Con sumo cuidado para no pisar los brotes que quedaron de su paso por el Gobierno en formato Cambiemos, la principal fuerza opositora marcha a paso vivo entre diferentes sectores gremiales. Lo hacen pensando y activando estrategias en 4 palabras claves de la política: “tu tiempo es hoy”.

Las referencia sencillas serían una encuesta reciente del ex jefe de Estado Mauricio Macri en Twitter, al compás del pedido de la oposición en el Congreso para el quite de la personería gremial a Camioneros; aquel acto fallido del ex secretario de Trabajo de la Nación Jorge Triaca cuando para referirse a derechos laborales habló de “privilegios”; o el reciente escándalo de “La Gestapo Sindical” en la Provincia de Buenos Aires. Pero no, es más sutil la táctica.

Ninguno de esos trazos públicos describe otra labor, que en tiempos de “paso a paso”, con la ayuda inestimable de todos los errores del Gobierno en materias varias, e incluso fogoneada por la presencia garantizada de arietes y alfiles de Juntos por el Cambio en la mayoría de los medios de comunicación, realizan para persuadir a sindicalistas.

La tarea emprendida abarca sobre a todo a organizaciones gremiales, que en virtud de cierto verticalismo de cuestionable paladar, se tomaron fotos y compartieron tertulias con funcionarios de diversa escala entre 2016 y 2019. Incluye el exceso de confianza de sindicalistas industriales y del sector de energía, cuando en los primeros meses de Triaca en la cartera laboral minimizaban problemas. Se jactaban por entonces en que “a Jorgito lo conocemos de pibe”.

El tiempo les certificó ése y otros errores

La estrategia de la oposición abarca incluso a gremios que sobreviven al conflicto permanente e interno de sus cúpulas, léase que “a río revuelto”.

Senderos semicirculares

Dos tendencias de Juntos por el Cambio se perfilan frente al movimiento obrero: la línea de Horacio Rodríguez Larreta, más proclive a tonos de diálogo y negociación, frente a la línea más revulsiva de Patricia Bullrich, donde mocionar el quite de personerías gremiales se estima casi como debilidad.

Dentro de su pulseada para definir los nombres y apellidos que encabezarán su oferta en las elecciones 2023, articulan ya el terreno, mejor dicho lo abonan y riegan con el mismo tesón que dedica en su quehacer un sector del campo, agricultores y ganaderos tan afines a la oposición como reticentes del Frente de Todos.

Y entonces el “sentarse a tomar un café” con sindicalistas, a veces en velado modo focus group, incluye la ventaja apreciable de una buena relación previa, pero sobremanera de que varios gremios no mensuran buenos vientos para las urnas 2023, y no sólo por “antipatía K”, sino en rigor de datos como la inflación, los cambios que aceleró la pandemia y más.

El sector donde se adhiere al actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires considera que incluso es evitable “chocar de frente para discutir y modificar Convenios Colectivos de Trabajo (CCT)” y viable en cambio el “negociar algunos puntos en rigor de buena voluntad de las partes”.

Confían así en lazos no tan ocultos con organizaciones y referentes gremiales que vienen de años. Mientras que en las huestes de la ex ministra de la Alianza consideran que la “tolerancia cero” es el camino para definir la reforma laboral que creen imprescindible y no pudieron concretar en el poder. Y ni siquiera consideran relevante la eterna división de la CGT y el Movimiento Obrero.

Lo que vendría

Mientras tanto en la esfera sindical hay voces que toman estos datos y alertan a quien quiera escuchar y considerar. Una de ellas es Omar Plaini (Canillitas, Fresimona, legislador bonaerense) quien pregona: “la CGT debe ser garantía para la continuidad del oficialismo, porque si perdemos, sabemos lo que se viene”.

El agregado vital para toda construcción/deconstrucción de cara a 2023 radica en la propia interna del Frente de Todos. De los capítulos de debates y quejas en voz baja, desde enero 2020, antes de la pandemia, hubo funcionarios que lejos de grabadores y cámaras no ocultaban su asombro porque en terceras y cuartas líneas de elencos gubernamentales, incluso en roles clave, hubo quienes habían conservado su lugar siendo parte de la tropa de Cambiemos.

Desde aquel enero a la fecha esa situación no cambió. Apuntan incluso que, sin perjuicio de idoneidad en el desempeño del cargo que fuere, para dar casos testigos la doctora Gabriela Marcello, desde enero de 2019 al presente, está a cargo de la Dirección Nacional de Relaciones y Regulaciones del Trabajo. Por sus manos pasa toda la negociación colectiva en la cartera laboral.

En cuanto a esa continuidad desde el Gobierno apuntan que varios sindicatos, resaltando su capacidad, pidieron que Marcello permaneciera en su cargo. Se asume en modo tácito que no fueron organizaciones pequeñas en el mapa gremial.

Todo un dato a tener en cuenta respecto a los vasos comunicantes entre la oposición y sindicatos.

Siempre en relación al ministerio de Trabajo, apuntan fuentes del peronismo, hay otros casos de supervivencia dentro de la Jefatura de Asesores. También en superficie la actualidad agrega una perla asimilable a lo descripto, si bien la esfera es el ámbito de asociaciones civiles. Es el hecho de que uno de los ministros de la Casa Rosada, Matías Lammens, a cargo de Turismo y Deportes, haya designado a Santiago Fernández Coccimano para un alto cargo el club de sus amores: coordinador general de San Lorenzo.

El nombrado, promisoro cuadro político de Cambiemos, fue director de Comunicación en el Ministerio de Trabajo, luego secretaría al mando de Triaca. Un estamento que apuntó y más, con singular vocación y sin principios republicanos, a los/las periodistas que consideró “del bando enemigo”.

Errores no forzados y egos oficialistas

Algunos trazos, nada más, de un despliegue apreciable en la órbita gremial por parte de la principal fuerza de la oposición. Y corresponde aclarar que en su propia interna y pese a la dinámica de siembra en tierra sindical, Juntos por el Cambio no gravita a la fecha en la dirigencia gremial como sí lo hacen las disputas a cielo abierto del Gobierno sobre “paritarias sí, bono no” o que el freno al Salario Universal tenga potencia hidráulica en diferencias políticas y no en obstáculos económicos.

Lo graficaron con discreción y no sin sorpresa desde los movimientos sociales peronistas, al comentar que poco suma a la paz interna del Frente de Todos que un ministro, Santiago Cafiero, sostenga que los socios de la coalición oficialista que no compartan la marcha del Gobierno deberían dar un paso al costado.

Y acotaremos que tampoco hace a la necesaria cohesión del oficialismo que la cúpula del ala “K” dispare misiles, e invite a hacerlo, contra el actual ministro de Trabajo, Claudio Moroni. Mientras se suceden estas y otras circunstancias, sabido es que en tiempos de crisis los gremios -en la defensa de derechos laborales- muchas veces apuestan a perder por poco. La factura que reciben históricamente, y hoy bandera neoliberal, es la calificación de "casta".

En tanto se sabe que "el tiempo no espera a nadie" el 50% de los trabajadores y trabajadores son informales, la pobreza no tiene frenos e incluso late como aguijón la duda sutil, un mito casi bíblico, de que “entre robustos bueyes no hay cornadas”.

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Luis Autalan

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