Los referentes del Gobierno parecen haber tomado como "leitmotiv" de sus discursos echarle la culpa a los demás por las dificultades que genera. Primero fueron las tres "plagas" que citó el presidente Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa para explicar por qué se detuvo el crecimiento, justo justo cuando estaba despegando la economía. Lo siguieron las declaraciones de los dos ministros que se animaron a pronunciarse en la semana caliente de corrida del dólar. El ministro de la Producción, Dante Sica, sostuvo que no estaban preocupados por la presión cambiaria, y el secretario de Agroindustria, Luis Etchevehere, afirmó que el año que viene se van a eliminar las retenciones que su gobierno puso luego de haberlas quitado asegurando que no las iba a utilizar. Un poco confuso todo.

Para coronar, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, dio entrevistas a los diarios Clarín y La Nación en las que reforzó varias de las líneas que había verbalizado primero Macri. Que Argentina estaba en un pantano "mediocre", que el "cambio" es más profundo que las variables del bolsillo individual y del derrumbe productivo, que "no hay que aflojar a mitad del camino" (aunque se haya recorrido más de 3/4) y que si ganara las elecciones la ex presidenta Cristina Fernández sería "un fracaso de Argentina" o "una derrota de los argentinos".

También realizó algunas admisiones relativas a que hubo "demasiado optimismo", pero la decisión de colocar en el otro la responsabilidad de los desaciertos queda poco adecuado para la magnitud de la crisis. Parece que están sumidos en una conversación distinta a la que les plantean los actores de la economía real, que sufren el impacto de la recesión, que se paga con despidos, suspensiones y una espiral descendente de la economía.

"Señores, los gritos, los insultos, no hablan de mí, hablan de ustedes", dijo el Presidente a quienes respondieron su mirada complaciente con la marcha del país. También los resultados del plan económico hablan de ellos, de los funcionarios que insisten con las mismas recetas.

Con los números complicados, Cambiemos tuvo que salir a capear otra fricción interna. Desde hace dos semanas se habla por lo bajo de la posibilidad de que María Eugenia Vidal sea la candidata a presidenta en lugar de Macri, si los números siguen siendo preocupantes. Preocupado por el daño a la imagen presidencial, el propio jefe de Gabinete -que tiene poca sintonía con la gobernadora- salió a cortar esa posibilidad y a recordarle que ella misma dijo que no usaría la gestión en la provincia "de trampolín". La campaña recién empieza.