Antonella Gervagi y Ana Laura Jaruf *

El sector automotor arrastra problemas estructurales que es necesario poner sobre la mesa para poder pensar en un fortalecimiento hacia adelante, ya que actualmente entre un 40% y un 70% de los insumos es importado. Esto se traduce en un déficit comercial de más de USD6.000 millones, lo que implica que una mayor venta de automóviles deriva en una sangría de divisas, generando más presión en el frente cambiario.

Con esto en mente, el Gobierno está trabajando junto con los actores relevantes del sector automotor en medidas que favorezcan la fabricación de autos en Argentina. Esto se lograría a través de la sustitución de importaciones de autopartes; es decir, se busca una mayor nacionalización de la producción, una nueva ley para la industria, la corrección de impuestos distorsivos y más acuerdos comerciales con el fin de lograr un aumento de las exportaciones, a la vez que una mayor diversificación de la demanda externa.

La relevancia del sector no es menor, ya que es el tercer complejo exportador más importante de nuestro país: a datos del 2019, ocupaba el 10,9% del total, detrás del sector oleaginoso (29%) y del cerealero (15,5%). Además, el complejo productivo automotor-autopartista forma una de las más significativas cadenas globales de valor, lo que obliga a analizar esta actividad en un marco de integración mundial y regional.

Estudiando el sector, se observa que en los últimos años hubo un empeoramiento de los indicadores relevantes. Desde un mínimo en la post convertibilidad y crisis del 2002 (una producción 159.000 unidades para ese año), la producción del sector creció continuamente hasta 2008, año de la crisis financiera internacional. Luego de ese estancamiento, en 2011 se llegó a la producción récord de 829.000 vehículos. Sin embargo, a partir de ahí, la producción se contrajo sistemáticamente, hasta alcanzar 314.000 automotores en 2019, un 62% menos que el récord.

Mercado interno y competitividad

Los últimos datos de 2019 indicaron caídas interanuales en la producción del orden de un 32,5%; de 16,7% en las exportaciones y de 42,7% en los patentamientos. Dicha contracción es explicada por el deterioro del poder de compra del mercado interno y por el mal desempeño económico de Brasil, principal comprador de nuestras exportaciones. Desde el plano fiscal, debemos mencionar las retenciones a las exportaciones impuestas al sector en 2018, ($3 por un dólar exportado) y la reducción de reintegros a la exportación intrazona (de 6,5% a 2%).

Este devenir económico sectorial nos revela que, a pesar de la importancia estratégica, aún no hay una contención estructural tendiente a morigerar las caídas y apuntalar el crecimiento del sector.

En este marco, consideramos que es imperiosa la necesidad de mejorar su competitividad en miras de generar la autosustentabilidad. En el frente cambiario, los vehículos importados y los nacionales -con gran parte de sus componentes importados- generan que el sector sea deficitario en dólares. En este sentido, la AFAC, asociación que representa a los fabricantes de partes y componentes automotrices, informó que el déficit estructural de la balanza comercial de autopartes en los últimos diez años promedió los USD6.715 millones.

Asimismo, datos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios revelaron que alrededor del 40% de los costos del sector corresponde a insumos importados, lo que explica la reciente medida del BCRA en un contexto de tensión cambiaria que determinó que todas las importaciones que superen los USD50.000 deberán ser previamente aprobadas con anticipación por dicha institución. Esta situación pone en evidencia la fuerte dependencia de partes y piezas importadas por parte del sistema productivo local, que no ha logrado avanzar en una mayor sustitución de importaciones.

Autos eléctricos: un salto tecnológico

Pero no todo se soluciona revirtiendo el déficit cambiario. Otro de los puntos a resolver es impositivo: es importante aliviar la carga tributaria de los tres niveles de gobierno, ya que más del 50% del precio final de un auto corresponde a pago de impuestos, mientras que en Brasil esa carga ronda el 30%.

Por último, resulta pertinente fomentar la complementariedad con Brasil buscando un mayor balance entre las partes. Brasil se lleva más del 60% de las ventas argentinas al exterior y nuestro país es el principal destino de sus exportaciones. De esta forma, un equilibrio permitiría la sustentabilidad para ambos países. Sin embargo, deben impulsarse más acuerdos comerciales extrazona, de manera de apuntalar las ventas al exterior y diversificar la demanda.

Por todo lo expuesto aquí, consideramos que es un gran avance que se incorporen en la agenda nacional los problemas estructurales de la industria automotriz y se trabaje en un acuerdo público privado para sortear las dificultades del sector y lograr un crecimiento sostenido, que mejore el ingreso neto de dólares al país. Además, conociendo la necesidad de creación de puestos de trabajo que tiene hoy nuestra economía, un sector como este no debe ser despreciado, debido al empleo directo e indirecto que genera (fábricas, autopartes, concesionarias, servicios posventa, neumáticos, accesorios, etcétera).

Pensando la industria automotriz hacia adelante, no podemos perder de vista que la tendencia global es hacia la electrificación y Argentina no puede quedarse atrás de este cambio tecnológico.

*Economistas de Paridad en la Macro

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