Debido a la continua incertidumbre económica a inicios del 2020, derivada de la crisis de la pandemia del coronavirus, la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed, por sus siglas en inglés) anunció en junio pasado un conjunto de medidas para garantizar que los  bancos mantengan un alto nivel de requisito de capitales, a fin de poder cubrir pérdidas potenciales. Finalmente, la entidad informó que se levantarán estas restricciones después del 30 de junio del corriente.

Las medidas impulsadas por la Fed se centraron principalmente en limitar la recompra de acciones y el pago de dividendos, dos vías que tienen las empresas para la redistribución con el accionista. En el primero de estos instrumentos, la empresa reduce el número de  acciones en circulación y, en consecuencia, aumentan tanto la demanda de acciones como su precio. El pago de dividendos representa la proporción de ganancias o beneficios  que una compañía distribuye a sus accionistas y, junto a la valorización de la acción de la
empresa, conforma el retorno total que recibe por la inversión.

Para ponernos en contexto, durante el segundo semestre de 2020 y el primero del 2021 aquellos bancos con más de USD 100 mil millones en activos totales, tuvieron prohibido realizar recompras de acciones. Adicionalmente, los pagos de dividendos estuvieron limitados y vinculados a una fórmula basada en los ingresos recientes: el pago de dividendos no podía ser superior al del anterior trimestre y no podía exceder lo que el banco ha obtenido en promedio trimestralmente durante los últimos cuatro trimestres.

Ahora bien, ¿cómo repercutieron estas restricciones? Analizando los seis bancos más importantes de Estados Unidos (Citigroup, Bank of America, JP Morgan, Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley) se observa que el impacto de las restricciones fue una caída promedio en la recompra de acciones del 73% anual en el 2020, lo que frenó la  tendencia alcista año a año de esta operación (crecimiento del 24% anual en 2018 y 42% anual en 2017). Respecto al pago de dividendos, la mayoría de los grandes bancos continuaron con su política de pagos, ya que la restricción no les afectó. De los seis bancos considerados, solo Wells Fargo debió disminuir el pago de los mismos a partir de agosto del 2020.

Las medidas surgieron luego de llevar a cabo dos pruebas de estrés para probar la capacidad de recuperación de los grandes bancos. Estas pruebas evalúan la capacidad de los bancos de afrontar pérdidas en escenarios hipotéticos durante los próximos trimestres, dado los niveles de capitales que cuentan. Si bien los resultados reflejaron que todos los grandes bancos estaban suficientemente capitalizados, a la luz de la incertidumbre económica de ese momento igualmente se decidió llevar a cabo diferentes medidas
restrictivas.

Finalmente, la Fed anunció que las restricciones temporales finalizarán para la mayoría de  los bancos después del 30 de junio, una vez realizada la nueva prueba de estrés en cada banco. Las empresas con niveles de capital superiores a los exigidos ya no estarán sujetas a las restricciones adicionales, mientras que las empresas con niveles de capital por debajo seguirán supeditado a las restricciones por tres meses adicionales.

La noticia del fin de las restricciones fue interpretada positivamente en el mercado y las acciones de los bancos en cuestión subieron en Estados Unidos. A futuro, entendemos  que estas entidades no tendrían problemas para superar las pruebas de estrés de mitad de año, siendo que en su mayoría pudieron mantener el pago de dividendos aún con la crisis de la pandemia y, desde el punto de vista patrimonial, se mantuvieron sólidos. 

Por último, es importante mencionar que, si los bancos podrían volver a recomprar acciones con un nivel similar al 2019 -donde representó 10,9% de la capitalización del mercado- sería un impulso favorable a las valuaciones de los bancos, ya que implicaría una mayor retribución a los accionistas y, por ende, un mayor precio en las acciones.

Jefe de Research de invertirOnline*