En nuestra querida Argentina estamos diariamente escuchando un relato similar, donde el traje del "padre de la luz" o "el padre de la oscuridad" se va cambiando y muta según quién es el interlocutor que opina sobre la realidad. Una especie de maratón de correcaminos y coyote que propone al votante siempre la misma opción.

Existe, sin embargo, una explicación para este desafiante dilema nacional. Nunca reconocemos que nuestro país tiene las raíces divididas. Que hay una importante diferencia de idiosincrasias internas en las cuales la normalización o el pensamiento único terminan por desintegrarlas.

Son muchos los años en los cuales las divergencias entre los distintos territorios y poblaciones de nuestro país tienen disfunciones y problemas particulares y totalmente diferentes. Un claro ejemplo de esto es al hacernos una pregunta sencilla: ¿qué resultaría beneficioso para la industria nacional?

Aquello que es bueno para una industria puede ser nocivo para otra, aquella promoción industrial para la provincia A puede producir complicaciones para la provincia B, pero en este sentido algo tiene que cambiar.

Las demandas de los ciudadanos

Las proyecciones de personas que están disconformes con la gestión pública nacional y provincial en nuestro país son históricamente altas. Los problemas son cada vez más complejos y los equilibrios para que la clase dirigente tome decisiones que no sean de política agonal es ilusorio. Hay un desconcierto sobre el futuro de varios temas en Argentina. Inflación, tipo de cambio, corrupción, seguridad, funcionamiento de la Justicia. Pero el desafío no es solo local

Un ejemplo claro de este fenómeno que contrapone a la dirigencia con los ciudadanos es la actualidad de las relaciones internacionales a nivel mundial. La política se está llevando a cabo a través de las retoricas personales entre dirigentes, por motivos ideológicos y sin una agenda estratégica. Tal o cual decide la suerte de millones. El modelo del Partido Comunista chino parece ser la nueva escuela de las relaciones internacionales. Los actores internos de los países tienen cada vez menos que ver en estas decisiones.

La ideología supuesta se construye desde particulares formas de ver el mundo y la vida que no son del todo claras ni están desarrolladas en una construcción política y social que lleva adelante un proyecto de vida.

Tanto a nivel interno como internacional, las construcciones políticas requieren que se pueda establecer un objetivo social que supere las consideraciones personales y los proyectos de vida individuales. Es por esto que las estructuras del Estado y su administración deben tener independencia y sustentabilidad propias. Una república se basa en esos principios y, especialmente, en la interdependencia con independencia de poderes.

Biden y el escenario internacional

A la luz del 2020, en todo el mundo se espera un 2021 lleno de nuevos desafíos que amplian la necesidad de tener una consistente clase política, apoyada por una estructura administrativa del Estado, de las entidades de la sociedad que encuentran agremiados a trabajadores, empresarios, líderes sociales, medios de comunicación y a la comunidad organizada.

Las entidades supranacionales y los procesos de integración están viviendo una crisis inesperada, y la presidencia de Biden trae mayores desafíos al escenario internacional, ya que hay que esperar los nuevos reposicionamientos de la política exterior del Departamento de Estado.

La carrera espacial de la Guerra Fría se asemeja a la de las distintas vacunas contra el coronavirus, donde Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, China y algunos otros países compiten por el mercado mundial de la cura.

Aunque no lo creamos por nosotros mismos, Argentina es un país importante en el concierto de las naciones y especialmente en América del Sur. Si no somos capaces como país de poder estructurar estos canales de comunicación y de consensos sociales en términos prácticos para resolver las necesidades que un 50% de la población en situación de pobreza nos demanda, el país se encamina a peores horizontes.

Continuar en una contienda sin final abona la teoría del maniqueísmo. Y en el país, como dice esa canción de rock nacional, "el bien y el mal definen por penal".

* Ex subsecretario de Industria y Comercio de la provincia de Buenos Aires. Director general de Moody Brook Consultores