El 2020 fue uno de los años más atípicos que toco vivir al mundo y a nuestro país. Las negociaciones paritarias no estuvieron exentas de la excepcionalidad, ya que las condiciones y el mercado de trabajo cambiaron abruptamente.

Por un lado la adaptación al teletrabajo, nuevas formas y protocolos laborales que obligaron a revisar consensos y marcos regulatorios y hasta en algunos casos significo la pérdida de derechos circunstancial para los trabajadores.

Por otro, la demanda de trabajo se vio afectada por la obligatoriedad de aislamiento en algunos sectores y la caída del consumo que significo el cierre parcial y/o total de numerosas actividades económicas.

En este contexto, y con una crisis de arrastre que significó dos años consecutivos de caída en la actividad económica durante la presidencia de Mauricio Macri, el Gobierno impulsó la prohibición de despidos, IFE, ATP, refuerzo de AUH y tarjeta Alimentar como medidas de contención.

Para 2020, si bien se logró contener la retracción del ingreso de los empleados formales medida por el RIPTE (Remuneración Promedio de los Trabajadores Estables) se profundizó la heterogeneidad del mercado laboral: el sector registrado experimentó una pérdida de 215 mil puestos de trabajo y en el no registrado 708 mil entre diciembre de 2020 y diciembre de 2021. También prevaleció la heterogeneidad en las negociaciones paritarias, relacionada a las tensiones de cada sector de actividad con el impacto de la pandemia.

Incluso hay casos donde pactaron reducciones de beneficios y congelamientos salariales. Algunos ejemplos:

Empleados de comercio: un universo de 1,2 millones de trabajadores, fue uno de los sectores más afectados (especialmente el comercio no esencial), tuvo un incremento total del 35% en 2020, más de un punto por debajo de la inflación anual. Además, los aumentos recién se vieron por el mes de octubre y mientras tanto se fueron negociando sumas y bonos no remunerativos.

Sanidad: el sector más expuesto y sobrecargado durante el año pasado que incluye a 700.000 trabajadores. Recién concluyeron la negociación paritaria en abril 2021 y recibieron un incremento total del 36,7% que logró empatar con la inflación del 2020. La emergencia de la pandemia suspendió las negociaciones hasta mediado de año y se fueron negociando bonos no remunerativos de $ 5000 que luego ascendieron a $ 7000. Recién en marzo percibieron un incremento del 22% y en abril llegaron al total del 36,7%. Luego de la recomposición salarial, el sueldo básico de los trabajadores de sanidad, se encuentra entre $ 45.000 y $ 75.000.

Empleados estatales: consiguieron durante el año 2020 un aumento total del 25%, en cuatro tramos y similarmente los profesores de universidades publicas obtuvieron un 25,23%

Aeroportuarios: enormemente afectados por la restricción de la movilidad y la caída del turismo, apenas lograron negociar un 25% a partir de enero 2021. En 2020 tuvieron los salarios congelados.

Negociación 2021: reactivación y pandemia

 

Si bien las negociaciones paritarias técnicamente son libres y pertenecen al ámbito de las relaciones laborales privadas, en la práctica el Estado es un actor influyente y preponderante en la distribución del excedente entre trabajadores y empleadores que supera al rol de arbitraje. Además, la autoridad económica suele tener en la mira el devenir de las negociaciones salariales por el impacto en término macroeconómico y especialmente sobre la inflación. Asimismo, no puede omitirse el rol del Sector Público en todos sus niveles (Nacional, Provincial y Municipal) dónde el Estado constituye la parte empleadora.

La pauta inflacionaria del 29% anunciada para el 2021, ya está quedando desdibujada frente al 17,6% del primer cuatrimestre. Las paritarias que se estuvieron negociando con esta proyección y de no mediar una reapertura de las ya cerradas y una actualización de las demandas y ofertas en el caso de las que están abiertas, nuevamente sucederá una caída en los salarios reales. Como se muestra en el gráfico, las remuneraciones promedio en el primer trimestre de 2021 cayeron en términos reales casi el 4% respecto del promedio de 2020.

En terapia

Resulta relevante el diagnostico sobre las causas de la inflación actual, lo que no tiene relación con la puja capital – trabajo. La suba sostenida de las materias primas de exportación si bien representa una excelente noticia en una economía estructuralmente afectada por la restricción externa y coyunturalmente por la necesidad de renegociar la deuda, pero también constituye un elemento de aceleración de los precios internos.

El tenue proceso de reactivación económica en un contexto de inestabilidad cambiaria propicia la recomposición de márgenes empresarios por sectores concentrados y la puja intra-capital. Hay que buscar entre estos elementos, y no entre los salarios de los trabajadores los impulsos de la inflación actual. Para coordinar y consolidad el proceso de la reactivación es necesario sostener los niveles de actividad, desacelerar los elementos que impulsan los precios al alza y acelerar el proceso de recuperación del salario.

En plena segunda ola de covid-19 los Gobiernos Nacional y Locales, se enfrentan al doble desafío de disminuir la circulación sin poner en riesgo los niveles de actividad.

El debate y la presión opositora y una parte importante de la opinión pública en torno a la presencialidad escolar dejan de manifiesto las dificultades. Pero también, la importancia de transmitir correctamente los alcances, decisiones y motivaciones del Gobierno respecto de la pandemia y la economía.

El 2020 dejó un saldo de 9,9% de caída en el producto y con un 75% de la demanda agregada explicada por el consumo, es imposible considerar seriamente un horizonte de crecimiento sin el impulso de la recuperación salarial. Argentina es y seguirá siendo por un buen tiempo, una economía fundamentalmente mercado internista.

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