Hace justo un año en “Respirar… y también comer " expresamos la necesidad de que, la “aparente dicotomía entre salud y economía no se resolviera por la eliminación de una de las partes” y afirmábamos también: “La adaptación de las soluciones generales a las especificidades de cada sociedad, se erige así en una de las claves para la resolución exitosa de esta crisis o, al menos, para la mitigación de los daños que inexorablemente provocará."

Es que, así como hay poblaciones expuestas a mayor riesgo en términos epidemiológicos, también existen las que padecen vulnerabilidades extremas ante cualquier trastorno de la vida económica. De allí que, la protección simultánea de todos los segmentos poblacionales amenazados requiera de procesos decisionales multidisciplinarios, pero actuar, del adecuado balance en la intersección entre las ciencias de la salud y las económicas. ”

 El transcurso del tiempo nos dio la razón: jamás las antinomias que enfrenta el ser humano, en el curso de la historia, han podido ser resueltas satisfactoriamente por la apuesta a uno de los polos en cuestión.  Viene al caso, como elemento para el discernimiento, la recomendación dada por el Papa Francisco a sus viejos Compañeros Jesuitas en la última Congregación General, donde refiriéndose a su misión, expresó: “Este esquema mental de unir tensiones , la salvación y perfección propia y la salvación y perfección del prójimo, desde el ámbito superior de la Gracia, es propio de la Compañía ”.

Lamentablemente, las decisiones tomadas desde el inicio de la pandemia por parte del Poder Ejecutivo tuvieron mucho más que ver con la elección de uno de los extremos, de la aparente contradicción, que con “unir tensiones”.

Los errores de "tipo uno" que no se deben repetir

El Gobierno enfrentó la crisis sanitaria con una única estrategia: Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), suponiendo que de esa manera evitaría los peores rasgos de la pandemia.  El DNU 297 del 19/03/2020 estableció el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) . En su artículo segundo expresa: “durante su vigencia… las personas deberán permanecer en sus residencias habituales o en la residencia en que se encuentren a las 00:00 horas del día 20 de marzo de 2020, momento de inicio de la medida dispuesta. Deberán abstenerse de concurrir a sus lugares de trabajo y no podrán desplazarse por rutas, vías y espacios públicos, todo ello con el fin de prevenir la circulación y el contagio del virus COVID-19 y la consecuencia afectación a la salud pública y los demás derechos subjetivos derivados, tales como la vida y la integridad física de las personas ”. Luego , en el sexto lista las excepciones: “… las personas afectadas a las actividades y servicios declarados esenciales en la emergencia, según se detalla a continuación, y sus desplazamientos deberán limitarse al estricto cumplimiento de esas actividades y servicios:…”.

Para que fuera exitoso, recluyó en sus casas a una porción exagerada de la fuerza productiva, infringiéndole un daño muy profundo a la economía. Mas allá de los avances de la tecnología, el trabajador sigue siendo la pieza clave en el esquema productivo, y su ausencia obligada del puesto de trabajo determinó como resultado la recesión.

 

 

 Los errores de “tipo dos” que tampoco se pueden repetir

El Poder Ejecutivo, bajo una aparente vocación dialoguista, convocó a “ciertos” expertos para que lo asesoraran, pero desconoció que el impacto de la pandemia era generalizado y sistémico al interior de la comunidad. Pero también se podría afirmar que, por razones ideológicas la interacción con el “Sector Privado” estuvo teñida de una desconfianza tal, que impidió aprovechar aquellas sapiencias que hubiesen evitado importantes pérdidas (familiares o empresariales) patrimoniales.

Ello es así, ya que en su transcurso innumerables agentes económicos debieron tomar decisiones sobre sus planteles y operaciones sin un “norte que los guiara”. Buena parte del empresariado sabe, por haberlo experimentado, que para salir fortalecidos de una situación singular deben continuar (incluso con la “piedra de Sísifo del quebranto latente) invirtiendo para mejorar su posición relativa.

 Al negar un Plan Económico, el oficialismo “clausuró” la posibilidad de orientar la toma de decisiones y, en consecuencia, potenció el riesgo productivo. De modo que, el resultado está a la vista: una crisis en lo sanitario y un agravamiento de la “Supercrisis” que ya transitábamos.

Ahora, ¿medidas de fondo o paliativas?

El Gobierno se enfrenta a semanas decisivas y ver si hace lo que hay que hacer, que entre otras cuestiones demanda:

  • La búsqueda del Superávit Fiscal Primario que se obtendrá que se obtendrá, entre otros elementos, a partir de: un sistema de Derechos de Exportación complementados con una nueva ley de arrendamiento, en la pampa húmeda, que grave solo la renta extraordinaria de la tierra y no la producción.
  • concretar un robusto saldo positivo de la Balanza Comercial,
  • un acuerdo asequible con el Fondo Monetario Internacional y finalmente,
  • un pacto de precios, salarios, tasa de interés y tarifas que aliente la rentabilidad empresarial y mejore el ingreso familiar.

O transita con medidas paliativas hacia el ocaso, donde una de sus “estaciones mediatas” serán las próximas elecciones generales de medio término.

El “unir tensiones”, recomendación de Su Santidad, implica abordar integralmente los desafíos (sanitarios y económicos generados por el “Covid 19” y sus mutaciones), antes que la imposición de la realidad defina una dirección autónoma de la voluntad política de los gobernantes.          

En este marco, sólo la primera opción garantiza un abordaje (de corto y mediano plazo del vector macroeconómico) que permita sentar las bases fundacionales de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción, imprescindible para la continuidad de nuestra Patria y su Pueblo como tal.

 

Autores:  Lic. Guillermo Moreno,  Lic. Pablo Challú y Lic. Walter Romero

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