Las decisiones de política económica que orienten la recuperación de la actividad definirán si sólo tendremos crecimiento, o si éste irá acompañado con redistribución del ingreso para convertirse en desarrollo. Allí se define el “carácter” del modelo que vendrá: si será el de la exclusión o el de la inclusión.

Quién consume, esa es la cuestión

No requiere particular agudeza entender que cualquier esquema macroeconómico consistente que brinde crecimiento de la actividad resultará superador respecto de este escenario inicial, en el que convergen los efectos de la catástrofe (mundial) de la pandemia de Covid-19 con la prexistente Supercrisis generada por la alianza Cambiemos.

Pero tal vez demande más esfuerzo entender el porqué de nuestra insistencia en desacoplar a la baja los precios internos de los internacionales en materia alimentaria y energética. Invitamos entonces a reflexionar sobre cuál sería el comportamiento de algunos sectores productivos bajo diferentes esquemas posibles.

Cuando la comercialización se realiza a “precios de paridad de exportación”ii lo que termina sucediendo es que las familias y las empresas locales compiten con las extranjeras por el mismo bien.

En la mayoría de las grandes producciones agropecuarias, por ejemplo, el desempeño de la actividad es indiferente respecto del consumo realizado en el mercado interno, ya que lo que no se vende aquí, se comercia en el exterior, especialmente en los casos en que la demanda es más elástica que la oferta.

Examinemos lo sucedido durante la gestión de Cambiemos en el mercado de la carne vacuna. Cuando la categoría vaca buena, consumida fundamentalmente por los sectores populares, comenzó a ser masivamente exportada (especialmente desde la incorporación de China como comprador relevante), su inevitable consecuencia fue que la satisfacción de la demanda externa se realizó a expensas de contraer la doméstica vía el aumento de los precios internos.

Eso produjo que el consumo anual per capita pasara de un promedio de 58,6 kg en 2015, a uno de 51,0 kg en 2019.

Lo propio sucede en el mercado de la leche, dado que los tambos, en general, ofrecen un producto razonablemente estandarizado, a diferencia de sus demandantes, que son industrias que abastecen principalmente al mercado doméstico, o bien están especializadas en productos exportables.

En consecuencia, cuando el precio internacional del commodity se incrementa, aumenta la capacidad de compra de estas últimas, ya que el mayor margen a realizar permite ofrecer un mejor precio para hacerse con la producción tambera. Por su parte, las usinas que necesitan la leche fluida para elaborar productos requeridos por la demanda interna deben igualar ese precio para poder adquirir la materia prima.

No quedan dudas de que el crecimiento de las exportaciones de este producto o sus derivados en un punto colisiona con su asequibilidad en el mercado doméstico.

Y así caso por caso: el precio del pan finalmente también depende de la comercialización internacional del trigo. Es en este orden de las decisiones económicas, donde se va determinando la accesibilidad (o no) a los componentes elementales de la mesa de las familias argentinas.

Algo equiparable sucede en cuanto a los precios de la energía, que a su vez representan un costo de significación para una gran parte del entramado industrial.

El gas natural extraído de nuestros yacimientos tanto podría orientarse al consumo interno como al externo. Pero si el precio de comercialización doméstico es idéntico al de paridad de exportación, no queda posibilidad alguna de que complejos industriales energo-intensivos como los del acero o el aluminio puedan resultar competitivos frente a sus pares extranjeros, así como tampoco lo podrán ser los siguientes eslabones de las cadenas manufactureras.

Como siempre decimos, para establecer un modelo de inclusión es indispensable ampliar la Frontera de Posibilidades de la Producción (FPP), lo que requiere de condiciones adecuadas para la inversión; y ello a su vez depende de erigir un vigoroso mercado interno, así como de poder mejorar la inserción en los extranjeros.

Insistimos entonces en subrayar que, para que el “carácter” del modelo sea de inclusión, es necesario:

  • que el precio de la energía esté asociado con los costos de exploración y explotación (contemplando una ganancia justa y razonable para los eslabones intervinientes), permitiendo la baja de los costos unitarios de todos los sectores productivos, así como también de
  • dotar a los ingresos populares de alto poder adquisitivo, lo que esencialmente se logra disminuyendo el peso de los gastos alimentarios de las familias, de modo que además puedan realizar otros consumos, cuestión que principal, pero no exclusivamente, depende de los niveles de retenciones a las exportaciones vigentes.

No sólo en alimentos y energía

Esta última alternativa es la única que posibilita la puesta en vigor de un Modelo Económico Permanente y Sustentable que, orientado a la producción, sea capaz de contener a todos los habitantes de la Argentina.

Y si bien son los valores de los alimentos y la energía dentro del set de precios relativos los que constituyen las vigas maestras del esquema porvenir, es necesario recordar que en todos los sectores de la producción existen tensiones similares.

No es indiferente la orientación que adquiera, por ejemplo, la industria de la construcción, que tanto puede fortalecerse en el desarrollo inmobiliario del segmento ABC1 (como el de los countries y barrios exclusivos, por ej.) como en la infraestructura y las viviendas para familias trabajadoras.

En cada segmento, las compañías que producen bienes y/o servicios deberán decidir si se orientan a los consumidores del “premium” (o directamente extranjeros), o a la totalidad del mercado doméstico.

Y esto, que en gran parte depende de cuántos argentinos tendrán trabajo y de que los ingresos tengan suficiente poder adquisitivo, a su vez también lo determinará.

Transitamos una etapa definitoria, en la que las tiranteces visibles no expresan otra cosa que la pugna entre los diferentes esquemas de perfil “productivista” posibles, que, como hemos dicho, se distribuyen en un gradiente entre la sola puesta en marcha de la capacidad instalada ociosa en uno de los extremos, hasta una decidida ampliación de la Frontera de Posibilidades de la Producción, en el otro. De allí la ebullición que se observa en el espacio de "la política".

En esta disputa, también se decide si en la Argentina por venir algunos quedarán excluidos o sí, como deseamos, nos dará cobijo a todos en un modelo de inclusión.

                                                                        Guillermo Moreno, Claudio Comari y Lic. Sergio Carbonetto

                                                                                                                                     MM y Asociados

Sheraton ofrece a empresas cajas de fin de año con catering para fiestas virtuales

Sheraton y Park Tower se reconvierten y ofrecen festejos de fin de año en casa

Volkswagen aumenta su producción para la exportación en su planta de Córdoba

La planta cordobesa de Volkswagen se consolida como una de las más importantes fuera de Europa

Los dueños de Kentucky abren otra cadena de pizzerías

La cadena de pizzerías norteamericana Sbarro llega de la mano de Kentucky

El empresario que trajo los termos Stanley, trae la novedad en juguetes sexuales

Facundo Mendizábal, el importador de los termos Stanley incursiona en el negocio de los juguetes sexuales

Teatrix: el Netflix del teatro triplicó los suscriptores en la pandemia y desembarcó en el exterior

Teatrix reúne 160 obras de teatros para ver en todo momento

Alsea asegura que Burger King y Starbucks Coffee no se van del país

Alsea asegura que no se va del país. Burger King y Starbucks siguen firmes.

Historias y secretos del restaurante porteño Chiquilín

El dueño de Chiquilín, Carlos Ganduglia, resiste y asegura que no cerrará.

Glovo vendió su operación a Pedidos Ya y se va del país

La española Glovo vendió su operación en América Latina y se va de Argentina

El CEO de Mercedes-Benz armó una banda con los trabajadores y tocan temas de The Rolling Stones

El CEO de Mercedes-Benz, Manuel Mantilla, une autos de lujo, utilitarios, camiones y rock

Falabella cierra su tienda más emblemática y abre retiros voluntarios en todo el país

Falabella cierra su segunda tienda en la peatonal Florida, la más emblemática