En el siglo XIII el Papa Gregorio IX afirmó que los gatos eran una representación diabólica dada la característica de esta animal bastante desobediente, inadecuado para la sociedad feudal, dominada por el absolutismo religioso en la cual se desarrollaba la Edad Media. Este Papa promulgó en el año 1223 la bula “Vox in Rama”, que describe a las brujas relacionadas con el diablo, disfrazado este de gato negro, superstición que dura hasta hoy.

Esta situación generó la ejecución masiva de gatos en esos tiempos. El problema es que el gato comía los ratones y estos últimos albergaban las pulgas que trasmitían la bacteria de la peste (Yersinia pestis). Un siglo después, millones de personas morirían por la mayor epidemia de peste del mundo, que diezmó Europa, exterminando a un tercio de la población.

Algo parecido sucedió en la última gran pandemia de peste sucedida en Londres en el 1665, que mató a un cuarto de la población de esa ciudad, acompañada también a partir de tomas de decisiones incorrectas.

No se conocían los medios de transmisión de esta enfermedad y, pensando que podrían estar vinculados a otros animales, la Corporación de la City ordenó una matanza selectiva de perros y gatos. Esta decisión pudo haber afectado la duración de la epidemia, ya que esos animales ayudaban o a controlar la población de ratas que portaban las pulgas transmisoras de la enfermedad.

Epidemias y decisiones complejas

Plantee en otro artículo que en cuestiones de epidemiológica deben tomarse decisiones complejas, que parten de la capacidad predictiva de las personas. Es así en la resolución de cada problema: para un matemático, una fórmula; para un guía, un camino; o para un médico, un diagnóstico; el cerebro genera una minimización de la predicción para desarrollar correctamente todas sus percepciones y acciones. Trabajan imbricados el pensamiento y la múltiple información sensorial que recibe la cognición.

El pensamiento y la percepción del mundo permiten generar un proceso que minimiza los errores, aunque con cierto límite, cuando las múltiples actividades son excesivas o se realizan con poco tiempo.

La neurociencia predictiva plantea que el cerebro trabaja como un tamiz depurador de la información de los sentidos, llevando al mínimo los errores de la información del mundo exterior. Utiliza la mente una especie de funcionalidad matemática que produce una integración Bayesiana, que permite darle mayor valor a las variables más certeras, para que su grado de influencia en el resultado sea mayor. El teorema de Bayes de probabilidad que incorpora criterios aprendidos, evalúa entonces la mayor cantidad de información para predecir un resultado.

Sin embargo el razonamiento lógico es mucho más efectivo en decisiones cotidianas de mediana complejidad que en las de complejidad extrema. En estas últimas, sería más efectivo dejar mayor rienda a lo instintivo, según muchos estudios de investigación.

Aparentemente el sistema de integración intuitivo cerebral trabaja con el sistema racional y permite decidir diferentes posibilidades más asertivas. Una especie de ojo clínico que en decisiones muy complejas con miles de variables donde la experiencia y el talento cuenta tanto como el conocimiento a la hora de tomar decisiones en forma correcta.

A esa intuición debe agregarse la capacidad de los epidemiólogos que manejen información en forma multidisciplinaria.

George Gao, director general del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), consultado en una entrevista con la revista Science acerca de qué errores estaban cometiendo otros países, precisó: “El gran error en los Estados Unidos y Europa, en mi opinión, es que las personas no usan máscaras. Este virus se transmite por gotitas y contacto cercano.

Las gotas juegan un papel muy importante: tienes que usar una máscara, porque cuando hablas, siempre salen gotas de tu boca. Muchas personas tienen infecciones asintomáticas o pre sintomáticas. Si usan máscaras faciales, puede evitar que las gotas que transportan el virus escapen e infecten a otros”.

La OMS hasta mediados del mes de abril desaconsejó el uso de barbijo casero y de testeos de asintomáticos. A los que luego se confirmaron que existen en cantidad y contagian. Lo cual se podrían haber detectado a partir de contactos cercanos y aislados. Y por supuesto el uso obligatorio de barbijo que podría haber modificado el resultado, especialmente en los lugares que se desbordó el sistema.

Negarse a usar una máscara facial durante la pandemia del covid-19 debería ser tan socialmente inaceptable como conducir ebrio o conducir sin usar el cinturón de seguridad planteó el presidente de la Royal Society de Reino Unido, Venki Ramakrishnan.

Algunos médicos sugieren que se considere el uso cotidiano de otra capa de equipo de protección personal: “los protectores faciales de plástico transparente”. Se ha propuesto actualmente el uso de protectores faciales en lugares de riesgo, dado que son reutilizables , esterilizables y protegen no solo al otro sino al que los usa. Además de generar comodidad en las personas en cuanto su respiración y poder verse la cara”. Incluso protege al que lo usa no sólo a los otros, especialmente en, hospitales, lugares cerrados y trasporte público.

Eli Perencevich especializado en el tratamiento de enfermedades infecciosas en la Universidad de Iowa y en el Sistema de Atención de Salud de los Veteranos de Iowa City en un artículo de opinión publicado en la revista JAMA, sostiene que los protectores faciales de plástico transparente podrían ayudar a reducir la transmisión de infecciones cuando se agregan a otras medidas de salud pública como el aumento de las pruebas, el rastreo de contactos, el distanciamiento y la higiene de las manos.

Toda resolución genera incertidumbre, pues nunca tendremos el total de información de variables que condicionan un evento. Además, muchas veces, se deben tomar conductas rápidamente y no habrá certezas absolutas de la posible asertividad de éstas.

Las decisiones pueden tener dos sesgos importantes, en la “resolución de problemas”, El “sesgo de confirmación”, con el que valoramos como más certero a lo que se adecua a nuestro pensamiento previo (sistema de creencias), y la “ley de pequeños números” cuando sacamos en forma apresurada e inductiva conclusiones generales, con muy pocos datos; todos defectos muy comunes por cierto. La creencia occidental sobre la importancia del barbijo, ya experimentada por los países orientales tardó en aceptarse en nuestra región.

En junio el Instituto de Medición y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington dijo que si el 95% de los estadounidenses usaran máscaras faciales en público, podría prevenir 33.000 muertes antes del 1 de octubre en ese país tan afectado.

*Neurólogo Cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. Titular UBA. Conicet


 

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Ignacio Brusco

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