De principio a fin, el gobierno se ha caracterizado por cumplir a pie juntillas con sus premisas de empeorar lo que esté mal, sin privarse de generar problemas nuevos.

Lo sucedido en materia de empleo, es uno de los tantos ejemplos en los que las dificultades preexistentes fueron agravadas por la acción gubernamental.

El "mejor equipo de los últimos 50 años" fue instrumentando su seguidilla de iniciativas inconexas y hasta contradictorias (siempre presentadas como "el único camino"), hasta conseguir los rotundos fracasos por los que se lo recordará.

No cabe duda que la idoneidad para lidiar con los problemas no ha sido el fuerte del funcionariado saliente. Pero, en la mayoría de las materias, no sólo se trató de impericia, sino, llanamente, de ni siquiera comprender la naturaleza del campo en cuestión.

Hace poco hemos explicado las falacias implícitas en las últimas estadísticas de desocupación ("¿Hay más empleos?". BAE Negocios, 14/10/19), pero no sabremos si serán solucionadas en lo inmediato, dado que los datos correspondientes al tercer trimestre se conocerán recién en las cercanías de la Navidad.

Y dado que es importante hacer, como parte del balance de la gestión de Cambiemos, una evaluación del cumplimiento de la promesa de "más empleo de calidad", es pertinente apelar a estimaciones basadas en los datos disponibles.

Ya lo dijimos: el gobierno de Cambiemos se caracterizó por decidir mal las respuestas ante las preguntas de "qué hacer" y de "cómo hacerlo", al igual que, frente a incontables problemáticas, ni siquiera pudo responder al interrogante "de qué se trata".

La cuestión del empleo fue una de ellas.

Desnudo y vociferando, por no decir...

Quienes repasen las alocuciones inaugurales del actual oficialismo, encontrarán el absurdo diagnóstico de que había un exceso de un millón y medio de empleados públicos. Para ese entonces, los asalariados del sector gubernamental rondaban los tres millones de personas.

En el caso de la Argentina el empleo público comprende la totalidad del personal de los tres poderes estatales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en todas las tareas y todos los niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal), pero el dato más relevante es que tres de cada cinco de ellos pertenecen a las áreas de educación, salud, seguridad y defensa.

Paradójicamente, el gobierno de Cambiemos, lejos de actuar en consonancia con ese errado diagnóstico, el único tipo de empleo que alentó en modo sistemático fue el que dependía del Estado, ya sea mediante vías directas (y no sólo con los absurdos cargos como los de Directora de Movilidad en Bicicleta o Director Nacional de Infraestructura y Actividad Física) o indirectas.

Las estadísticas basadas en registros administrativos1 indican que, entre noviembre de 2015 y agosto de 2019, se sumaron más de 73.000 Asalariados públicos, pero por el camino de los estímulos fiscales, se adicionaron 138.000 Independientes Monotributo2 y casi 11.000 Independientes monotributo social, categoría que da cuenta de las personas incluidas en planes sociales.

Esta evolución es consistente con el desmanejo de las cuentas públicas, caracterizada por un Déficit Fiscal Total siempre creciente.

En el mismo lapso (de casi cuatro años) examinado, en el ámbito privado perdieron su trabajo más de 211.000 personas: 194.000 Asalariados privados registrados, y otros 17.000 Independientes autónomos. Este comportamiento es el reflejo del proceso de ajuste al que este sector de la economía fuera sometido por las inconsistentes políticas macroeconómicas3 implementadas.

En el gráfico puede observarse la contraposición de las dinámicas entre el segmento estatal y el de las empresas y particulares, así como el crecimiento de monotributistas.

En apariencia, considerando el empleo en el sector público, en el privado y en los hogares particulares, el saldo del empleo registrado por el Ministerio de Producción y Trabajo es ligeramente positivo, con unos 65.000 ocupados más. Pero la realidad es que el incremento de monotributistas inscriptos sólo refleja una mejora en la registración y no la creación de nuevos puestos de trabajo. Si no se considera a esa categoría, el resultado del período es negativo en 73.000.

La promesa de "más empleo de calidad", mutó en la realidad de menos empleo y más desocupación, ya que a la par del proceso de destrucción neta de puestos de trabajo antes descripto, el mercado laboral no pudo absorber en ninguna proporción el crecimiento vegetativo de la Población Económicamente Activa (casi un millón de personas), condenando al desempleo a igual número de oferentes de fuerza de trabajo.

Es por ello que el nuevo gobierno asumirá con una tasa de desocupación en las cercanías del 15%, lo que representa un desafío enorme y urgente.

En este caso: "sí, se podía"

Son indisimulables las consecuencias que las políticas del oficialismo han dejado sobre al entramado productivo (en estado calamitoso), las cuentas públicas y el sector externo (en profundos déficits), y la amenaza de colapso a la que han sumido al conjunto de la economía.

Pese a ello y más allá de la ineludible urgencia de la reparación de daños, la vigorización del mercado de trabajo dista de ser una utopía, en tanto las actuales circunstancias del contexto internacional sean convertidas en ventajas. En términos simples, hay que hacer lo contrario de lo que hizo Cambiemos.

Como hemos señalado en reiteradas oportunidades, la reconfiguración de las relaciones políticas y comerciales entre las naciones marcha al ritmo de la confrontación por los puestos de trabajo, proceso al que el papa Francisco denomina "III Guerra Mundial en cuotas".

Los modelos de desarrollo nacional que resurgen, especialmente los que consolidan las potencias dominantes en términos económicos y/o militares, al tiempo que ponen en valor4 sus propios vectores de competitividad demuelen la institucionalidad dominante durante la globalización.

Esta es la ventana de oportunidad, inexistente pocos años atrás, que la Argentina puede usufructuar para la consolidación de la producción doméstica como hegemónica en el mercado interno y competitiva en los internacionales.

Pocos países en el mundo cuentan con suficiente capacidad de abastecimiento local en materia alimentaria y energética.

Estos son los vectores de competitividad que, puestos en valor, simultáneamente permitirán:

  • la recomposición del poder de compra de los ingresos populares, y
  • el abaratamiento de los costos unitarios de producción, recuperando la rentabilidad empresaria e incentivando la inversión que genere los puestos de trabajo necesarios para ir en la búsqueda del pleno empleo.

¡Que así sea!

1- Reporte de Trabajo Registrado. Ministerio de Producción y Trabajo. Datos a agosto de 2019.
2- A partir de abril de 2016, el Gobierno Nacional decidió que los trabajadores inscriptos como Independientes monotributo podrían acceder al sistema de asignaciones familiares, del que estaban excluidos hasta ese momento, decisión que tuvo un fuerte y sostenido impacto, alentando la registración de posiciones ya existentes, antes desempeñadas en el ámbito informal de la economía.
3- Ninguna posibilidad existía para la ampliación del empleo privado registrado, luego de que el mercado interno quedara exhausto por el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos de las familias determinado por el aumento de los precios de alimentos y servicios públicos. A su vez, la subvaluación del tipo de cambio originada en la conversión a pesos de la cuantiosa deuda que el Estado tomó en dólares, sumado a una irracional exposición de la producción doméstica a sus competidores extranjeros, concurrieron en la asfixia de las empresas locales, con sus consecuentes secuelas de despidos.
4- Esto implica que las empresas nacionales acceden a una estructura de precios domésticos diferenciada de los valores internacionales de los mercados de referencia, que incrementa la competitividad sistémica del aparato productivo.

*MM y Asociados

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