Pocas leyes existen en economía. De hecho, cuando se habla de leyes en nuestra disciplina se suele hablar de leyes tendenciales. Cuando pasa determinado evento, habría una tendencia a que suceda tal otro. No obstante, la ley de demanda con matices de economistas clásicos franceses e ingleses fue enunciada en varias oportunidades. A mayor precio, menor cantidad demandada, una versión simplificada de lo expresado por A. Marshall. Esto fue lo que sobrevivió como ley de demanda en los manuales actuales. 

Con el dólar sucede algo particular, a mayor precio, mayor parece ser la cantidad demandada. Esto tiene raíces profundas. Los bienes Veblen son aquellos que violan la ley de demanda siendo bienes que suelen llamarse de lujo, es decir, bienes que son muy elásticos a cambios en la renta. De esta manera, T. Veblen planteó la hipótesis de que un champagne, un vino, un auto caro puede llevar a que la gente lo deseé adquirir a un precio más alto para alcanzar un estatus social determinado. 

Dudo que en Argentina alguien compre dólares con ese propósito. A medida que avanzó la investigación en este campo hubo experimentos acerca de un efecto bandwagon. Este efecto dice que a medida que más gente compra un bien, más está dispuesto un agente a realizar la compra. La utilidad o felicidad de un agente aumenta cuando uno se siente parte de un fenómeno. Tampoco creo que sea el caso para Argentina, nadie compra dólares porque es cool

La otra violación a la curva de demanda se debe a los conocidos bienes Giffen. En este caso, a diferencia de lo anterior hablamos de bienes inferiores. Es decir, bienes donde cuando aumenta el precio hace tan pobre al consumidor que lo obliga a consumir más de ese bien de escasa calidad. No parece tampoco un bien Giffen el dólar, nadie duda de su escasa calidad. A menos a corto plazo. 

La demanda de dólares no viola ninguna ley de demanda. Como bien señaló Keynes, la demanda de dinero (dólares) tiene características especiales. Por un lado, cuando se demandan dólares se evalúa el costo del acarreo contra el retorno material

El retorno material está dado por la expectativa que siga subiendo el tipo de cambio, algo que es lo más plausible hoy en día con una plaza llena de pesos y la promesa de una emisión constante. El costo del acarreo es bajo, no ocupa tanto lugar ni tiene costos de mantenimiento como otros activos. 

En segundo lugar, la demanda de dólares no rivaliza en términos de factores. Cuando sube el precio del dólar no es necesario destinar más recursos a la producción u oferta de estos, por lo tanto no aumenta el precio de oferta de manera de disuadir al comprador abaratando algún sustituto.

No hay nada mágico en el fenómeno del dólar en Argentina, es un precio sobre el cual se perdió referencia porque no se sabe cuál es el límite del BCRA para emitir pesos y financiar la parte improductiva del gasto público. Esa señal es la que genera la expectativa de que el precio siga subiendo, y a medida que sube más se convalida una profecía autocumplida

Sucede que para reducir la oferta de pesos hace falta reducir el déficit fiscal y eso requiere ‘ajustarse el cinturón’, poner la economía a régimen y subir las tasas de interés. Todas medidas de política económica antipáticas. El problema es que mientras más se demora en empezar el régimen, mayor es el costo que debe pagar la sociedad.