"Una mente sana en un cuerpo sano es una descripción corta pero completa de un estado feliz en este mundo"

John Locke

Suponer que solo el cerebro maneja nuestras respuestas emocionales, racionales y sociales es una posición un tanto simplista. Muchos estudios muestran al cerebro recibiendo información corporal, no solo desde los sentidos sino de toda la actividad motora consciente e incluso inconsciente. Le da órdenes al cuerpo, pero además recibe información sobre cómo se encuentra y trabaja, en un especie de círculo vicioso.

A partir de trabajos muy importantes realizados por Joseph E. LeDoux se describió que nuestro cuerpo se entera antes de las emociones que nuestra propia conciencia. Se produce una serie de respuestas emocionales y motoras que pueden detectarse en estudios muy sensibles de los músculos. Y, aunque sean imperceptibles, una contracción de los músculos de la cara o de morder sucede ante una situación negativa, aunque la persona quizás no lo perciba. A la vez, esos músculos retroalimentan sensaciones negativas al cerebro, generando un círculo vicioso. Entonces, poner buena cara no solo servirá socialmente sino que mejoraría la emoción.

El medio ambiente que se relaciona con nuestro organismo actúa sobre nosotros. Sentidos como el tacto y la visión influyen muy activamente en el sistema nervioso, sirviendo para la actividad cotidiana de un niñopero también en el desarrollo de la actividad motriz sensorial y cognitiva, pues el bebé produce premisas espaciales con cada movimiento e imagen, ya desde el comienzo de la vida.

Los sistemas motores que manejan todos los movimientos de los músculos reciben también información silenciosa (propiocepción) que, sin embargo, condiciona la actividad cognitiva.

Así, es muy frecuente utilizar metáforas corporales para entender o aprender consignas racionales. Por ejemplo, es muy común en los cálculos utilizar los dedos para llegar a un resultado o escribir un número telefónico en el aire para recordarlo.

Asimismo, al actuar corporalmente un texto, los alumnos aprenden más y mejoran la comprensión de los mismos. Se ha observado que diferentes instrumentos, como el lápiz o la tiza, cuando son usados con habitualidad, son registrados en el cerebro como una extensión de la extremidad. Quizá actualmente el celular ocupe también este rol.

Es muy interesante el cruce corporal que sucede con la evaluación de la cuestión temporal y el cuerpo. Se ha estudiado con diferentes experimentos que las personas piensan el pasado hacia la izquierda y el futuro hacia la derecha. Se piensa que quizá la escritura occidental esté basada en ese concepto, en donde se escribe desde el pasado hacia el futuro: de izquierda a derecha.

Esto se aprecia también desde el punto de vista corporal. Lynden Miles, de la Universidad de Aberdeen, detectó en un experimento que cuando las personas pensaban el pasado se inclinaban levemente hacia atrás y cuando pensaban el futuro lo hacían hacia adelante.

Las metáforas motoras sintetizan también expresiones emocionales, como levantar el pulgar en mensaje de aprobación o fruncir el ceño para mostrar enojo, una expresión atávica que se observa en animales en posición de agresión.

Otros estudios muestran que si una persona se sienta sobre una silla dura será más agresiva con un interlocutor, al igual que si se encuentra con una temperatura ambiental incomoda. El contacto con objetos no confortables durante una entrevista produce que juzguemos inconscientemente a los otros de manera más severa.

También es interesante la relación con el agua: cuando las personas actúan mal se consideran sucias. Existirían procesos de limpieza corporal instalados metafóricamente. La mayoría de las religiones tiene al agua como limpiadora y purificadora de lo malo. En general, la limpieza está relacionada con la pureza moral, puede haber surgido con el desagrado consecuente que nos comenzó en un momento evolutivo sobre los alimentos sucios, que en general producen enfermedades y se enfrentan a la supervivencia del más apto.

El sistema somatosensorial que permite reconocer lo que sucede en nuestro exterior, desde lo táctil y el dolor hasta las vibraciones y nuestra ubicación en el espacio. Este sistema da ingreso sensorial a nuestra computadora cerebral, por eso ha sido estudiado y se han descubierto en él numerosas actividades de interés.

Aprender a través del tacto es un proceso con el que nacemos, ya que incluso los bebés reconocen objetos con el tacto. Es trascendental estudiar la sensibilidad háptica, que es el estudio de las sensaciones que no son ni visuales ni auditivas, las cuales son claves en el recién nacido y sin la cuales se presentarían grandes dificultades. Este tipo de contacto es usado para el conocimiento de uno mismo, del espacio y para lo intersubjetivo. Muchas investigaciones sobre procesos educativos muestran que el proceso de aprendizaje mejora sustancialmente cuando los niños aprenden con sensaciones como tocar o manipular.

En educación preescolar se utilizan actualmente dados, cuencos o bloques para poder incorporar información concreta y abstracta, lo cual ayuda posteriormente a mejorar el lenguaje, la capacidad aritmética y la abstracción. Esta capacidad fue expresada y explotada por juegos como el Rasti o el Lego y no solo en niños, ya que para los adultos se han creado sistemas de entrenamiento como el Serious Play para mejorar la capacidad de los trabajadores de empresas o de negocios y para ayudar a relacionar lo corporal con los pensamientos.

Cuando se lleva a la práctica cualquier razonamiento o aprendizaje, el contacto con lo objetal produce información sensorial táctil y un reconocimiento más complejo llamado "estereognosia" que consiste en reconocer un objeto solo a través del tacto. De este modo mejora el rendimiento de nuestro estudio, sea tanto un aprendizaje práctico como teórico.

Pero la información somatosensorial no es solo tocar sino que también es cómo se siente nuestro cuerpo en su ubicación en el espacio o en el movimiento. Esta información es la propiocepción consciente, que consiste en ubicar nuestro cuerpo aun cuando tengamos los ojos cerrados. Hay además mecanismos inconscientes, reconocidos por el cerebelo, que permiten ubicar al cuerpo sin saber qué se está produciendo. Esta información sirve para el aprendizaje cognitivo corporal visuomotor inconsciente en la infancia.

Existe una clara relación entre cuerpo, cognición y emoción. Por ejemplo, la reacción a los estímulos probablemente será más favorable en un ambiente limpio y perfumado, así como también podría empeorar nuestra emoción en situaciones corporales incómodas (muchas veces no reconocidas). Asimismo, Gün Semin, de la Universidad de Utrecht, planteó que el pensamiento del tiempo tiene una ubicación espacial: el pasado corresponde a nuestra izquierda y el futuro a la derecha.

Cuando recordamos experiencias corporales pasadas se encienden neuronas que han trabajado para poder experimentar la sensación anterior (algo parecido a las neuronas en espejo, pero del pasado). Cuando aprendemos una acción motora, y después la pensamos, se encienden las mismas neuronas premotoras corticales que habían aprendido el movimiento. Cuando sentimos miedo, el sistema emocional (amígdala) conecta la expresión facial generando expresión de terror. Si se inhiben ciertos movimientos faciales que expresan emociones, las personas evaluadas con test sienten menos angustia al observar situaciones dolorosas debido a la incomunicación del sistema motor con el emocional de la persona.

Quizá sea hora de volver a pensar que nuestra dualidad no es mente/cerebro sino mente/cerebro-cuerpo, dado que el cerebro trabaja en un todo con nuestro organismo.

Nace así el concepto de cognición corporizada, que estudia el impacto del cuerpo en nuestra mente, una función clave pero hasta ahora poco investigada.

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