Existen condiciones para pensar en una próxima cesación de pagos de la Argentina con el FMI. El país no puede hacer frente a los compromisos del presente año y siguientes. No hay ingresos de divisas que permitan pensar en resolver los vencimientos con el Fondo, de unos 40.000 millones de dólares en estos dos próximos años, sin perjuicio de atender otros vencimientos de la deuda pública externa. Por eso, la hipótesis originaria del gobierno se orientaba a la negociación, para postergar pagos.

La posibilidad sugería postergar pagos, transformando el actual préstamo otorgado en 2018, por otro de “facilidades extendidas”, a 10 años, con cuatro de gracia. Así, se habilitaba un alivio en las cancelaciones hasta mediados de la próxima gestión presidencial (2023-2027).

Las negociaciones continuaran, aparentemente hasta avanzado el presente año y el país podría dejar de pagar mientras negocia, tal como ocurrió hasta ahora. En el primer trimestre del 2022 vencen unos 4.500 millones, entre intereses y cuotas de capital, que, si no se cancelan, tanto como otros vencimientos más allá de los exigidos con el FMI, existen plazos legales para continuar sin caer en “default”, por lo menos hasta septiembre 2022.

"La cesación de pagos le genera problemas al FMI, ya que saldrán a la luz consideraciones sobre la responsabilidad en el otorgamiento de un préstamo muy discutible"

Desde el gobierno se dan señales responsabilizando por el no acuerdo al FMI, por la intransigencia en las pautas de equilibrio fiscal exigidas. El organismo pretende acelerar el ajuste y el propio presidente señala que la palabra ajuste no integra el vocabulario gubernamental. Más allá de las diatribas discursivas, lo que importan son los hechos. Argentina no puede prolongar la estrategia de “pagar y negociar” por ausencia de fondos suficientes, lo que acerca el horizonte de la cesación de pagos.

A partir de ello se imaginan futuros difíciles de precisar en el presente, que incluyen destinos apocalípticos para el país hasta subestimaciones absolutas de impactos económicos, sociales so políticos. En rigor, ni uno ni otro y quizá convenga analizar situaciones complejas en diversos sentidos.

Por un lado, la cesación de pagos le genera problemas al FMI, ya que saldrán a la luz consideraciones sobre la responsabilidad en el otorgamiento de un préstamo muy discutible, técnica y políticamente.

Además, podría generar simpatías de otros países deudores con problemas ante la coyuntura económica imprevisible del sistema mundial. El horizonte de problemas financieros en la economía mundial se viene arrastrando desde el 2007-09 y, por ende, un episodio de default en el principal deudor del FMI, no debería subestimarse.

En otro orden de cuestiones, la decisión del default, acompañada de consensos sociales amplios, tal como demanda la campaña por la suspensión de los pagos de la deuda y una auditoria con participación social, puede generar impactos políticos no desdeñables en tiempos en que ya se discute un próximo turno de gobierno constitucional.


Doctor en Ciencias Sociales de la UBA y Profesor Titular de Economía Política de la UNR.